Sábado, 31 de Octubre de 2020

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El cura de Algorta acoge en su casa a 24 personas necesitadas

Javier Garai acoge durante estos días de confinamiento a 24 personas, entre ellas, un grupo de JENAS magrebís, una familia venezolana y dos mujeres víctimas de violencia machista

Javier Garai (en el medio) posa con algunas de las personas en acogida.

Javier Garai (en el medio) posa con algunas de las personas en acogida. / Cadena SER

"Para mi acoger y ayudar a los más necesitados es una opción de vida, tal y como recoge el Evangelio". Dicho y hecho por el párroco de Algorta (Getxo), Javier Garai. Hasta 24 personas está cobijando el sacerdote durante estos días en su domicilio de forma altruista. Todas, además, de procedencias y situaciones muy diferentes: desde un grupo de jóvenes no acompañados del Magreb o una familia venezolana, hasta mujeres víctimas de violencia machista. "Esta es una casa muy buena y con mucho espacio, y me parecía que había que dar este testimonio", explica Garai en declaraciones a Radio Bilbao.

La vivienda de varios pisos ha tenido que amoldarla a sus nuevos inquilinos. Ha transformado varias salas en dormitorios y en una de ellas ha instalado un improvisado gimnasio "con algunas pesas, gomas y cuerdas para que los jóvenes puedan, por lo menos, ejercitarse algo los chavales".

De hecho, la integración en la unidad convivencial es tal que hasta en el oratorio, donde Garai hace sus oraciones, ha habilitado una parte para que las personas musulmanas también puedan practicar sus rezos. "Vi a uno de los jóvenes marroquíes desubicado en el rezo, así que de forma espontánea se me ocurrió orientar una zona del oratorio hacia el Este para que pudiera orar de manera más coherente con su fe".

"Es cierto que yo acojo, pero es mucho más lo que yo recibo"

Javier Garai, párroco de Algorta

En estos días de confinamiento, los acogidos aprovechan el tiempo como pueden. Muchos de ellos cursan formación profesional y están mejorando su castellano. "Cada uno en función de sus posibilidades y con la ayuda de la fmailia venezolana, estoy dándoles clases de castellano", confiesa el sacerdote en los micrófonos de la SER. Además, ha cogido prestados varios ordenadores de la parroquia "para que los estudiantes de FP puedan continuar con sus clases de forma telemática". 

En definitiva, Javier Garai busca que el gesto no se quede exclusivamente en tener un techo, sino en tener un futuro cuando termine la situación de excepcionalidad. "Para mi es una suerte y ha sido un regalo esta convivencia. Es cierto que yo acojo, pero es mucho más lo que yo recibo", sentencia.

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