Jueves, 02 de Diciembre de 2021

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El piano a cuatro manos

Prácticamente todos los compositores de música para piano han dedicado parte de su producción al piano a cuatro manos, desde los hijos de Bach, Mozart o Haydn, Diabelli, Schubert, Schumann o Brahms, hasta Debussy, Bartok, Satie, Strawinsky o Kurtag

La música para cuatro manos es una práctica que viene desarrollándose desde que la extensión de los instrumentos de teclado permitió que dos intérpretes pudieran compartir un solo teclado de forma cómoda.

La música de cámara ha sido uno de los entretenimientos sociales por excelencia, una forma maravillosa de pasar largas veladas conociendo partituras y compartiendo música con un grupo de amigos en el salón de casa. Por esta razón prácticamente todos los compositores de música para piano han dedicado parte de su producción al piano a cuatro manos, desde los hijos de Bach, Mozart o Haydn, Diabelli, Schubert, o Brahms, hasta Debussy, Bartók, Satie, Stravinski o Kurtág.

La técnica

La intención de componer música a cuatro manos es hacer sonar el piano en toda su amplitud de registro, aprovechando toda su extensión y posibilidades de textura.

La forma de sentarse ante el piano es un pianista junto a otro y llamamos primo al que está sentado en la sección media-aguda y secondo al que ocupa la sección media-grave. El reparto de espacio es todo un reto para los dos intérpretes que en principio, como pianistas, están acostumbrados a tener todo el teclado a su disposición.

Realmente, hay que hacer un trabajo de acomodamiento físico y técnico muy interesante, que va a consistir, por un lado, en acomodar las alturas de las banquetas según el tamaño de los intérpretes para que los brazos no choquen tanto. Por otro, hay que trabajar el movimiento y gestos de respiración y expresión sobre el teclado para comunicarse entre ellos todas las intenciones musicales y, por supuesto, hacer un trabajo de digitación muy detallado en los puntos donde las dos partes escritas coinciden en el mismo lugar del teclado. A veces es necesario incluso ‘arreglar’ la escritura repartiendo entre las manos las notas de una manera diferente de como está escrito para facilitar y acomodar la interpretación.

El pedal suele ser responsabilidad del secondo, sobre todo cuando su parte es la acompañante y se ocupa de los movimientos armónicos, aunque esto no es una norma y va a depender de las características de la música que se interprete.

También, en el terreno pedagógico se ha escrito y se ha arreglado mucha música para cuatro manos con la intención de ser interpretada por profesor y alumno para que el alumno pueda conocer las bases del lenguaje musical a través de la experiencia de tocar junto a su profesor.

Pero también hay mucha música compuesta para dos y tres jóvenes estudiantes que les sirve enormemente como iniciación a la música de cámara, Es el momento en que, por primera vez y junto con otros compañeros de su nivel, se enfrentan al gran reto de dar sentido y continuidad al discurso, respirando y expresando juntos una misma música, compartiendo dificultades y responsabilidades y, sobre todo, disfrutando de la experiencia de hacer música en grupo, una actividad increíblemente satisfactoria e inolvidable.

Laideronnette, emperatriz de las pagodas, que es el III movimiento de la suite Mi madre la oca de Maurice Ravel, en versión de piano a cuatro manos, es un ejemplo de música originalmente concebida para piano a cuatro manos que posteriormente el propio Ravel adaptó para gran orquesta. También esto mismo lo hizo, por ejemplo, Claude Debussy con la Petite Suite, ambas bellísimas versiones.

A veces ocurre al revés, es decir, música inicialmente concebida para orquesta y que se arregla para piano a cuatro manos con la intención de darlo a conocer a un público más amplio, y para poder disfrutarlo en privado en el mundo de la música de cámara, a pesar de que en la versión para piano a cuatro manos el compositor tiene que renunciar a la riqueza tímbrica y posibilidades de textura que le ofrece la orquesta. Este ha sido el caso de por ejemplo de Stravinski, que arregló para cuatro manos su espectacular Petruchka, consiguiendo una versión igualmente virtuosa y vibrante, a la vez que dificilísima para los pianistas.

Anabel Sáez es clavecinista, profesora de piano en el Conservatorio de Elche y directora artística de la Orquesta Barroca de Alicante y del ensemble La Galería del Claroscuro.

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