Lunes, 13 de Julio de 2020

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DIARIO DE CUARENTENA

Las hormigas de Juanito

'Diario de cuarentena', de David Perdomo.

David Perdomo

David Perdomo / Cadena SER

Las Palmas de Gran Canaria

 A veces cerrar los ojos se convierte en una verdadera maravilla. Si les ha pasado como a mí seguro que me entenderán. Algunas noches he conseguido salir de esta cuarentena sin bajarme de mi cama. Todo ha sido gracias a mis sueños que me han llevado o a épocas donde el COVID-19 no existía o a dentro de unos meses, en un mundo donde ya hemos superado esta locura. Todo se acaba cuando abro los ojos, mi mente vuelve a la realidad. y vivo una sensación extraña. Supongo que la misma que debe tener a diario un vecino de mi calle: Juan.

Juan, o Juanito como le llama su mujer, es un señor que rondará los 80, de barriga grande, pelo blanco y gafas. Siempre tiene puesta una rebequita del Servicio Canario de Salud. Vive con su esposa, de la que desconozco su nombre. Es una señora de pelo rubio, delgada y amante de sus plantas. Su casa es una de las viviendas que están enfrente de la mía, son de esos afortunados que tienen terraza que la suelen usar para ver pasar el tiempo.

Sinceramente nunca había reparado ni en Juan ni en su mujer antes de la pandemia. Con el silencio y la tranquilidad de estas semanas, me he fijado en ellos como en el resto de mis vecinos. Los primeros días pensé que Juan era un cabezota e insensato que quería salir a la calle. "No se puede Juan, no seas cabezuo", le decía su mujer. Ya hemos superado el mes de confinamiento y, cada día, su esposa tiene que repetirle lo mismo. Todas las mañanas. Con el tiempo me di cuenta de que Juanito no es que fuera cabezota simplemente su mente no es capaz de recordar lo que pasa.

La memoria de Juan falla y por eso todas las mañanas abre la puerta de su casa y durante un rato observa los pocos coches que circulan por nuestra calle. "Es que esto es increíble, no pasa nadie, ni una hormiga", suele repetir sorprendido. Lo de las hormigas en especial. "Entra para dentro, Juan", le dice su mujer, con una paciencia admirable, cada dos por tres. Cuando hablan con su hija, Juan se queja de que su mujer no le deja ni ir a por pan. Cuando ella coge el teléfono, aprovecha para desahogarse con "todo lo que tiene que aguantar a este hombre".

A Juanito le cuesta quedarse en casa. A veces recuerda que hay un virus pero, en esos momentos, le dice a su esposa que la gripe no puede con él. "Pero me lo pegas a mí, Juan", le replica ella. Aún así Juanito no se queda tranquilo, no es capaz de entender que el mundo ahora ya no es el mismo. Da igual las veces que se lo repitan, su memoria vive en otra época. Una particularidad que libra a Juan de esta pesadilla que vivimos el resto de mortales. Una patología que, como todas las personas con demencia, no sufre Juanito sino en este caso su mujer.

Todas las tardes Juan y su mujer salen a aplaudir a su terraza. Imagino que a veces él no entenderá por qué se aplaude ahora, a veces cuesta entenderlo hasta sin demencia. Cuando acaban los aplausos su mujer le dice que vaya a hacer el puzzle. En ocasiones no quiere aunque siempre acaba entrando. "Venga, así lo acabas ya y luego vemos el parte", le dijo su mujer el otro día. Así suele acabar el día de Juanito, una jornada tediosa ya que ha vuelto quedarse sin salir de casa. Una aburrida pesadilla que le ha dejado sin ver ni a una hormiga pero que él, como si de un sueño se tratara, pronto olvidará.

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