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Martes, 02 de Junio de 2020

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Balonmano

25 años de un hito inolvidable

El 22 de abril de 1995 Elgorriaga Bidasoa se proclamó en Zagreb campeón de Europa. Es el único equipo vasco en conseguir ganar el título continental más importante. Irun entera lo celebra con banderas y camisetas en los balcones

Jugadores, directivos y entrenadores celebran desde el balcón del ayuntamiento de Irún la copa de Europa

Jugadores, directivos y entrenadores celebran desde el balcón del ayuntamiento de Irún la copa de Europa / Archivo

Parece que fue ayer. Sí, ayer. 22 de abril de 1995. Elgorriaga Bidasoa estaba a 60 minutos de alzarse campeón de Europa por primera vez en su historia, que era como decir que iba a tocar el techo mundial del balonmano. Debía hacer buena la renta de diez goles que llevaba a Zagreb desde el Polideportivo Artaleku. Había ganado 30-20 al Badel Zagreb, y yo no podía concebir otro escenario que no fuera el de su regreso a Irún con la Copa de Europa. Los maravillosos e inesperados 30 minutos de la segunda parte del encuentro de ida serían claves en el logro más grande que ha logrado el deporte colectivo vasco. Nadie más ha vuelto a ganar la máxima competición continental de su deporte. Y han pasado ya 25 años. Pero parece que fue ayer.

Yo tenía 13 años. Quién los pillara ahora, ¿verdad? Ha pasado tiempo, pero tengo los recuerdos muy frescos. La alegría desbordante del partido de Artaleku en compañía de mi aita... y de todo Irún. Porque todo Irún había entrado esa tarde de 17 de abril en el pabellón. ¿Cómo lo hicieron? Mejor no preguntar. Pero Irún estaba dentro de Artaleku. Y vibró con una segunda parte esplendorosa. "La primera parte había sido igualada, pero tras el descanso no se cómo lo hicimos, no se de dónde sacamos las fuerzas, pero entre todos hicimos un partido fantástico, y los del Badel vieron cómo les arrollaba una apisonadora, estaban alucinados y sorprendidos. Fue algo muy potente, no lo podemos olvidar, es imposible", recuerda Fernando Bolea, el hiperactivo extremo maño que luego sería el entrenador con el que los bidasotarras ascendieron por última vez a la Liga Asobal. 

Y llegó el momento de viajar a Zagreb para jugar en el peligroso Dom Sportova, donde el Badel ya había remontado 11 goles al CSKA de Moscú en semifinales, y donde ya había ganado la Copa de Europa dos años antes. Que diez goles era una renta importante lo sabíamos todos, pero nadie en Irún se fiaba. No recuerdo a ningún jugador, entrenador o directivo durante los días previos al partido de vuelta que diera por hecho que ya habíamos ganado. El contexto no era nada fácil. "Había ilusión, pero sobre todo esperanza. Ibamos a un lugar que estaba en guerra, con un Montenegrino a Croacia, que encima marcó el primer gol del partido y se crecía según se ponía más hostil el ambiente por su presencia, y nadie se fiaba de los arbitrajes europeos fuera de casa", recuerda Gabi Ramos, la voz de Radio Irún en Zagreb hace 25 años. 

"Pero la final empezó, y la llevamos bastante controlada", recuerda Juantxo Villarreal, el entrenador inolvidable con el que Bidasoa lo ganó todo en su época dorada. Y eso que su puesta en escena no fue nada esperanzadora, porque en su primera temporada como entrenador en Irún descendió al Bidasoa. Desde luego, no auguraba nada de lo que después vendría. La confianza de sus directivos en su (futuro) trabajo, con el presidente Beñardo García a la cabeza, fue fundamental; porque después vendría todo en cadena. El ascenso, las ligas, la Copa... y los títulos europeos. Supongo que con el paso del tiempo todo se relativiza, o que el entrenador de Renteria (que sabe mil veces más que yo de balonmano) había preparado el partido de Zagreb para jugarlo de esa forma. "Estaba prohibido ganar", recuerdo que me dijo mi padre horas después, ya en casa, después del subidón vivido sobre la cancha de Artaleku. No entendía nada. Con el paso he comprendido que en medio del clima casi bélico en el que se jugó el partido, si llegamos a ganar el partido de vuelta... Bidasoa habría gana la Copa de Europa, pero nuestros jugadores no hubieran regresado a Irún. Si ya perdiendo por un gol fuimos campeones, pero nos tiraron de todo desde la grada... "Pero eso fue porque uno de seguridad cometió el error de devolver a la grada la silla que lanzaron a la cancha. Y empezó la trifulca, nos tiraron de todo. No pudimos celebrarlo sobre la cancha. Pero nosotros estábamos muy tranquilos", me dice Villarreal. ¿Les digo la verdad? No lo recordaba así. Mi imagen pasados los años es todo Artaleku gritando a la pantalla gigante de ETB "hijos de p...., hijos de p..." Yo al menos pensaba que aquella reacción se debía sólo a que los croatas tenían un pésimo mal perder. 

Sí, yo fui de los que no pudo viajar a Zagreb. Mi padre nunca me lo propuso. Conseguir entradas era muy complicado, y la guerra de los Balcanes tampoco lo aconsejaba. Hubo seguidores bidasotarras, claro; porque Bidasoa nunca viaja sólo. Pero fueron menos de lo deseado por la trascendencia de la cita. El resto, todo Irún, toda la comarca del Bidasoa, media Gipuzkoa y parte del resto del País Vasco estabamos en el Polideportivo Artaleku siguiendo el partido por una pantalla gigante. Lo de seguir es un decir, porque no paramos de cantar, bailar y comernos las uñas. No recuerdo mucho del partido, sólo que estaba muy nervioso. Y entonces llegaron los abrazos, las lágrimas, la celebración remando, los insultos a la afición del Badel... y el sonido de Artaleku que nunca he vuelto a escuchar como aquella tarde. Imposible escuchar nada. Sólo abrazarte y emocionarte. Con quien fuera, conocido o no. Daba igual. Irún tocaba el cielo europeo, era campeón de Europa. Hoy tendríamos que haber celebrado los 25 años de ese hito inolvidable con los mismos abrazos y la misma alegría, pero lo hemos hecho desde los balcones por culpa del bicho ese que nos tiene a todos encerrados en nuestras casas. Pero saldremos. Y nos daremos esos abrazos que nos han robado para volver a celebrar que hubo un día en el que Irún fue capital del balonmano europeo.

Llegaron los siguientes días a la final. De felicidad inmensa, eterna. Tanto que yo creo que me dura desde entonces. ¡Cómo no voy a emocionarme recordándolo! Cada irunés tiene su propia historia alrededor de este momento mágico. La mía es ésta. Y la guardo con profundo cariño y respeto en mi corazón. Fui a la plaza San Juan agarrado de la mano de mi padre. No me soltaba. No lo entendía. Ya era mayor. Luego lo comprendí. La plaza del ayuntamiento estaba a reventar. Jamás la había visto así, diría que ni en mis amados sanmarciales. ¡Qué emoción cuando aparecieron los jugadores! Todos queríamos tocar a nuestros héroes. Yo también, claro. También quería toca la Copa de Europa. No pude. Pero años más tarde la expusieron junto a la Recopa de Europa (sí, también ganamos la Recopa) en el Centro Cultural Amaia, y recuerdo escaparme todos los días al volver del colegio para admirarla. Pasaba horas en aquella sala al final de la exposición, totalmente oscura salvo el lugar, justo en el centro, donde estaban los dos preciados trofeos. Y la tocaba, lo reconozco... aunque había un cartel que dejaba muy claro que no se podía. Lo que no podía era evitarlo.

En la Plaza San Juan cánticos que no se me olvidarán nunca. "Irun es tan pequeño que no se ve en el mapa, pero con Bidasoa se ve en todo el mundo, la la la la... ", "Tomas (Svensson) no te vayas, Tomas quedaté, la la la la... " (Ese verano se nos fue al Barcelona y un trocito de aquel mítico Bidasoa se nos marchó, me acuerdo con un dolor inmenso. ¡Cuanto le queríamos!) Y sobre todo el bertso de Juantxo. Ya mítico. Siempre pensé que lo había improvisado esa tarde. Pero no. Tiene una intrahistoria preciosa. Lo preparó para un programa de la ETB. Le habían pedido que cantara una canción de Julio Iglesias. ¿Os imaginais a Juantxo cantando como Julio Iglesias? Sólo pensarlo, me produce una sonora carcajada. Contraatacó preparando ese bertso, tras el cual le preguntaron si sería capaz de cumplir lo que decía, que Bidasoa sería campeón de Europa. "Este mismo año", soltó nuestro entrenador, ante la mirada atónita de todos. Fue una inimaginable premonición. Dicho y hecho. Alucinante. ¿No me digais que no dota a ese pasaje de la historia de un simbolismo aún mayor? "Lloro porque tengo que llorar, porque somos campeones de Europa", decía el 'presi' de la gesta, Beñardo García, en pleno éxtasis, después de un emotivo y alegre viaje de regreso de Zagreb. En Bilbao cayeron muertos de cansancio. Estaban reponiendo fuerzas. La historia aún no había acabado. "Hoy tengo las misma sensaciones que entonces, porque me acuerdo de todo como si hubiera pasado ayer", me confiesa 25 años después. "Es que no lo puedes describir con palabras es algo muy fuerte, unas emociones muy intensas", me reconocía el capitán del equipazo azul y amarillo, el gran y querido Aitor 'Terminator' Etxaburu. Tiene razón, no es fácil Pero yo lo acabo de intentar. Mis sensaciones. Mis emociones. Azules y amarillas. De algo que nunca olvidaremos en Irún. Un hito a la altura de las estrellas. Porque hubo un día en el que Irún y su Bidasoa tocaron el cielo, y 25 años después se han quedado con un trozo. Y cada irundarra, cada bidasotarra, lo tiene guardado a buen recaudo en lo más profundo de su corazón. La llave la hemos tirado, para que nadie nos lo quite. Y ahora lo recordamos, en un contexto complicado, pero con toda la brillantez de esa estrella que luce Bidasoa encima de su escudo, gracias a un grupo de jugadores que en cierta manera nos evocan a aquella época gloriosa. Los Iker Serrano, Jon Azkue, Adrian Crowley, Kauldi Odriozola, Thomas Tesoriere, Rodrigo Salinas, Xoan Ledo... liderados por Jacobo Cuetara han tomado el testigo y nos han hecho soñar de nuevo en Europa. Y no puede ser casualidad que sea justo en el 25 aniversario de aquella gesta. Es el mejor ejemplo de que seguimos muy vivos. Que nadie nos quite la ilusión de soñar, como hicimos en 1995. Gora Irun. Gora Bidasoa.

Firmado: un niño cualquiera de Irún de 13 años.

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