Martes, 11 de Agosto de 2020

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El comercio regresa al ralentí tras el cierre por el coronavirus

Los pequeños comercios han comenzado a levantar la persiana en esta fase del desconfinamiento con cita previa, la incertidumbre de cómo van a responder los clientes y la obligación de cumplir con toda la nueva normativa

Ambiente en la avenida de  América de Zaragoza en el primer día de apertura de comercios

Ambiente en la avenida de América de Zaragoza en el primer día de apertura de comercios / Óscar Aribau

Solo un tercio de los comercios han subido la persiana hoy. Es la estimación que ha hecho, ECOS, la Federación de Comercio de Zaragoza, y que coinciden con la impresión que deja un paseo rápido por algunas calles de la capital aragonesa en este primer día de apertura permitida de algunos negocios, pero con cita previa. Con las peluquerías lo mismo: no todas han decidido abrir.

Una proporción de un tercio que hemos constatado en el eje comercial de Torrero, la Avenida América y en el centro de Zaragoza. Entre los que han subido la persiana está Pilar. Su peluquería, en el centro de Zaragoza, ha recibido a primera hora de la mañana sus primeros clientes, todos con cita previa y con la agenda llena para los próximos días.

"Para mí es muy estresante porque en esta peluquería nunca habíamos dado cita", señala Pilar. "Estábamos tres trabajando, era muy fluido y ahora he tenido que ponerme las pilas en dar citas y sin saber además cómo va a funcionar porque ahora solo vamos a poder trabajar dos como mucho porque tengo que eliminar un sillón", continúa. De hecho, "esta semana voy a empezar yo sola para hacerlo poco a poco, con un cliente cada hora para ver que cumplo bien con todas las normativas".

De la peluquería de Pilar a la tienda de ropa donde trabaja Carlos, en la calle Isaac Peral.. Hoy ha abierto, también con cita previa, pero con más dudas que certezas sobre las medidas sanitarias que hay que adoptar.

"Hemos tomado las nuestras aunque no están muy claras las que tienes que tener por obligación", critica. Así, "vamos a tener gel hidroalcohólico en la puerta, acceso automático, hemos comprado una máquina de ozono para desinfectar por la noche y los dependientes con mascarillas".

Pero más allá del problema sanitario, este primer día de apertura es el de las dudas y de la incertidumbre sobre el futuro. Todos se preguntan cómo se comportará el consumidor.

Porque que la tienda esté abierta no quiere decir que los clientes entren y gasten. Esa es el temor que intenta combatir Tomás, propietario de una sastrería en la Plaza de Los Sitios. Hay que consumir, por solidaridad.

"Espero que vengan con ganas y que seamos todos conscientes de que, evidentemente, nos tenemos que ayudar unos a otros y si yo gasto, el otro gastará". Por eso, apunta, "en la medida de lo posible, cada uno gastar todo lo que se pueda".

Lo que amenaza la vuelta al consumo, dice Carlos, es el aforo, aunque las grandes aglomeraciones en el pequeño comercio son estacionales, como días puntuales o rebajas, algunos sábados y horas punta.

El pequeño comercio se empieza a despertar de la larga pesadilla. La semana que viene será, ya, el turno de la hostelería.

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