Martes, 29 de Septiembre de 2020

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"Comeré pan con agua, pero no permitiré que mis hijos pasen hambre"

Amira y Gastón trabajaban en el sector turtístico cuando llegó la crisis económica. Ella en un ERTE y él en paro con dos menores, son la radiografía del impacto de la crisis económica del COVID-19 en una isla dependiente del turismo.

Gastón Martínez y Amina Gutiérrez tienen dos menores a su cargo en Lanzarote y no tienen ningún ingreso a la espera de cobrar el ERTE

Gastón Martínez y Amina Gutiérrez tienen dos menores a su cargo en Lanzarote y no tienen ningún ingreso a la espera de cobrar el ERTE / Getty Images

Amira Gutiérrez ejercía de socorrista en un hotel de Lanzarote, cuando llegó el estado de alarma. Fue sometida a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y todavía no ha cobrado los 600€ que le corresponden. Su marido, Gastón Martínez, estaba en paro, con el compromiso firme de entrar a trabajar en un hotel como cocinero. Sin embargo, la pandemia frustó esta expectativa y por lo tanto, los seiscientos euros de Amira son el único ingreso del que dispondrá la familia, con dos menores a su cargo. "Debemos el alquiler al dueño de la casa, gracias a un bono social del Ayuntamiento de Arrecife hemos podido hacer una compra de 180€ para los niños", explica Gastón.

Son la radiografía del impacto de la crisis económica del COVID-19 en una isla que depende excesivamente del turismo. "El día catorce de marzo iba a firmar el contrato como cocinero, llegó el estado de alarma, me dejaron en el paro, pero ya no tengo derecho a paro", explica Gastón, que ahora no tiene ningún tipo de ingreso. "Nos hemos gastado los ahorros pagando alquiler, la luz, el agua y todos los gastos de la casa", lamenta. Su hijo mayor tiene catorce años y su hija pequeña tiene cuatro. "Al mayor le decimos que hay un bicho muy malo en la calle y que cuando se vaya los dos volveremos a trabajar", explica Gastón.

"A la niña de cuatro años le decimos que papá hoy se ha olvidado de hacer el yogur y que fuera a hay un bicho muy malo", explica Gastón

"Le digo que el yogur lo hace papá y que a veces se me ha olvidado hacerlo", dice Gastón, que es cocinero, a su niña de cuatro años. "Yo lo tengo muy claro, antes de que mis hijos pasen hambre la paso yo", sentencia. "Como pan y agua y me alimento, como se alimenta un padre. Un hijo no puede pasar hambre, es ley de vida. Nuestro padres lo hacían en la posguerra y a nosotros nos toca ahora. Nos tocará comer pan y agua y que nuestros hijos coman algo", lamenta. "Si por lo menos pudiéramos salir a la calle a buscarnos la vida, pero ni siquiera eso, no tenemos nada. Sacando cuentas no llegamos ni para pagar lo básico. Quienes dicen que no nos iban a dejar atrás, por favor, que lo hagan de verdad", concluye.

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