Viernes, 05 de Junio de 2020

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El título de liga del Deportivo cumple 20 años

El campeonato saldó una deuda histórica del fúbol con A Coruña

Fran recoge la copa de campeón de liga

Fran recoge la copa de campeón de liga / RC Deportivo

Han pasado veinte años y el Deportivo sigue siendo el último equipo que se incorporó al club de los que ganaron LaLiga, un logro que conquistó con la puntuación más baja desde que la victoria otorga tres puntos y que le permitió saldar una deuda histórica, porque se había quedado dos veces a las puertas del campeonato, la última en 1994.

El conjunto coruñés celebra este martes el vigésimo aniversario de su título, ese que recuerdan en Riazor sus aficionados por más que hayan pasado dos decenios: "cómo me voy a olvidar, si el Deportivo ganó LaLiga, cómo me voy a olvidar, si es lo mejor que me pasó en la vida".

Fue un viernes, el 19 de mayo del año 2000, y, como le había pasado seis años antes, llegaba a la última jornada dependiendo de sí mismo para cantar el alirón y con la amenaza del Barcelona, que en 1994 le había arrebatado el campeonato por el famoso penalti que falló el deportivista Miroslav Djukic.

LaLiga le debía una, o dos, porque también en 1950 (en abril se cumplieron 70 años) había rozado el campeonato, si bien entonces dependía del resultado de su rival (el Atlético de Madrid) en la jornada final de la temporada, en la que, durante unos minutos fue campeón.

El ansiado título llegó con Augusto César Lendoiro como presidente y Javier Irureta al frente de un banquillo del que se había hecho cargo solo una temporada antes.

Esta vez no hubo sufrimiento, como en 1994, sino felicidad porque, además, el camino se allanó pronto con el primer gol de los deportivistas, que aquel día tenían enfrente al Espanyol y porque, además, el Barcelona tampoco era capaz de sacar su partido adelante ante el Celta de Vigo en el Camp Nou.

El Zaragoza también tenía sus opciones en la última jornada, pero tenía que ganar (empezó haciéndolo a los 5 minutos en Valencia, pero acabó perdiendo) y esperar los tropiezos del Deportivo y el Barcelona.

El hispano-brasileño Donato Gama adelantó a los blanquiazules en un saque de esquina cuando solo habían transcurrido tres minutos y el holandés Roy Makaay, que un año antes había descendido con el Tenerife a Segunda División, amplió la renta poco después de la media hora de encuentro, momento en el que el Celta ganaba 0-2 en Barcelona.

Riazor lo vio claro y entonó el "campeones, campeones", sabedor de que el 'meigallo' (hechizo) se había quemado. No se movió el marcador en A Coruña y, aunque en Barcelona el encuentro acabó en tablas, el Deportivo se adjudicó el título.

Lo hizo con la puntuación más baja (69 unidades) desde que el triunfo ofrece como recompensa tres puntos, en una de las Ligas más igualadas: ganó veintiún partidos, empató seis y cedió once derrotas. Sus 66 goles a favor y 44 en contra completaron los guarismos del campeón.

En la plantilla, junto a los goleadores de aquella 'final', Donato y Makaay (anotó 22 tantos aquel curso), estaban jugadores como los brasileños Mauro Silva, Djalminha y Flavio Conçeiçao, los argentinos Schürrer, Scaloni y Turu Flores, el marroquí Naybet y españoles como Fran González, Romero o Manuel Pablo, que sigue ligado a la entidad blanquiazul.

Con aquel título, el Deportivo se incorporó a la nómina de ganadores de LaLiga, un selecto club de nueve equipos al que ninguno más ha logrado sumarse en los últimos veinte años: Real Madrid, Barcelona, Atlético, Athletic, Valencia, Real Sociedad, Betis y Sevilla.

El fútbol le debía un título a A Coruña

A Coruña fue la séptima ciudad que pudo festejar un campeonato de Liga, el que el fútbol le debía. En un bus descapotado de dos plantas, con los jugadores teñidos de rubio, primero entre Riazor y la fuente de Cuatro Caminos y, al día siguiente, en la Plaza de María Pita, la fiesta fue inolvidable.

Cantar el alirón por primera vez le sirvió al Deportivo para estrenarse en la Liga de Campeones, la máxima competición continental, a la que logró acceder cinco años de forma consecutiva, casi un milagro con una ciudad de solo 250.000 habitantes apoyándole.

Al embajador de A Coruña le acabó pasando factura años más tarde el dispendio de aquella etapa de gloria en la que, además, sumó a su palmarés una Copa del Rey (la del Centenariazo) y dos Supercopas de España, todos con Irureta como entrenador.

Quedarse fuera de los puestos de la Liga de Campeones obligó al Deportivo a emprender en 2005 la transición hacia un proyecto modesto que acabó en Segunda División en 2011 después de veinte años seguidos en la elite, y que, desde entonces, le ha mantenido como un equipo ascensor que ha vuelto a la categoría de plata y, además, acusa una delicada salud económica.

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