Jueves, 04 de Junio de 2020

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Rutas junto al mar

Ahora que aprieta el calor, José Juan Luque y Aristóteles Moreno nos llevan hasta la costa de Almería para descubrir, a pie o en bicicleta, los secretos de Cabo de Gata

Aprieta el calor estos días en Córdoba. La primavera aquí es así. La semana pasada llovía y hablamos de rutas pasadas por agua. Y esta semana José Juan Luque y Aristóteles Moreno cierran los ojos y solo piensan en acercarse al mar. Lo curioso es que a la memoria de ambos han llegado los recuerdos de las mismas playas: las rocosas y desérticas calas de Cabo de Gata. Paisajes tan duros como hermosos que José Juan Luque recorrió en bicicleta durante cuatro días en 2013 y que Aristóteles Moreno descubrió a pie, con sus compañeros del club "Llega como puedas", en el puente del Pilar de 2018.

Caminatas y chapuzones

El senderismo no está reñido con darse un buen chapuzón. De hecho "puedes caminar en bañador siempre que vayas, eso sí, equipado con zapatillas de trekking", asegura Aristóteles Moreno. Nuestro experimentado montañero confiesa que cuando hace rutas cerca del mar, "normalmente coincidiendo con la feria de mayo",  nunca faltan en su mochila "chanclas, toallas y crema solar", además del bañador.
Con este peculiar equipamiento, Moreno y sus amigos del club "Llega como puedas" recorrieron a pie la costa del Parque Natural de Cabo de Gata durante el puente del Pilar de 2018. "Fueron 40 kilómetros en tres días. Desde San José a los Escullos, el Playazo, Las Negras y Playa de San Pedro". Una experiencia "fantástica" que le permitió descubrir "calas paradisíacas en uno de los últimos paraísos de España". Una zona que Aristóteles ya había visitado antes, pero que no llegó a disfrutar hasta que hizo aquella ruta, porque "andando es como se conocen las cosas bien".

El viaje del desamor

Los recuerdos de José Juan Luque sobre Cabo de Gata saben a vino rancio y suenan a McEnroe.

Fue durante el puente de la Inmaculada de 2013 cuando nuestro cicloviajero y un amigo suyo pensaron que la costa de Almería sería un buen sitio para sanar las heridas de un amor roto. "Fueron cuatro días de ruta, casi sin equipamiento, durmiendo en hostales y bebiendo vino rancio para tratar de hacer más llevadera la ruptura", recuerda José Juan, que tampoco ha olvidado las canciones de McEnroe que sonaron durante todo el viaje. "Un auténtico cortavenas", afirma.

Esta peculiar ruta del desamor comenzó en el faro de Cabo de Gata "por una pista forestal que iba a ser una carretera y que permite recorrer todo el parque de forma muy sencilla, mientras te regala una vistas extraordinarias", explica José Juan. Aunque no siempre fue tan fácil. "Para llegar a algunas playas tuvimos que echarnos la bicicleta a la espalda", recuerda. "Menos más que era diciembre y no hacía calor", reconoce nuestro ciclista, que tampoco ha olvidado "los colores cálidos del desierto en invierno". "Cabo de Gata es terapéutico", asegura.

 







 

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