Martes, 01 de Diciembre de 2020

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El Ayuntamiento de Cádiz descarta que el estadio se pueda llamar Carranza

El teniente de alcalde Martín Vila no ve viable dejar el apellido del exalcalde y aboga por un "nombre inclusivo"

Imagen de la tribuna del estadio del Cádiz

Imagen de la tribuna del estadio del Cádiz / EFE

El estadio de fútbol de Cádiz no podrá llamarse Carranza. Así lo entiende el teniente de alcalde Martín Vila, concejal de memoria democrática, promotor del cambio de denominación del edificio deportivo. Rechaza así la propuesta de algunos seguidores, entre ellos la Federación de Peñas, que consideraban que la palabra Carranza forma parte de la identidad cadista y así sola no tiene por qué tener connotaciones políticas. Pero Vila no ve viable que la nueva denominación que se promueve en virtud de la ley de memoria democrática pueda contener el apellido de la persona a la que se quiere retirar el nombre.

"Dejar Carranza sería mantener el nombre histórico, obviamente. No puede separarse Carranza de Ramón de Carranza y de lo que supuso para la ciudad, su papel cómplice en el Golpe de Estado y del sufrimiento de los vecinos", ha explicado durante una entrevista en Radio Cádiz el concejal. "El estado de alarma ha variado los tiempos que manejábamos, pero queremos que el cambio de nombre del estadio sea un proceso participado y que dé como resultado un nombre inclusivo, que respete los derechos humanos y la memoria democrática. Y que todos los vecinos lo hagan suyo".

El concejal quiere que el cadismo participe en este proceso, pero preguntado sobre las fórmulas para elegir el nuevo nombre, solo ha dicho que se sigue estudiando las distintas opciones posibles. "Se están viendo varias oportunidades. Sí queremos que sea un nombre inclusivo".

Vila no aclara si se hará una votación y, en caso de haberla, si se permitirá votar a toda la ciudad o a una parte de la afición, como son los abonados. "El proceso se hace desde la voluntad de que sea un nombre sin agravio para nadie, y del que todos nos sintamos orgullosos". En lo que sí ha insistido es que el proceso sigue adelante y lo ha defendido como una necesidad. "Yo soy cadista y voy yendo al estadio con mi padre desde niño. Y Carranza forma parte de nuestra identidad. Pero cuando descubres lo que hay detrás de ese nombre, sientes bastante repulsa. Fruto de la ignorancia de lo que pasó, estamos legitimando al autor de una barbarie, como fue el golpe de estado del 36 y la represión que conllevó".

El debate sobre el cambio de nombre del estadio se reabrió en abril de este año tras la muerte de Michael Robinson, cuando el gobierno municipal, de Adelante Cádiz, se hizo eco de algunas peticiones que reclamaban que el Ayuntamiento cumpliera la ley de memoria histórica y le diera como nuevo nombre del estadio el del querido locutor inglés. En ese debate también se introdujeron otros nombres como el de Manuel Santander o Mágico González.

Otros seguidores, avalados además por la postura de la Federación de Peñas Cadistas, propusieron como medida intermedia pasar a llamar al estadio simplemente Carranza por entender que ese apellido era ya una marca consolidada, sin connotaciones políticas y que quitándole el nombre se podía respetar la ley de memoria histórica. Martín Vila descarta esa solución.

El Ayuntamiento cambió en 2017 el nombre de Ramón de Carranza en una avenida, que pasó a llamarse 4 de diciembre. Entonces, a pesar de la incoherencia que suponía quitarle el nombre a una calle y dejarlo en un estadio, el alcalde, consciente de la trascendencia pública de esta modificación, insistió varias veces que cambiarle el nombre al estadio no era una prioridad para la ciudad.

Ramón de Carranza fue alcalde de Cádiz durante la dictadura de Primo de Rivera y tras el primer año de la Guerra Civil. Cuando le fue retirado el nombre de la avenida, el Ayuntamiento justificó la decisión en que fue nombrado alcalde de Cádiz y Gobernador Civil por los golpistas de inmediato, el 28 de julio de 1936, a las pocas semanas de ser tomada la ciudad, sustituyendo así a los representantes municipales elegidos democráticamente en las elecciones de febrero de 1936.

También el Ayuntamiento le considera impulsor de una comisión depuradora de funcionarios, lo que le responsabilizaba directamente de la cruenta represión llevada a cabo en la ciudad. También le acusa de realizar informes incriminatorios que precisaban las autoridades militares para encarcelar y, posteriormente, reprimir a quienes fueran sospechosos de haber pertenecido al Frente Popular, a un sindicato o simpatizar con el gobierno de la Segunda República.

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