Jueves, 09 de Julio de 2020

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Destinos sagrados y místicos

Aristóteles Moreno y José Juan Luque nos llevan a destinos tan dispares como el Monte Sinaí y Fuengirola

La espiritualidad también está en el viaje. Tanto en los destinos como en las emociones de la ruta. Son los dos prismas que nos muestran José Juan Luque y Aristóteles Moreno en sus recuerdos de rutas que les marcaron.

En la cima del Monte Sinaí, de 2.285 metros de altura, encontró "la recompensa" a una dura subida Aristóteles.  Como estudiante de filología árabe, se encontraba en El Cairo, donde vivió de 1989 a 1992. Junto a un amplio grupo de estudiantes, realizó una visita de una semana a la península del Sinaí. Y partiendo del Monasterio de Santa Catalina (S. VI), levantado en torno a la zarza ardiente a través de la cual, según las escrituras, Dios habló a Moises, partieron de noche hasta esa cima. Desde allí, al amanecer, pudo observar de forma privilegiada toda la península. "Fue una historia apasionante y maravillosa".. 

Lo más cerca que ha estado de un lugar sagrado José Juan Luque es Lourdes (Francia). El cicloturista, que pasó por allí, define lo que vió como "una explanada gigantesca de aparcamientos de autobuses y coches y una calle llena de tiendas. "Duré dos minutos en el pueblo, lo que tardé en comprarme un maillot ciclista, el primero que me compré". Un maillot de Italia que le gustó en uno de los establecimientos mientras le reparaban la bicicleta en la que viajaba.

Viaje de José Juan a Lourdes. / Cadena SER

 

Viaje místico a Fuengirola

El verdadero viaje místico de José Juan fue una travesía en bici desde Córdoba a Fuengirola que duró tres días. Acababa de terminar con su novia, y el dolor le llevó a coger la bicicleta en un verano tórrido. "Lo único que haces es pensar y pensar". Aunque reconoce que el viaje fue trascendental. "Hay gente que se agarra a la religión y yo me agarro la bicicleta". Recuerda cómo llegó a Osuna y entró en la piscina. Cuando quiso pagar, le dijeron que no, teniendo en cuenta que venía de Córdoba un mes de julio a las 4 de la tarde.

José Juan, en una parada en el camino hacia Fuengirola. / Cadena SER

"Mi recompensa fue llegar a Fuengirola. Recuerdo que solté la bici,  corrí compulsivamente hasta la playa, nadé compulsivamente hasta la bolla y luego me dí un paseo con mi madre por el paseo marítimo. La cosa más sencilla del mundo", explica José Juan evocando ese recuerdo.

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