Lunes, 06 de Julio de 2020

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LA VENTANA DE CANARIAS

El rastreador de copiones universitarios

José Saturnino, profesor de la ULL, se ha convertido por casualidad en el rastreador de alumnos que contratan los servicios de empresas profesionales para que les realicen TFG o trabajos de diferentes asignaturas

Tras recibir un email de una de estas empresas se hizo pasar por estudiante y encargó un ensayo

El plagio es tan antiguo como la Humanidad. Pero atrás quedaron las chuletas escritas a mano en un trozo de papel o incluso el famoso portal web surgido a finales de los 90, El Rincón del Vago, que ayudó y ayuda a miles de alumnos a -por ejemplo- hacer el resumen de un libro sin si quiera haber visto la cubierta.

Con la llegada de la tecnología, los plagios se han sofisticado. Es más, ya no hace falta que realice el trabajo sucio uno mismo de forma artesanal porque en pleno siglo XXI hay empresas que ya se encargan de ello en exclusiva. Y si no, que se lo digan al profesor de Equidad y Educación de la ULL, José Saturnino Martínez.

Este docente se ha convertido por casualidad en rastreador de trabajos fraudulentos después de que le llegara a su email personal la oferta de una empresa online dedicada a realizar cualquier tipo de trabajo universitario a medida independientemente de la asignatura. Pero, obviamente, a cambio de una remuneración.

Tal y como explica Martínez en La Ventana de Canarias, lo más llamativo de la oferta fue la cantidad de facilidades que ofrecía dicha empresa para confeccionar un trabajo prácticamente imposible de detectar que no ha sido realizado por el estudiante. "Me impresionó la profesionalidad porque el cliente podía detallar el número de páginas de las que debía constar el trabajo, el tema o las referencias bibliográficas que debía contener", asegura.

Según relata este docente universitario, la curiosidad le llevó a solicitar el mismo ensayo que días antes había pedido él mismo a sus alumnos. Y al instante recibió el presupuesto: 128 euros por un trabajo sobre Desigualdades Educativas. "Hemos pasado de una estructura artesanal a una industrial que emite facturas con IVA o IGIC y que da infinitas posibilidades a los estudiantes porque no es un trabajo copiado, está hecho a medida", añade.

Este profesor canario apunta a la transformación que ha sufrido estos últimos años la maquinaria del plagio. "Antes se ofrecían a hacer estos trabajos profesores de secundaria en situaciones precarias o que todavía no eran funcionarios o investigadores universitarios que aún no tenían plaza fija y ahora son empresas absolutamente profesionales", apunta.

Sin embargo, no siguió con el "pedido" porque "se dio por satisfecho al comprobar que existía este tipo de empresas". Insiste en que si alguien comete una ilegalidad, no es la empresa si no el estudiante y sólo si se comprueba "que está cometiendo una falsificación de documento público" y se queja también del poco tiempo que tienen los docentes para detectar este tipo de artimañas. "La Universidad nos da muy pocas horas por estudiante y este delicado trabajo de supervisión no es muy fácil de realizar", denuncia este docente.

Martínez reconoce que, además de la corrupción que supone esta estrategia empresarial, se ha puesto de relieve la brecha económica porque el estudiante "que tiene dinero tiene más posibilidades".

 

 

 

 

 

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