Martes, 09 de Marzo de 2021

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CIENCIA PARA TODOS

Las evidencias del cambio climático

Enrique Viguera y Francis Villatoro

Enrique Viguera y Francis Villatoro / Cadena SER

Hoy, jueves 2 de julio, en plena nueva normalidad en la que salimos a la calle guardando las distancias de seguridad y usando las mascarillas por la crisis del coronavirus, nos asalta una noticia preocupante, las altas temperaturas que están afectando a Siberia. Una de las ciudades más frías del mundo, Verkhoyansk, ha superado los 38 grados centígrados. La analizamos con los científicos Enrique Viguera y Francis Villatoro y puedes consultar más información en la web de divulgación científica: https://www.encuentrosconlaciencia.es

Lo importante no es tanto el pico de temperatura sino la tendencia y es que desde principios de año, la subida media en Siberia ha sido de 8 grados por encima de la media. A todos nos suena que en Siberia hace mucho frío porque allí se han registrado las temperaturas más bajas del planeta; Verkhoyansk es una ciudad que está por encima del Círculo Polar Ártico y ostenta el récord de temperatura más fría en una ciudad, unos 68 grados bajo cero en el año 1892; pero a finales de junio de este año ha alcanzado un máximo de temperatura de 38 grados centígrados, como un día de verano en Sevilla. Siendo su temperatura mínima actual de unos 45 grados bajo cero, ¡eso implica una oscilación de más de 80 grados centígrados!

Lo más preocupante es que la tendencia en Siberia es mayor cada año y los registros que llevamos indican claramente un aumento de la temperatura a escala global. El año 2019 fue el segundo más caliente de la Tierra en 140 años de registro histórico, siendo el primero 2016, y, además, los meses que llevamos de 2020 han sido los más calurosos de la serie histórica. Y es que la manifestación más clara del cambio climático es el calentamiento global, que está provocado en gran parte por las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

¿Cómo funciona el efecto invernadero en la Tierra?

Una de las funciones de la atmósfera es el retener parte de la energía que nos llega del Sol, el llamado efecto albedo. El 90% de la radiación solar que nos llega es reflejada en la Tierra como si fuera un espejo, pero el 10% restante permite que tengamos una temperatura más o menos estable, como si se tratara de un invernadero. Este efecto invernadero natural permite que la temperatura del planeta sea compatible con la vida. La temperatura media de la Tierra sería de unos 18 grados bajo cero, en lugar de unos 14 grados, si no existiera este efecto natural.

La radiación procedente del Sol que llega a la Tierra es sobre todo de onda corta, siendo en parte absorbida por la atmósfera, como la radiación ultravioleta, en parte reflejada en las nubes y en parte llegando a la superficie terrestre; allí, una parte se absorbe, calentando la superficie, y otra parte se refleja en forma de radiación infrarroja de onda larga. Los gases de efecto invernadero retienen parte de esta energía reflejada, no dejando que salga al espacio exterior. Esta radiación atrapada es la que rompe el equilibrio energético de la Tierra y hace que la temperatura global de la superficie se eleve.

Las moléculas de los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2), el óxido nitroso (N2O) y el metano (CH4), entre otros, absorben la radiación infrarroja de onda larga. Así incrementan el albedo (la reflectividad) del sistema atmósfera-superficie, reteniendo calor y provocando un calentamiento global del planeta.

Los gases de efecto invernadero

El aumento de emisiones de gases de efecto invernadero es consecuencia directa del aumento del número de habitantes en la Tierra y el aumento del transporte marítimo, por tierra y aire, el aumento del ganado rumiante y de la producción de carne. Destaca el CO2 debido a la quema de combustibles fósiles.

Así es, los niveles de dióxido de carbono se encuentran en sus niveles más altos en al menos los últimos 3 millones de años. Las emisiones de CO2 a la atmósfera en el año 2012 producidas en el transporte marítimo fueron de 55 millones de toneladas y las producidas por los aviones fueron de 163 millones de toneladas en 2017. Pero atentos, los 1300 millones de vehículos de combustión en el mundo produjeron unos 3000 millones de toneladas de CO2 en 2017, de tal forma que ya hemos alcanzado la emisión de 40.000 millones de toneladas de CO2 al año.

Datos históricos

El efecto albedo al que se hace alusión es muy notable en el hielo del Ártico, Groenlandia y la Antártida. Allí, al aumentar la temperatura, se favorecerá el deshielo. Lo que disminuirá aún más el albedo y retroalimentará el aumento de la temperatura. ¿Se ha producido este fenómeno en el pasado de la Tierra?

A lo largo de la historia de la Tierra siempre ha habido periodos de alternancia frío-calor, como las últimas cinco eras glaciales, o la reciente pequeña edad de hielo entre los siglos XV y XIX que ocurrió tras el periodo cálido medieval entre los siglos X y XIV. Sin embargo, el calentamiento global que se ha experimentado sobre todo desde la mitad del siglo XX ha sido de una inusitada rapidez, con cambios notables en la concentración de CO2 atmosférico en un espacio de tiempo muy corto, apenas unas décadas. Este cambio ha tenido como motor a una única especie, el Homo sapiens. Y sus consecuencias son terribles.

Las consecuencias principales son que los cambios se han producido muy rápido, lo que no permite a las especies adaptarse, con lo cual van extinguiéndose; y además, este aumento de temperatura provoca el deshielo de glaciares. A mí me gusta mucho el montañismo y me he pateado bastante los Pirineos donde quedan todavía dos glaciares importantes: en el macizo del Aneto y en el del Monte Perdido. Pues bien, desde 1980 se ha producido una pérdida del 75% en su superficie.

De forma similar este deshielo tanto en extensión como en profundidad afecta a la Antártida, Groenlandia y Ártico, con lo que se produce un aumento del nivel del mar, que pone en riesgo las poblaciones que viven en la costa. Además, esto lleva asociado una mayor ocurrencia e intensidad de eventos meteorológicos extremos.

Además, el descongelamiento del permafrost (es la capa de suelo que está permanentemente congelado) liberaría más gas, en este caso metano cuyo efecto invernadero es 28 veces más fuerte que el dióxido de carbono, con lo cual se acelera el efecto invernadero, se seca el suelo, con lo cual aumentan los incendios forestales – se calcula que ya han ardido 4 millones de hectáreas de bosque-, entrando en un bucle.

El Mediterráneo sensible

El aumento de temperatura influye en la distribución de la pesca, en la que los bancos de sardina, anchoa migran más al norte. La acidificación del mar produce una mortalidad masiva de especies bentónicas como los corales, las esponjas, que no pueden migrar y por otro lado, se produce una invasión de especies exóticas.

El Sur de España además se sitúa desde el punto de vista climático entre lo que podríamos el clima mediterráneo desde el punto de vista longitudinal, y un clima tropical desde el latitudinal. La "crisis climática" a la que estamos asistiendo, se traduce en toda una serie de anomalías térmicas y pluviométricas, con directa incidencia socioambiental y económicas, que no son sino síndrome de la Crisis Climática. No se trata de que llueva más, sino que posiblemente cambie el patrón y tengamos un aumento de las lluvias torrenciales.

El parón mundial sin apenas efecto

El problema es que la cantidad de CO2 emitido a la atmósfera en los últimos 150 años ha sido tan grande, que no se puede reducir fácilmente, ni siquiera por una recesión mundial. Ya ha habido antes otras crisis que no han logrado detener el cambio climático.

Si hay una apuesta fuerte y rápida por la sostenibilidad, cambios en nuestra forma de vida, y cambio hacia una rápida transición energética, se produciría un aumento inferior a 1.5, lo que nos permitiría a las especies adaptarse, pero si continuamos con los mismos hábitos de consumo de combustible fósil, el cambio sería demasiado fuerte y no permitiría a las especies su adaptación y se extinguirían.

Me gustaría recordaros que ya mencionamos en este programa en diciembre del año pasado que se celebró en Madrid la Cumbre del Clima COP25, la vigésimo quinta conferencia en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Su objetivo es que los compromisos firmados en el Acuerdo de París en 2015 no se queden en papel mojado. Algunos países han implantado algunas medidas, y pueden servir de ejemplo para los demás, pero queda mucho camino por recorrer.

Todos deseamos que los países participantes alcancen un acuerdo político para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que logre que el aumento de la temperatura global quede por debajo de los 2º en este siglo. En muchas ocasiones hemos oído aquello de "escuchen a los científicos" en contraposición a los negacionistas, que, sin ninguna base científica, ponen en duda los resultados. Sin conocimiento de causa no puede haber reacción para intentar frenar el cambio climático.

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