Jueves, 06 de Agosto de 2020

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"Perder el contacto humano durante el confinamiento ha sido demoledor para los mayores"

Amaia Gallego, familiar de una persona mayor dependiente en una residencia, relata sus vivencia familiar durante el confinamiento y su cambio de mirada hacia el mundo de los cuidados

El padre de Amaia Gallego vivía feliz en la residencia a la que había acudido voluntariamente hacía 4 años. Estaba atendido y contaba con un entorno humano muy rico. Pero la llegada de la pandemia lo cambió todo.

De un día para otro, describe Amaia, y sin saber por qué, se encontró aislado en su habitación, sin ese contacto humano y de la familia que es vital para la estabilidad emocional de cualquiera y más para él, por el deterioro cognitivo que padece.

El confinamiento ha sido una experiencia demoledora para los mayores -asegura- y en el caso de su padre ,que además contrajo el Covid-19, ha supuesto una aceleración del proceso de demencia.

Finalmente, decidieron sacarle de la residencia. Su voz -explica Amaia- sonaba cada vez más débil a través del teléfono, que era la única vía de comunicación que tenían. Además, las sujeciones que se aplican en muchos centros para evitar caídas u otros percances, provocaron un accidente que le ocasionó una lesión en la pelvis.

Todos estas vivencias han suscitado un cuestionamiento y una reflexión en el entorno de Amaia. A través del familiar de otra persona residente, cuenta, descubrió que había otra forma de cuidar, otra forma de hacer la cosas: cuidar con dignidad, sin sujecciones, que ahora considera agresiones absolutamente perjudiciales para los mayores.

Humanizar los cuidados durante toda la vida

Amaia ha tenido que modificar su vida sustancialmente para atender a su padre, ahora en casa. A pesar de tener un apoyo profesional, se ha visto obligada a reducir su jornada laboral. La atención es contínua; incluso de noche. Es agotador y muchas veces, confiesa, no sabe cómo actuar.

Por suerte, han encontrado un lugar, pequeño y con una filosofía de atención personalizada que es lo que consideran adecuado para su padre y para cualquier persona. Podrá residir allí tras el verano.

De todo lo vivido esta gasteiztarra concluye que el papel de las familias en las residencias es fundamental, que el sistema sanitario y de atención social están muy desconectados y considera que es muy grave y subsanable la falta de personal -auxiliares, gerontólogos- que registran los centros residenciales, más allá de la situación expecional que ha planteado la pandemia.

Dice Amaia que hay que acometer una revolución en este campo, humanizar los cuidados desde el inicio hasta el fin de la vida. Que lo que no concebimos en una guardería tampoco debemos aceptarlo en una residencia de mayores y que la mejor medicina es el cariño, sin dejar de lado los elementos fundamentales de la atención sanitaria, del aseo o la alimentación.

Las insituciones deben ser más flexibles

Desde Ascudean, la asociación alavesa que agrupa a familias cuidadoras de personas mayores, apuntan que durante la pandemia han recibido muchísimas peticiones de información, de ayuda de familias que se han visto desbordadas en el cuidado de una persona dependiente.

Se han dado situaciones -explica Marta Alonso- en las que el cuidador principal ha tenido que ser hospitalizado y eso ha planteado panoramas de crisis en la organización del día a día; situaciones en las que el dependiente no podía regresar a casa después de un ingreso hospitalario pero tampoco podía entrar en una residencia sin pasar por una cuarentena.

Estas problemáticas -asegura- han tenido que ser solventadas con el esfuerzo de las familias: reducciones de jornada laboral, excedencias, etc. No todo el mundo tiene dinero suficiente para contratar ayuda externa.

Y ante todo esto, Ascudean, ha echado en falta cierta flexibilidad de la administración a la hora de facilitar tramites burocráticos o procesos de concesión de ayudas a domicilio.

Tras una etapa tan exigente física y emocionalmente, la necesidad de descanso de la persona cuidadora -mayoritariamente mujeres- es importante pero, ante el sentimiento de inseguridad que genera un ingreso en una residencia aunque sea por un periodo de respiro, el cuidado parece que se va a seguir haciendo mayoritariamente en casa con el esfuerzo económico -en su caso- y personal que eso supone.

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