Jueves, 01 de Octubre de 2020

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EL ENFOQUE

Sobre subir los impuestos

La opinión de Pomares

España es hoy el segundo país del mundo, sólo por detrás de Perú, que más ha destruido su propia capacidad para crear riqueza. La pandemia nos ha supuesto una recesión de proporciones bíblicas. Para evitar –o al menos retrasar- una hecatombe social, el Gobierno puso en marcha una carísima red de protección –los Ertes- que se quiere mantener en algunos sectores como el turismo, hasta que comience la recuperación. Todo eso, en un país con la deuda pública disparada, y a punto de batir su propio récord de déficit público. Así las cosas, para evitar la quiebra, sólo hay dos opciones: o más impuestos o menos gastos.

Yo no creo que a estas alturas se trate de elegir entre más castigo para quienes tienen trabajo o renta, o generan más recursos, o más castigo para los que dependen del Estado, bien porque trabajan en lo público, bien porque lo público los mantiene. Lo razonable es una combinación de políticas que reduzcan el gasto, por la vía de eliminar todo lo que es superfluo y mejorar la gestión de lo público, y que al mismo tiempo redefina el sistema tributario, para que paguen más sobre todo quienes de verdad tienen más, y no las clases medias agotadas y depauperadas que intentan mantenerse a trompicones.

El porcentaje de ingreso y gasto público está bastante por debajo de la media Europea, más cerca de sistemas liberales como el de Irlanda, que de sistemas sociales como el de nuestra vecina Francia. El sistema tributario español deposita la carga en el trabajo y el consumo y no en la riqueza y el capital, y ese es el principal problema de nuestra fiscalidad. Un problema que debería resolverse –y hacerlo con moderación y con cabeza, pero con determinación-, si queremos evitar que las conquistas del Estado del bienestar se desvanezcan en el aire, y vayamos a un ajuste muy severo que sin duda afectará la recuperación, como ya ocurrió en la salida de la crisis del 2008. Pero hay que saber que exigir a las grandes fortunas y empresas que paguen más por la riqueza, el patrimonio y los beneficios, no servirá de mucho si no se reduce el gasto superfluo. Lo que no parece sensato –aunque sea lo único en lo que los dos partidos del Gobierno coinciden- es seguir gastando sin freno, hipotecando el futuro de nuestros hijos y nietos como si no hubiera un mañana.

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