Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Opinión

El pulmón de la ciudad

La Firma de Javier Blanco

La pasada semana el Partido Socialista pidió explicaciones al gobierno en el Ayuntamiento de la capital sobre la tala de encinas llevada a cabo en el Monte "El Viejo". Los responsables municipales señalaron que los trabajos ejecutados por la Junta responden a la creación de zonas de cortafuegos. Pues bien, la noticia me sirve de excusa para hablar hoy del llamado"pulmón de la ciudad".

Seguramente, cada palentino tiene su lugar predilecto de la ciudad; confieso que el mío es el Monte. Un recorrido por este espacio natural puede ayudarnos a descubrir que "el monte tiene alma", como nos revelaba el recordado Domitilo Valverde, en su publicación de 1990 sobre este patrimonio de Palencia.

No pocas fueron las disputas por la propiedad y explotación del Monte entre el Ayuntamiento de la ciudad y el Cabildo, desde su venta por Alfonso VIII en el año 1191, hasta finales del siglo XIX.

Y tiempos hubo en los que la explotación del Monte sirvió de sustento a la vecindad, sobre todo con la transformación en carbón de la leña que los carboneros vendían después por las esquinas de la ciudad al grito de: ¡carbón de encina, carbón de roble! Reconocida era la labor de los "hacejeros" que sobre sus espaldas bajaban leña a la ciudad para venderla después. También para paliar la pobreza, concediéndose a los braceros el aprovechamiento de un terreno de monte bajo, para que bajasen "a costilla" la leña que pudieran.

Además, se explotaba el subsuelo extrayendo piedra caliza y los yesos; de alguna de las canteras, inclusive, salió piedra para obra pública, arrendándose en ocasiones su explotación a empresas, como la del Ferrocarril del Norte, que en la década de 1850 utilizaba este material como firme para las vías.

Conviene destacar que con las Rentas obtenidas por la explotación del monte, se llegarían a pagar obras en la ciudad: empedrados de calles, arreglos y mejoras en los puentes, y hasta las obras del desaparecido Arco del Mercado, hoy Ponce de León.

Pero la evolución de los tiempos y los cambios sociales transformarían su uso para conseguir la función de ocio y disfrute que hoy nos ofrece. Ya en 1970 la última subasta de leña no tuvo licitador y cinco años después se denegaría el arrendamiento de pastos.

Sí, definitivamente el Monte tiene alma, pero sin olvidar que también sirvió como sustento en el pasado. Hasta la semana que viene.

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