Martes, 01 de Diciembre de 2020

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UNICAJA C.B.

Un Carpena desnudo de cintura para arriba

El pabellón malagueño acogió su primer partido de baloncesto sin público

El Martín Carpena acogió el primer partido del Unicaja desde marzo

El Martín Carpena acogió el primer partido del Unicaja desde marzo / Cadena SER Málaga

Un unicaja - Barsa es un espectáculo en casi cualquier circunstancia y, al margen del indudable interés deportivo, ese casi falló en la noche de ayer porque el llamado Factor Carpena sólo fue tal en el rectángulo del parqué. Es lo que hay y hay que aceptarlo. Pero uno no dejaba de mirar hacia arriba, desde donde surgen los rugidos que hacen del Martín Carpena uno de los pabellones con más ambiente de Europa.

En la pista la organización era la habitual: iluminación perfecta del suelo, las pegatinas de los patrocinadores en su sitio, los banquillos y parte de la publicidad periférica. La zona de enfrente de los banquillos no tenía leds de publicidad, total, para qué, no había nadie que se pudiera fijar. En su lugar estaban colocados unos soportes acolchados de Unicaja. Antes de que los equipos fueran presentados sonó por los altavoces el Thunderstruck de ACDC en un último intento de que los de verde salieran ambientados. Hasta la presentación aparentaba normalidad, primero fue presentado el Barsa y a continuación el Unicaja. El speaker se afanaba en nombrar a los protagonistas y anunciar los eventos del partido.

En los bajos, el Carpena aparentaba que estaba vestido, el problema estaba de cintura para arriba donde su desnudez impresionaba. La vista se perdía entre los asientos vacíos buscando el calor del ruido habitual. El Barsa no recibió ninguna presión desde la grada en su salida a la pista, ni el Unicaja el empujón inicial que predispone a los jugadores del equipo malagueño a comerse el balón. Una gran bandera verde y morada (esta sí se parece a la malagueña auténtica no los morados que muchas veces nos cuelan en las equipacion es de los principales equipos deportivos) cubría parte de la zona baja detrás de una canasta, en el fondo verde. Al lado estaba colocada una fotografía de la familia de Waczynski encargada por la mujer del polaco para buscar un plus de motivación. Y de ahí para arriba estaba el desamparo total con el videomarcador y el anillo Led apagados. Solo estaban encendidos los marcadores electrónicos que hay en dos esquinas, con sus luminosos rechinando sobre los asientos vacíos. Las banderolas de las hazañas colgaban del techo, estaban presentes por si a alguno de los de abajo le daba por mirar hacia arriba, que sintiera la responsabilidad en lo que tenía entre manos. Enfrente la banderola de Berni lucía solitaria, todavía, a la espera de la retirada de Cabezas que esperamos le acompañe en el gancho de los mitos. En los descansos volvía la música a la megafonia, pero sonando mal ya que las canciones no tenían huecos humanos donde esconderse. Fue una experiencia extraña, pero ya nos iremos acostumbrando, supongo. La organización del Unicaja fue perfecta, con todo el pabellón señalizado y el personal controlando que se cumplieran las normas. El próximo martes se da un paso más con la entrada de apenas 225 aficionados en el debut en la Eurocup.

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