Domingo, 25 de Octubre de 2020

Otras localidades

¿Residencias o "morideros"?

La firma de opinión de María José Aguilar Idáñez, Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha

Nuestros mayores han sido la población más afectada por la COVID-19 y también la más abandonada. Especialmente quienes se alojaban y vivían en residencias, donde han muerto más de 33 mil personas desde el inicio de la pandemia.

En los grandes centros residenciales se optó por el aislamiento en detrimento de la salud y los cuidados paliativos. Sin tener en cuenta las necesidades físicas, cognitivas y emocionales de las personas aisladas.

Una deshumanización de los confinamientos de los residentes sin implantación de medidas que preservasen la convivencia, la calidad de los cuidados, las rutinas básicas de movilidad y de sociabilidad. En definitiva, sin dignidad.

Las residencias sin contagios y con menor número de muertes han sido pequeñas, las que se anticiparon y las que han estado fuera de las manos de las grandes empresas y fondos privados de inversión.

Lo que ocurrió en las grandes residencias es que no se garantizaba la atención hospitalaria pero tampoco una alternativa, ni el consentimiento informado del paciente sobre las prácticas que debían realizársele, ni el respeto a su autonomía y dignidad, ni sus últimas voluntades, ni la despedida de sus familias. Muchos murieron en soledad, deshidratados, en agonía y sin cuidados paliativos.

Las residencias de mayores no están concebidas en España como centros sociosanitarios. Quienes viven en ellas se mantienen integradas en el Sistema Nacional de Salud de la misma forma que cualquier otra persona que resida en su propio domicilio. Las residencias son hogares, donde el propósito es la convivencia y la seguridad de los cuidados básicos, no la cura de las enfermedades o la asistencia médica de urgencia.

La situación vivida en las residencias de mayores nunca debería repetirse. Las 33mil vidas perdidas deberían provocar un cambio profundo. El peligro de que las personas mayores que viven en residencias vuelvan a resultar afectadas no ha remitido. En esta segunda ola, no hay excusa para no estar preparados.

Deben tomarse medidas que giren alrededor de la atención a la persona mayor, con una mejor articulación de los servicios sociales y sanitarios a través de la atención primaria y los servicios de emergencia, incluyendo unos cuidados dignos allí́ donde sea necesario.

Debemos asegurar que las personas mayores y sus necesidades de cuidados y salud se pongan en el centro del modelo. Lo grave hoy, es que quienes tienen la competencia exclusiva para hacerlo, que son los gobiernos autonómicos, no estén haciendo sus deberes.

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