Viernes, 30 de Octubre de 2020

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El turismo post-Covid

Las Islas no podrán salir de su peor crisis solo con ERTEs o líneas ICO; precisan de una estrategia integral de reconversión de la industria turística

Turismo

Turismo / Cadena SER

La crisis provocada por la COVID-19 es una crisis de movilidad. El virus se ha convertido en el principal pasajero del 2020. Viaja por tierra, mar y aire, en primera o de polizón, y su brutal capacidad de propagación por todo el planeta ha logrado retraer una de las industrias globales más próspera: el turismo.

La Organización Mundial del Turismo (OMT) ha cifrado la caída del número mundial de viajeros a consecuencia de la pandemia en mil millones de turistas. Es decir que de los 1.500 millones que viajaban en 2019, solo lo hará un tercio: medio millón. Son por ello las regiones turísticas las más castigadas por la pandemia. Y, entre ellas, aquellos destinos con “una dependencia extrema del turismo durante todo el año”. El Plan Reactiva Canarias así lo reconoce: “Somos la comunidad española más afectada por el impacto económico causado por la crisis sanitaria”.

La crisis es inédita y el desconcierto ha sido la tónica dominante con la que se ha intentado gestionar lo ingestionable. Los expedientes de regulación de empleo (ERTE) y las líneas de crédito ICO han sido la tabla de salvación a la que se han aferrado los trabajadores y las empresas para sobrevivir, con la esperanza puesta en doblegar la curva de contagio. Y mientras los índices fueron poco significativos, Canarias vivió en el espejismo del Free-Covid como garantía de futuro. Aspiraba a ser un ejemplo para el mundo, con corredores-piloto y test en origen y destino que avalarían una estrategia que el propio coronavirus echó por tierra.

Renunciamos a la temporada de verano para llegar más libres aún de contagio a la de invierno y la segunda ola se adelantó a agosto. El cierre de Canarias para los mercados británico y alemán representó otra estocada para una tierra con una economía nada diversificada. Y es que si el turismo fue el salvavidas al que se aferró Canarias en la anterior crisis, en la actual ha sido su ancla. El freno que impide a la economía isleña levantar cabeza, porque en torno a la actividad turística gira el grueso de su economía.

¿Cuánto durará la crisis?

El miedo al virus es el gran enemigo a batir para el turismo. Y mascarillas y cuarentenas son factores que desincentivan el amago de volver a coger un coche, un barco o un avión. Tampoco ayuda, por supuesto, la pérdida de capacidad adquisitiva de la clase media de la que se nutre el turismo de masas.

La mayoría de expertos cree que viajar no volverá a ser nunca lo mismo. La realidad es que no lo sabemos. La recuperación de los destinos dependerá en gran medida de la capacidad del tráfico aéreo de dinamizar una movilidad mundial que ha quedado muy tocada, hasta el punto de que ya se habla del rescate de las aerolíneas.

Canarias, con sus 15 millones de turistas, representaba el 1,1% de total de los viajeros mundiales. Es difícil augurar qué capacidad tendrá para mantener esa cuota de mercado en los tiempos post-covid, frente a otros destinos quizá más seguros desde el punto de vista sanitario o simplemente más próximos. Porque es imposible predecir cómo estará Canarias desde el punto de vista epidemiológico en los próximos meses ni cuántas rutas áreas habrá sido capaz de retener y reactivar.

Las Islas siguen teniendo, eso sí, al clima y la naturaleza como grandes aliados. Aunque la realidad es que en el mejor de los casos habrá perdido por el camino más de 10.000 millones de euros de ingresos, del total que representa el turismo en su economía: el 35% del PIB insular y 16.000 millones de euros.

Por culpa del coronavirus, el Archipiélago pasará de ser una región de 46.700 millones de renta a una de menos de 35.000 millones. Por debajo incluso de los 42.000 millones en que se colocó en el año 2008, con la gran recesión: “A mediados de octubre volveremos a tener movimientos turísticos, pero tardaremos entre 3 y 5 años en recuperar los volúmenes de 2019”, sostuvo el presidente de la patronal de Las Palmas, José Agustín Manrique de Lara.

El futuro se crea

Pero la recuperación no dependerá solo de la evolución del virus, será más lenta o más rápida dependiendo de cómo se gestione la crisis: el nivel de error o acierto de las medidas y decisiones que se tomen.

La canaria es una economía demasiado rígida, carece de la resiliencia necesaria para adaptarse a los nuevos tiempos. Y un turismo de más excelencia y sostenibilidad también requiere hacer algunas cosas de otra manera, por mucho que les pese a los defensores del modelo sol y playa como el único viable. El propio plan del Gobierno Canarias Fortaleza apunta algunos caminos, entre ellos impulsar al máximo las inversiones para adaptar los espacios públicos y privados a un destino de verdad de más calidad.

Entre las múltiples voces que se han hecho oír durante la pandemia, conviene retener aquellas que arrojan alguna luz sobre tantas sombras. En este sentido, resulta especialmente esperanzadora la afirmación que lanzó el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, ante la magnitud del reto: “Es imposible adivinar el futuro, pero la mejor manera de predecirlo es crearlo”.

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