Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Opinión

Por la puerta de atrás

La Firma de Javier Blanco

Hoy me van a permitir que alargue "La Firma" unos segundos más, para hablar de la que debiera ser la casa de todos, y no lo es: la Casa Consistorial, nuestro Ayuntamiento. Y no lo es desde el momento en que al colectivo de discapacitados se le priva de acceder a determinados servicios de sus instalaciones. Además, no debemos olvidar que es el lugar donde se celebran los Plenos: sesiones a las que se les dificulta acudir, obstaculizando un derecho que asiste a cualquier ciudadano.

Siempre me ha parecido un desprecio, un insulto para las personas con movilidad reducida, tener que entrar al edificio municipal por la puerta de atrás, como si de "apestados" se tratara. Y eso cuando el elevador allí instalado funciona, que puedo asegurar no es siempre; bueno casi nunca. Y para colmo, en estos meses de pandemia esa puerta trasera se mantiene cerrada.

Sí, ya lo sé. El pasado mes de abril se aprobó el Proyecto de Rehabilitación que recoge la accesibilidad del edificio desde la fachada principal, mediante una rampa y un ascensor, y la adecuación del acceso de la puerta de atrás para llegar a las diferentes oficinas y dependencias municipales.

Pero también es verdad que han pasado dieciocho años desde la aprobación de la Ordenanza de 2002 que regula la Accesibilidad y Supresión de Barreras Arquitectónicas en la ciudad. Y también nos consta que el 4 de diciembre de 2017 se cumplía el plazo para que todos los edificios fuesen accesibles, y han pasado tres años desde entonces.

Mal ejemplo para el contribuyente es que, quien debe dar ejemplo y encargarse de las funciones de gobierno y administración de un municipio, descuide ciertas obligaciones emanadas de su propia normativa. ¿Quién vigila a los vigilantes?, que diría Juvenal.

No es de recibo justificar el retraso que los diversos Gobiernos municipales han demostrado en este asunto, amparándose en el valor artístico y patrimonial que este inmueble representa, o bien las dificultades que comporta su accesibilidad, o la estética del edificio, por no hablar de la falta de presupuesto.

Es un curioso modo de establecer el discernimiento entre la elegancia y la funcionalidad, y en este caso está claro - al menos para mí - que prima la utilidad, por simple necesidad. Pues apliquemos el razonamiento y el sentido común, que parecen estar en crisis en este país.

Con la esperanza de vida actual, todos somos discapacitados en potencia. Por eso quiero terminar con el lema que rubricó las campañas de sensibilización del movimiento asociativo allá por los años 80: "Mañana puedes ser tú".

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