Domingo, 25 de Octubre de 2020

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FIRMAS DE OPINIÓN

'Delenda est monarquía'

La firma de opinión de Manuel Ortiz Heras, catedrático de Historia Contemporánea, en Radio Albacete

Delenda est monarquía, así titulaba un artículo el filósofo Ortega y Gasset en noviembre de 1930. La monarquía de Alfonso XIII había quemado sus naves vinculando su suerte a la del dictador Primo de Rivera después de verse envuelto en varios casos de corrupción. El 12 de abril de 1931 los españoles fueron convocados a las urnas para elegir a los nuevos munícipes, pero dichas elecciones se convirtieron en un plebiscito que terminó con el triunfo indiscutible de las candidaturas republicanas en la mayoría de las ciudades. El monarca se exilió y la II República echó a andar. ¡No se ha marchao, que le hemos echao! Decía la copla popular.

En el siglo XIX, la revolución de septiembre de 1868 acabó con la monarquía de Isabel II después de un reinado salpicado de guerras civiles, graves errores políticos y el deterioro de las instituciones liberales españolas que, con mucha dificultad, en medio de sucesivas crisis económicas, intentaban construir la nación española. Se iniciaba así el sexenio democrático que terminó en la primera experiencia republicana que apenas duró nueve meses y que llegó a contar con cuatro presidentes.

El exilio de aquellos dos borbones es recordado estos días por la irregular salida a los Emiratos Árabes del monarca emérito Juan Carlos I. Su abdicación en 2014, después de un grave deterioro de la institución monárquica, se planteó como una especie de cortafuegos con la que detener la caída en picado de la corona. Atrás quedaba su liderazgo en la transición. Sus muchos aciertos en esos momentos decisivos en los que heredó el monopolio del poder de manos de Franco le sirvieron para reinar durante casi cuatro décadas. Ese importante apoyo popular, blindado por los acuerdos políticos y la protección de los medios de comunicación, fue erosionándose paulatina pero inexorablemente por una suma de actuaciones que han convertido a la monarquía en un problema notable para la gobernanza del país.

Si los republicanos no eran mayoría en 1873 y tampoco en 1931 pero se aprovecharon de la crisis monárquica para alcanzar el poder, ahora, cuando los monárquicos tampoco son legión, comprobamos con enorme preocupación que la institución se ha convertido en un elemento de división y, por ende, en un claro motivo de inestabilidad política. Con la economía española echa unos zorros en manos del primer gobierno de coalición de nuestra joven democracia y frente a una crisis sanitaria inédita de dimensiones colosales, no parece el mejor momento para plantear un cambio de régimen. Sin embargo, si la monarquía no es capaz de dotar al país de una mínima e imprescindible estabilidad será cada vez más difícil su sostenimiento. Gobierno y oposición no pueden apropiarse de la institución por separado o utilizarla como arma política arrojadiza contra el adversario.

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