Domingo, 25 de Octubre de 2020

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FIRMAS DE OPINIÓN

El Estado autonómico a revisión

La firma de opinión de Manuel Ortiz Heras, catedrático de Historia Contemporánea, en Radio Albacete

La identidad nacional española ha sido muy debatida en algunos territorios con especial ahínco y el sentimiento de pertenencia a una única nación no ha merecido nunca un apoyo abrumador. Se ha hablado mucho de la débil nacionalización española desde el liberalismo decimonónico. La crisis de 1898 estuvo muy relacionada con el nacimiento de unos nacionalismos periféricos o alternativos. Por eso durante la II República se aprobaron y solicitaron estatutos de autonomía que serían prohibidos al final de la guerra civil.

La idea de España y su configuración política ha sido una constante preocupación en la reciente historia democrática adobada con enfrentamientos muy profundos. La constitución de 1978 dedicó su título VIII a ordenar el territorio y satisfacer las aspiraciones nacionalistas largamente incubadas y despreciadas por el franquismo.

Si la democratización fue posible se debió también a que la presión de la calle -libertad, amnistía y estatuto de autonomía- convirtió el reconocimiento de las nacionalidades y pueblos del país en un clamor que la nueva clase política aceptó entre sus proyectos.

Después de una fructífera singladura, a comienzos del presente siglo, el estado autonómico empezó a ofrecer fisuras y a generar críticas que ponían en cuestión lo que durante muchos años había sido reconocido como uno de los logros más importantes del estado democrático español. El mapa autonómico ha favorecido unas tendencias centrífugas que tienden a reclamar competencias sin límites. Lo que se descubrió como una solución transitoria, que copiamos del modelo alemán con sus Lander, no se ha sabido corregir y adaptar a una sociedad y política en constante ebullición. Así hemos llegado a una especie de enmienda a la totalidad que ha terminado por definir las autonomías como el principal problema del país. Desde 2017, cuando se produjo la suigéneris declaración de independencia del Parlament, y hasta el estallido de la actual pandemia, la cuestión catalana se ha convertido en casus belli.

Es obvio que encontramos serias dificultades en la armonización política de un país sumamente descentralizado, en la práctica federal, que entre sus asignaturas pendientes contempla la reforma del Senado. Seguimos sin resolver de manera satisfactoria la integración de los pueblos de España en un orden constitucional básico y estable. Es preciso acometer la redefinición del Estado en materia autonómica pero no cometamos el craso error de echar por la borda los logros alcanzados. Han fallado muchos mecanismos de construcción de identidad colectiva que creíamos infalibles, pero con perspectiva inclusiva, tolerante y pragmática podemos recuperar el pulso y consolidar lo mucho que nos une desde la legítima y heterogénea idiosincrasia de los pueblos que conforman España.

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