, 26 de de 2020

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FIRMAS DE OPINIÓN

El día de la Fiesta Nacional

La firma de opinión de Manuel Ortiz Heras, catedrático de Historia Contemporánea

España tiene un problema singular con los símbolos nacionales. El himno, la bandera y el escudo no han cumplido el principal objetivo de ahondar en los lazos identitarios de los españoles. La azarosa historia reciente ha contaminado hasta la extenuación la elección de estos referentes que gozan de notable popularidad en otros países. La apropiación espuria de estos elementos de exaltación del pasado colectivo por parte de determinadas organizaciones y su vinculación con algunas experiencias políticas recientes ha llevado a que una parte importante de la población no se sienta partícipe de su celebración.

El caso más significativo al respecto atañe al día de la fiesta nacional, que no pocos confunden con otros días señalados del calendario. Muchos españoles ni siquiera son capaces de explicar qué celebramos el día 12 de octubre. Tal vez la coincidencia con la fiesta católica de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, amén del ahora escasamente recordado día de la Hispanidad -descubrimiento de América por Colón-, hayan contribuido a generar esa confusión.

Los estados nación decimonónicos construyeron identidades idealizando tradiciones inventadas y celebrando gestas patrióticas que cohesionaran a sus ciudadanos. No es tanto la Historia como ciencia la que vino a respaldar esas elecciones. Fueron los mitos, en cuanto relatos fundacionales que nos hablan de actuaciones ejemplares de personajes extraordinarios de un tiempo memorable y lejano, quienes avalaron esas opciones. Esos mitos pretenden fijar lecciones morales como portadores de valores sobre los que descansa la comunidad. Se forja así la identidad colectiva y aumenta la autoestima a partir de la exaltación de un pasado mitificado.

Esta mitología nacionalista española echó a andar en 1892 con motivo de la celebración del IV Centenario del descubrimiento. España atravesaba una situación decadente en el concierto internacional y gran parte de América estaba saliendo de guerras y conflictos por asentar su independencia. En 1918 el gobierno de Antonio Maura señaló la celebración de la fiesta de la Raza para ese día, abarcando a una comunidad imaginada en la que se incluía a la América hispana. Franco, al igual que había hecho Primo de Rivera, reforzó el carácter reaccionario y militar del mito y la Transición, en 1981, apostó por la denominación de Fiesta nacional de España y Día de la Hispanidad. La ley 18/1987 del Partido Socialista fijó en el calendario la fecha prescindiendo de la coletilla colonial. Atrás quedaron otras alternativas más coherentes con los valores democráticos que se estaban construyendo, como el 6 de diciembre, día de la Constitución. En pleno siglo XXI y con importantes problemas de identificación nacional entre nosotros se nos ven las costuras en el diseño más básico de dicha construcción.

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