Lunes, 26 de Octubre de 2020

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Opinión

Nobel de humanidad

La Firma de Guillermo Granja

Muy de vez en cuando, menos frecuentemente de lo deseable, aparecen personas que nos demuestran con sus hechos la buena pasta de la que están hechas los humanos y que muy pocas veces sale a relucir. Esto viene a cuento por la propuesta para el premio Nobel de la Paz del obispo emérito de Palencia, el padre Nicolás Castellanos.

Creo que esta provincia y su capital son testigos de su valía personal y ya le han realizado muchos y merecidos reconocimientos. Es más, en este país ya ha sido profeta en su tierra y su Fundación Hombres Nuevos recibió en 1999 el premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Ahora, esta fundación, que él creó, está trabajando en la búsqueda de los apoyos necesarios para poder hacer realidad su candidatura a tan prestigioso premio. Ya se han sumado siete profesores universitarios, pero se necesitan más personalidades de reconocido prestigio para poder lograr este objetivo final. Por eso espero que todas las instituciones locales, provinciales, regionales y nacionales se impliquen denodadamente en esta tarea ingente.

Para mí, aunque no lo consiga, ya es un premio Nobel en Humanidad. No le conozco mucho, pero he visto las obras que ha ido dejando por su deambular y, sobre todo, por lo que la gente que ha estado cerca de él me comenta. De todos ellos, me quedo con mi suegro, Ángel, que en su adolescencia pudo compartir con el padre Nicolás muchas experiencias y vivencias, ya que fue su profesor de historia y padre espiritual. Me comenta que estaba permanentemente al lado de los seminaristas y les acompañaba en los momentos religiosos, de estudio y de recreo, en definitiva, era como su sombra.

Me lo define como un joven profesor que irradiaba ilusión, alegría y simpatía, que acababa de perfeccionar sus estudios en Roma, donde iban los agustinos que destacaban por su inteligencia y valía. También lo recuerda como una persona de mente despierta y ágil, de carácter trabajador, bonachón, y simpático, que inspira confianza a sus pupilos y que transmite su ilusión por las cosas. Me dice de él que es un ser humano que ama la paz y la igualdad entre todos los hombres y que siempre está al lado de los más humildes, por eso la idea de las misiones, para ayudar a los más débiles, ya se la transmitía entonces a sus alumnos.

Lo que más destaca de él es que transmite confianza. Me confiesa que cuando acudían a su habitación para hablar con él lo hacían como si de un amigo se tratase. Los conocía uno a uno y sabía cómo era su forma de ser y de pensar.

Entre otras anécdotas mi suegro me comenta que un día caminando por una calle de Palencia, medio siglo después de abandonar sus clases, al pasar a su lado no le vio, sin embargo él le reconoció y le dio un pequeño empujón para saludarle. Se acordaba perfectamente de él y también de cómo era su padre.

Lo último que destaca mi suegro de D. Nicolás Castellanos es que “siempre le admira por ser un hombre comprometido y luchador incansable por toda causa justa”.

Muchas gracias por su atención y apoyemos todos juntos esta propuesta de premio Nobel de la Paz para el padre Nicolás Castellanos.

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