Lunes, 26 de Octubre de 2020

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Los misioneros, personas que sí merecen la pena

La Firma de Pedro Brouilhet

En medio de tanto ruido, gritos, discordias, encontronazos, personajes públicos tóxicos... tengo la suerte de conocer a personas anónimas que hacen de su vida callada un ejemplo de entrega, servicio, donación, amistad, esfuerzo.

Viendo y escuchando a líderes egocéntricos, preocupados sólo de los suyo y de los suyos, tengo la suerte de conocer a personas que viven sólo por y para los más pobres.

Apenado por ver a los famosillos que triunfan en alguna cadena de televisión, descubro que hay hombres y mujeres cuya única fama es su tarea callada y entregada hacía los más desfavorecidos de nuestra tierra.

Triste por el clima de división que reina en nuestra sociedad, valoro cada vez a las personas que apuestan por el diálogo, lo que nos une, la ayuda a los que peor lo pasan, la unidad entre las diversas organizaciones para construir un mundo mejor.

Sorprendido por la utilización que unos y otros quieren hacer de la justicia, apoyo cada vez más a aquellas personas que defienden una justicia universal, independiente, equitativa, justa...

Molesto por los que sólo saben interpretar la realidad desde su ideología, me quedo con las personas que descubren que el otro ante todo es persona, que necesita atención, escucha, sea cuál sea su raza, ideología o creencia...

Frente a personajes que sólo viven para sí mismos y para los suyos, hoy quiero recordar en este comentario a nuestros misioneros, en este fin de semana que celebramos el DOMUND. Hombres y mujeres que han decidido dedicar su vida entera al servicio de los más pobres y necesitados.

Sencillez, humildad, entrega, donación... palabras que son parte del traje de estas personas, que "salen de su tierra" para "des-poseerse", para que otros se "apropien" de su vida y de sus capacidades.

Los misioneros no utilizan el "yo". Ellos rezan a Dios desde el "nosotros". No hay "ellos" ni diferentes. Son mensajeros de la Vida. Se empeñan en construir, en allanar, en ser esperanza de los pueblos más periféricos, olvidados y desconocidos.

Los misioneros están en medio del pueblo, con el pueblo, consolando, aliviando, con el delantal del servicio siempre incorporado. Son transmisores del perdón del Dios misericordioso.

Mi recuerdo para tantos compañeros que han decidido dejar nuestras tierras palentinas para servir y trabajar con los más desfavorecidos. Han dejado el calor de sus casas para vivir a la intemperie. Muchos de ellos luchan por construir una sociedad mejor, donde las personas ocupen el primer sitio. Construyen iglesias con las puertas abiertas. Comunidades con una mano agarrada a Dios y otra mano agarrada a las personas.

Algunos de nuestros misioneros han dado su vida por denunciar las injusticias en la que viven millones de seres humanos, cerca y lejos de nosotros Todos ellos han sido generadores de un mundo nuevo. En esta pandemia no han abandonado el barco y siguen al píe del cañón, ayudando y buscando proyectos de desarrollo para que los más pobres puedan salir adelante.

¡Gracias por la entrega, gracias por la ayuda, gracias por el servicio; gracias, mil gracias!

Vosotros sois la antítesis de los personajes agrios que triunfan en nuestro mundo.

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