Miércoles, 28 de Octubre de 2020

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Los sanitarios reclaman mejoras para afrontar la segunda ola del coronavirus bajo una paz social

El doctor José Eugenio Guerrrero, portavoz del colectivo, ha asegurado que la pandemia "ha servido para aprender lecciones importantes que han permitido recuperar valores esenciales"

El jefe de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el doctor José Eugenio Guerrrero Sanz, ha asegurado que "el coronavirus sigue ahí hoy en día y por eso, en este momento, es más importante que nunca cuidar la sanidad e intentar mejorarla entre todos día a día" porque, si algo se aprendió durante la primera ola de esta pandemia, es que un buen sistema sanitario ofrece seguridad en tiempos de incertidumbre y proporciona estabilidad y paz social.

Han sido las palabras de Guerrero durante su intervención en nombre de todo el colectivo de sanitarios que han recibido el Premio Princesa de Asturias de la Concordia por su trabajo en primera línea frente a la pandemia del COVID-19.

El doctor ha recordado a Unamuno para señalar que el galardón supone un reconocimiento a todos los que construyen la vida diaria anónimamente, sin que el nombre aparezca en ningún sitio, pero que "todos ellos son los verdaderos protagonistas de la historia".

Guerrero, que luchó contra el virus en Madrid, ha apuntado que la historia del año 2020 estará marcada por la peor crisis sanitaria a la que el mundo se ha enfrentado en el siglo XXI, lo que provocará cambios en la forma de vida y obligará "a afrontar un futuro incierto". Sin embargo, también ha querido mostrar la parte más positiva. Según su parecer, ha servido para aprender lecciones importantes, que han permitido "recuperar valores esenciales" y que han hecho recordar que "es difícil entender la palabra concordia si no va unida a la de solidaridad". "Una pandemia que nos trajo y trae tanto sufrimiento, dolor, deshumanización y muerte, también nos ha recordado que la concordia solo se obtiene con el esfuerzo de todos a través de la solidaridad", ha subrayado ante menos de medio centenar de autoridades que han seguido la entrega de estos galardones desde la antigua capilla del Hotel de la Reconquista, un acto restringido y sin público por la pandemia.

Unión ante el desaliento

Los "terribles días de esta primavera" se superaron trabajando juntos y unidos distintos estamentos de la sanidad pública y privada, con el apoyo de empresas y organizaciones y la ayuda de los cuerpos de seguridad del Estado, y que como sanitarios, "lucharon por la vida, por aliviar, por devolver la esperanza en momentos inciertos".

"No fuimos héroes. O quizá lo fuimos todos. Porque frente a una pandemia que nos obligaba al distanciamiento, supimos romper la barrera y hallar un punto de encuentro y a las ocho de la tarde, cada día, salíamos a aplaudir a la vida, a buscar en la mirada de los otros la fuerza para seguir adelante, sabiendo que no estábamos solos", ha señalado en presencia de los reyes. Además, ha insistido que con esta pandemia se ha aprendido también que "un buen sistema sanitario ofrece seguridad en tiempos de incertidumbre y proporciona estabilidad y paz social, imprescindibles para hacer frente a una crisis" como la que se sigue viviendo.

Tras reconocer que "hubo desaliento, cansancio infinito, lágrimas y miedo", ha señalado que siempre volvieron a levantarse "porque rendirse no era una opción" y que hicieron su trabajo lo mejor que supieron y pudieron, conscientes de que compartían "un destino común con toda la sociedad y que en la lucha contra el virus no era posible esperar milagros, solo valía el trabajo, la dedicación y el esfuerzo, más allá de cualquier límite".

Por último, ha tenido palabras de recuerdo para los sanitarios que fallecieron en su lucha contra el COVID-19, hombres y mujeres que dedicaron su vida a cuidar de otras vidas y que llevaron su generosidad y su compromiso hasta el extremo.

Precisamente, entre los sanitarios que han acudido a Oviedo para recoger este galardón se encontraba Teresa López Pernia, madre de Sara Bravo, la médico de familia del centro de salud de Mota del Cuevo (Cuenca) que, con 28 años, perdió la vida atendiendo a pacientes de coronavirus, el fallecimiento más joven de España.  Junto a ella, dos neumólogos, una farmacéutica, una especialista en medicina interna, un enfermero en una residencia de ancianos, una trabajadora de la UCI del Hospital Central de Asturias y la directora de Enfermería del equipamiento asturiano, un auxiliar de enfermería, un técnico en emergencias sanitarias y uno de imagen para el diagnóstico, una limpiadora y un MIR han sido los encargado de representar a todos los sanitarios españoles que pelearon contra el COVID-19. 

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