Viernes, 27 de Noviembre de 2020

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FIRMAS DE OPINIÓN

El compromiso del intelectual: Miguel Delibes

La opinión de Manuel Ortiz Heras, catedrático de Historia Contemporánea

En 1898 la prensa francesa publicó una carta del escritor Émile Zola en la que denunciaba un auténtico crimen social. Un capitán de origen judío, Alfred Dreyfus, había sido utilizado como chivo expiatorio en un contexto de espionaje y antisemitismo. El novelista no quiso ser cómplice de aquella sentencia política. Aquel alegato ha servido para que se haya acuñado la expresión de "intelectual comprometido" que ha dado pie a una larga lista de personajes que han adquirido notoriedad por su militancia.

En el periodo de entreguerras alcanzarían la mayor celebridad muchos de ellos. Después la figura se ha ido diluyendo en la medida en que han aparecido otras alternativas de información y denuncia social y se ha producido la democratización de la cultura. Ahora son muchos los que opinan que el papel de los intelectuales en una sociedad democrática moderna está devaluado, particularmente en algunos países, incluso se dice que esa figura pertenece al pasado. En todo caso, me alineo con aquellos que defienden la función social de estos símbolos, a pesar de los diferentes criterios y debates para su definición.

Miguel Delibes Setién, intelectual sin paliativos, del que se cumple ahora el centenario de su nacimiento, lo era porque nadie puede dudar de su perfil de agitador intelectual versátil y omnipresente por el peso de su densa obra, por su aureola -véase la cantidad de premios cosechados en vida- y renombre profesional, así como su acrisolada conciencia crítica. Es preciso ensalzar su admirable pensamiento crítico en defensa de los desfavorecidos en aquella España autoritaria y amordazada que fue la dictadura franquista. Ese desempeño tuvo lugar sin pretender entrar en la lucha política. Adoptó una cierta superioridad moral como denunciante de las injusticias y desigualdades sociales de su época.

Delibes representa como pocos en su generación la influencia de la autoridad desde la adopción de una conciencia vigilante de la sociedad sin proponérselo, desde su atalaya privilegiada. Su proverbial humildad le impulsó a no aceptar un compromiso o militancia política determinada, sin renunciar a su condición de católico liberal, ni siquiera a asumir el calificativo de intelectual que aquí le atribuyo, aunque dirigiera un periódico de gran reconocimiento, el Norte de Castilla, y ejerciera la docencia desde su cátedra de Historia del Comercio en la Universidad de Valladolid. Su militancia fue siempre con el medio rural -la España deshabitada-, con la naturaleza y la humanidad, o la integridad en el afán por conquistar una sociedad más justa, libre e igualitaria, pero sin corsés ideológicos.

Auténtico visionario, sus obras son un patrimonio universal que es preciso preservar para las nuevas generaciones. Recuerdo con especial ahínco obras como El Camino, Cinco Horas con Mario o Los Santos Inocentes. Estos días se ha evocado con acierto su lúcido discurso de entrada en la RAL el 25 de mayo de 1975 que confirma sin resquicios su condición de intelectual comprometido.

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