Miércoles, 02 de Diciembre de 2020

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Pandemia de soledad

Por la catedrática de Trabajo Social, María José Aguilar

"Tenemos el deber moral de repensar como sociedad nuestra relación con las personas mayores y la vejez. Para evitar la soledad no deseada y hacer que nuestras vidas sean vivibles. Es decir dignas, respetadas, vinculadas, cuidadas, apreciadas. En resumen, humanas"

Cuando hace un mes Maite Alberdi recogió el premio del público en el Festival de Cine de San Sebastián, expresó algo que no se ha dicho, que no se ha querido decir, y que no nos atrevemos a decir: que en las residencias de ancianos existía una pandemia anterior al coronavirus, que es la pandemia de la soledad.

Su extraordinario documental, EL AGENTE TOPO, narrado en clave de thriller cómico, es el resultado de 400 horas de grabación dentro de un hogar para personas mayores que no han elegido vivir allí. La residencia chilena que muestra el documental es un centro amable y respetuoso de la dignidad de las personas mayores y, en ese sentido, podría ser un buen ejemplo de lo que una residencia para personas mayores tendría que ser.

Entre otras muchas virtudes, la película nos muestra que por muy adecuados y técnicamente bien gestionados que sean estos centros, por mucho cariño y buen trato que proporcionen sus profesionales, hay una pandemia que las personas mayores sufren desde hace mucho tiempo, y que sólo la familia, los amigos y el vecindario pueden combatir: la soledad no deseada.

La soledad a la que abocamos a nuestros mayores, a quienes hemos ido relegando y minusvalorando como sociedad con el paso del tiempo. Nuestro vínculo como sociedad con las personas ancianas ha ido perdiendo valor de forma acelerada.

Y es que la distancia que hoy separa a la sociedad de sus mayores no es solamente física, sino moral. Un desapego que no solo representa una falta de afecto, sino una injusticia profunda hacia una generación que en otros tiempos nos hubiera inspirado respeto y veneración. En un mundo obsesionado con la juventud y la belleza, la vejez se ve cada vez más como un estorbo. En una sociedad donde sólo importa producir para consumir y consumir para producir, los ancianos sobran. Los tratamos como si fuesen residuos humanos.

Tenemos que revisar con urgencia nuestra relación con la vejez, aunque solo sea por puro egoísmo, porque -con suerte- todos llegaremos a esa etapa de la vida.

Y termino con estas palabras de Julio Cortázar:

"Ojalá que cuando llegue el día, alguien me sostenga con su cariño, me perpetúe a través del afecto; será la prueba más honda de que no habré vivido en vano".

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