Viernes, 27 de Noviembre de 2020

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Los accidentes de tráfico en 1930: cuando Álava tenía tan solo 1.100 coches

El 1 de diciembre de 1930 fue un día trágico en las carreteras alavesas

Carretera a Elorriaga donde ocurrieron dos de los accidentes

Carretera a Elorriaga donde ocurrieron dos de los accidentes / Archivo Municipal / S. Arina

El 1 de enero de 1930 Álava tenía tan sólo 1.108 vehículos matriculados, algo más del doble que cinco años antes. El parque de vehículos a motor matriculados en España alcanzaba en el inicio de esa década los 230.547, siendo la provincia que encabezaba la lista Barcelona con 41.416 y ocupando el último puesto Ávila, con 707 vehículos.

En las provincias cuyo nombre era distinto al de la capital, se utilizaba la primera o dos primeras letras del nombre de estas últimas, que en el caso de nuestro territorio era: VI.

El Archivo Municipal de Vitoria Gasteiz, conserva una fotografía de Ceferino Yanguas, de un autobús marca Mercedes con matricula VI-525, que fue matriculado durante el año 1925.

La cifra de vehículos de entonces en nuestro territorio, hoy nos parece inapreciable, sin embargo el trafico producía numerosos accidentes, como en el caso que nos ocupa: en un solo día hubo tres.

Autobús en 1925 / Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz / C. Yanguas

Accidente grave

En 1930, Ambrosio González era el representante exclusivo en España y Portugal de la empresa americana Todd Protectograph Co., fabricante de un dispositivo protector de control mecánico manual, destinado a impedir la alteración o falsificación de cheques comerciales. La máquina realizaba una impresión indeleble sobre los documentos, que era prácticamente imposibles de imitar.

El aparato fue un éxito, y en los años veinte del pasado siglo llevaba vendidas en todo el mundo unas 75.000 maquinas, que eran adquiridas por bancos y empresas.

Dado el gran éxito del artilugio, Ambrosio viajaba continuamente por toda la península ofreciendo ese producto a sus potenciales clientes, además de otros como sumadoras mecánicas.

Para trasladarse entre las poblaciones necesitaba un coche potente y seguro, por lo que adquirió uno de la marca “Buick” matriculado en San Sebastián, uno de los mas elegantes y con una mecánica de primera línea. El modelo se importaba de Estados Unidos y era la envidia de los conductores. Muy pocos de esa marca se veían circulando por estos pagos.

Ambrosio tenía dos domicilios: uno en Madrid, en Carabanchel Alto, y otro en Vitoria, en la calle Ortiz de Zárate número 27. Este último le servía de base de operaciones para desarrollar su trabajo en la zona norte.

Dentro de sus habituales visitas a sus clientes, se trasladó con su vehículo a Pamplona a primeras horas el día 1 de diciembre de 1930 regresando a nuestra capital sobre las nueve de la noche. Dejó aparcado el auto frente a su domicilio y recordó, ya en casa, que había dejado en el coche algunos objetos, por lo que mando a su hijo que bajara a la calle a recogerlos.

Su hijo bajo pero se quedó sorprendido, ya que el automóvil no estaba donde su padre le había indicado. Seguidamente Ambrosio comprobó que efectivamente el coche no se encontraba en el lugar donde lo había aparcado. Aunque era poco frecuente entonces, pensó que le habían robado el auto. 

Hacía las nueve y media de la noche el soldado Gustavo Penaus y los trompetas de la banda militar Francisco Mateo Urraca e Ismael Oraá Iñiguez de Mendoza, estos dos últimos vitorianos, pertenecientes los tres al Regimiento de Artillería, tras el toque de retreta y figurar como presentes en el cuartel, saltaron la tapia y salieron del cuartel para dar “un garbeo”.

Al pasar por la calle Ortiz de Zárate vieron el llamativo coche aparcado de Ambrosio, que les cautivó. Decidieron montar los tres en el vehículo “dos plazas”, lo pusieron en marcha y salieron de Vitoria por la actual calle Santiago, tomando la carretera a Pamplona y San Sebastián. Presumiblemente se puso al volante Gustavo Penaus, que era chófer de profesión.

Antes de llegar al pueblo de Elorriaga, a la altura del camino que se dirigía a la ermita de Santa Lucia, -hoy calle de Los Astrónomos-, la carretera tenía una pequeña cuesta y una curva, que hoy ya no existen, concretamente junto a la estación de transformación eléctrica actual.

Los hermanos Marcos y Pedro Pérez, vecino el primero de Arkaia y de Ilarratza el segundo, marchaban por la carretera en bicicleta en dirección a sus aldeas, cuando al inicio de la cuesta mencionada, el auto les pidió paso tocando la bocina, siendo adelantados por el vehículo como una exhalación. El coche circulaba a gran velocidad, como si quisieran imitar a Luigi Fagioli el piloto italiano de autos estrella del momento, que disputaba las carreras con un Maserati

A los veinte metros aproximadamente de ser adelantados, los ciclistas vieron que el coche hacía un extraño movimiento y se salía de la carretera, chocando contra un árbol situado al borde de la misma. El brutal topetazo prácticamente partió el vehículo por la mitad, alcanzando el impacto totalmente a los asientos de los ocupantes, cuya parte quedó destrozada no resultando afectados ni al motor ni al capó. El coche, antes de chocar hizo un giro de 180 grados, quedando tras el impacto en sentido contrario al de la marcha, enfrente de la casa de “Ache”.

Debía ser vertiginosa la velocidad del auto, a juzgar por la forma en que el coche quedó incrustado en el árbol. Tal como indicaba el diario local Heraldo Alavés “no se comprendía, como no murieron en el acto partidos en pedazos, los tres muchachos”. 

Observando la gravedad de los ocupantes, los ciclistas regresaron apresuradamente a la ciudad, y dieron cuenta de lo sucedido a la Guardia Municipal.

Estado del coche tras el accidente / Mundo gráfico

Tan pronto como se supo lo ocurrido, salió del Hospital Civil el coche-ambulancia al lugar del accidente y recogió a los accidentados, uno de los cuales Gustavo Penaus, parecía sufrir las heridas más graves. 

En el centro hospitalario el médico de guardia, doctor Villacián, asistido del practicante Teodoro Castro, procedió a atenderlos, apreciando que los tres se encobraban en grave estado.

El redactor de Heraldo Alavés, que acudió al hospital en busca de información, y a quien no se permitió el acceso al pabellón donde estaban internados, pudo “escuchar con frecuencia quejidos lastimeros, que sobrecogían el ánimo”, observando que en una camilla y a través del ascensor el herido Ismael Oraá, que parecía el menos grave, era trasladado a otra planta.

Los accidentados presentaban las lesiones siguientes: Ismael Oraá, fractura de clavícula derecha, enfisema y fractura de la pierna del mismo lado; Francisco Mateo, fractura del fémur derecho y heridas importantes en la cara; Gustavo Penaus, contusiones en la cara y cráneo y herida en el brazo izquierdo.

El resultado del accidente fue trágico: el día 2 fallecía Gustavo Penaus y días después Francisco Mateo. Ismael Oraá fue trasladado al Hospital Militar, y aunque le costó tiempo logró recuperarse.

Foto aérea del lugar del accidente. 1932. / AFA-DFA

Los Oraá

Hemos encontrado en las hemerotecas algunos datos sobre Ismael y su familia. Cuando el chico estuvo hospitalizado manifestó que sus padres se encontraban en Cuba, lo que parece tener alguna relación con lo publicado en el Diario de Reus del 16 de Noviembre de 1928 – dos años antes del accidente- que dice lo siguiente: “La policía de Barcelona, cumpliendo órdenes de la Dirección General de Seguridad, condujo a la frontera francesa, expulsado de España, a Ismael Oraá Iñiguez, de nacionalidad cubana.”

Tenemos otro dato sobre un edicto, publicado en el Boletín Oficial de la Zona del Protectorado Español en Marruecos. En el mismo se detalla que por providencia dictada por el Juez de Primera Instancia de Tetuán el 11 de agosto de 1944, se deja sin efecto la requisitoria emitida con anterioridad referida a “Ismael Oraá Iñiguez de Mendoza, de 33 años de edad, soltero, hijo de Jesús y de Casimira, natural de Vitoria (Álava), vecino de Vitoria, calle de Correría 153, 1ª, de profesión pintor.” Desconocemos cual era el objeto de la mentada requisitoria.

Sabemos que sus padres Jesús y Casimira se casaron en 1909 en Vitoria, al aparecer en el Heraldo Alavés del 30 de enero de ese año, en la sección de matrimonios celebrados, dentro del apartado de notas de sociedad. Una reseña del registro de matrimonios de la parroquia de San Miguel confirma este extremo.

Una de las actividades a las que se dedicaba el padre era a la cría de canarios para su venta. En el diario La Libertad se publicaron anuncios al respecto en diciembre de 1918 y enero de 1919, que dicen: “¡¡Asombroso!!. CANARIOS EN VENTA. Clase selecta, del canto extraordinario del ruiseñor (extra), timbre, flauta, cascabel y xilofone. JESÚS ORAÁ-CORRERIA, 155.”

Noticias en la prensa / Varios medios

Dos accidentes más

Fue un día de accidentes aquel 1 de Diciembre. Rafael García de 38 años, casado herrero y vecino de Rivabellosa resultó herido a consecuencia de un choque de automóvil, que tuvo lugar a las diez de la mañana en el mismo sitio que el descrito anteriormente, en la cuesta de Santa Lucia-. Sufrió una herida en la rodilla derecha de pronostico leve y fue atendido en el Cuarto de Socorro del Hospital de Santiago.

La empresa vitoriana Ajuria S.A., era entonces líder en fabricación y venta de trilladoras, maquinas agrícolas que separaban la paja del grano de los cereales. En 1928 se habían vendido 305 unidades y en 1929 un 50% mas, 454.

Moisés Armentia Garmendia, debido a su puesto como representante exclusivo de la marca en Álava, viajaba continuamente en su automóvil con matricula VI-1038 para visitar a sus potenciales clientes. El coche era prácticamente nuevo; se había matriculado en 1929.

Publicidad de la trilladora y caricatura de Moisés Armentia / Correo Extremeño y Pensamiento Alavés.

Moisés que tenía entonces 36 años de edad y estaba domiciliado en la Plaza de La Provincia, número 4, fue el protagonista de otro de los accidentes de aquel día.

Sobre las cinco horas de la tarde conduciendo su auto en las proximidades de Vitoria, al llegar a la “caseta del caminero nº1” -no sabemos en que localidad-, vio invadiendo la carretera a una persona con un paraguas abierto, quien a pesar de los repetidos toques de bocina desde el coche y llevar este las luces encendidas, no se apartó de la calzada ni un centímetro. Estando prácticamente encima del individuo, Moisés Armentia se vio obligado a frenar bruscamente para evitar el atropello, lo que produjo que el coche efectuara dos virajes y chocara contra un árbol. Sufrió el vehículo rotura del chasis del lado derecho, abolladuras en la capota y cristales rotos en una de las puertas.

Tras el batacazo, del que Moisés Salió ileso con un susto enorme, se dio cuenta de que la persona que portaba el paraguas era el sacerdote Cesáreo Manzanos Montejo, vecino de esta capital, el cual deseaba montar en el automóvil, al objeto de ser trasladado a Vitoria. Un estilo como se ve muy peculiar el del cura para hacer lo que hoy llamamos auto-stop.

Moisés Armentia era muy conocido en Gasteiz. Formó parte de la “Candidatura Antirrevolucionaria” en las elecciones municipales de 1931, siendo proclamado concejal el 6 de junio de aquel año, dimitiendo del cargo el 19 de septiembre de 1935.

Estaban incluidos en aquella lista como candidatos, entre otros: Cándido Lasaga Carazo, veterinario de la Diputación Foral; Nicolás Landa Díaz de Sarralde, labrador de Ehari-Ali, persona de gran corazón y ejemplar ciudadano, al que sin embargo se le apodaba como el “Terrible de Alí”, por algunas simpáticas excentricidades sin importancia de las que fue protagonista; José Olariaga Pujana, presidente de la Cámara de Comercio; Cesáreo Iradier Uriarte, arquitecto, una de cuyas obras mas importante realizada fue el Teatro Principal de la calle San Prudencio.

Candidatura Antirrevolucionaria / Heraldo Alavés

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