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Los peligros de la información

La firma de Manuel Ortiz Heras, Catedrático de Historia Contemporánea

Albacete

Vivimos un acalorado debate sobre la desinformación que padecemos y su peligroso control por los poderes públicos. En un país que anduvo cuarenta años con censura y que disfrutó del cuarto poder como uno de los principales garantes de la recuperación de las libertades democráticas en la Transición, el asunto no puede banalizarse. El problema es global, aunque se ha agravado considerablemente en los últimos años. Paradójicamente hoy estamos peor informados, somos más vulnerables y manipulables. La prensa conservadora ha sido decisiva en el viraje ideológico de una parte importante de la sociedad española a partir de los noventa. Los medios de comunicación han acrecentado su peso como expresión y alimento de ideologías cuando dicen a la gente lo que hay que pensar. Como consecuencia se ha debilitado la fe en la democracia y sus perspectivas de futuro.

El deterioro de los medios está relacionado con la aparición y difusión de internet, auténtico "océano de desinformación". Los medios se han digitalizado y dejaron de ser los únicos con la capacidad de publicar noticias. Construyen una realidad a la medida de su público y demuestran nula vocación informativa. En sus albores el fenómeno fue muy bien acogido porque se presentaba como la mejor solución a la falta de recursos, la democratización de la información y su transparencia. El poder de las redes sociales -Twitter, donde las mentiras se difunden seis veces más deprisa que la verdad, Facebook o Instagram- ha llegado tan lejos que más de la mitad de la población mundial no recibe información por otras vías. Proliferan los casos de depresión y ciberacoso y está cambiando la vida de mucha gente.

Crear y compartir contenidos es mucho más fácil en internet, pero también favorece la difusión de bulos y fake news. La posverdad, en realidad, la mentira, la construcción de noticias falsas y su utilización espuria, ha alcanzado cotas inimaginables y ha puesto en riesgo la gobernanza mundial. Conocemos ejemplos que ilustran la influencia de estos mecanismos de intoxicación en procesos electorales de todo el mundo. Eso ha dado lugar a estrategias de las propias redes para localizar contenidos y bloquearlos para evitar su difusión. Las ideas preconcebidas que determinan lo que creemos favorece la difusión de la desinformación y las noticias falsas por internet. El problema es que se ha dado prioridad a la capacidad de gustar por delante de la verdad.

Para contrarrestar su perversa influencia se apela al sentido crítico individual para reconocer las noticias falsas y se insiste en que es responsabilidad de todos. Confiar en la educación y la capacidad de contrastar se me antoja un recurso pueril ya. Las agencias de información han sufrido una revolución porque son empresas monopolísticas que acaparan el mercado y han reducido la competencia a extremos increíbles. La pluralidad de enfoques, la diversidad de promotores y, por ende, la posibilidad de encontrar información de diversas fuentes ha disminuido.

La libertad de información es un bien muy preciado que debe de ser preservado para garantizar derechos fundamentales como la libertad y la igualdad Es necesario transformar la estructura de gobierno corporativo de las compañías. Hay que aplicarles principios democráticos, con nuevas medidas antimonopolio y de transparencia pública para que dichos valores sean más importantes que los beneficios.

 

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