Miércoles, 20 de Enero de 2021

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Nuevas batallas para la arqueología subacuática

La identificación de nuevos barcos hundidos en Trafalgar, entre los proyectos pendientes del CAS

El personal del Centro Arqueología Subacuática asomado al balcón del Balneario de la Palma

El personal del Centro Arqueología Subacuática asomado al balcón del Balneario de la Palma / Cadena SER

De lo que hay en el fondo del agua en Andalucía se ha escrito mucho. Que si hay más oro que en el Banco de España, que si se esconde la Atlántida, que si hay 2.000 barcos hundidos registrados... Todo lo que se pueda contar como cierto lo ha documentado e investigado el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía, con sede en el Balneario de la Palma, en plena playa de La Caleta. Provisionalmente, está al mando Milagros Alzaga, quien está sustituyendo en funciones a la que ha sido directora en los últimos años: Carmen García Rivera. Alzaga ha avanzado en Radio Cádiz algunos de los retos pendientes. Por ejemplo, identificar nuevos barcos de la batalla de Trafalgar o estudiar restos orgánicos aparecidos en barcos encontrados en la terminal de contenedores de Cádiz.

El Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía (CAS) depende del Instituto de Patrimonio Histórico, a su vez vinculado a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. El Instituto cumple este 2020 30 años y tiene en esta institución uno de sus principales baluartes. En el CAS trabajan ahora mismo siete personas, divididas en las áreas de difusión y documentación; y en el área de investigación e intervención. "Es necesario que conozcamos este patrimonio sumergido para poder protegerlo", asegura Alzaga.

La labor comenzó en 1998 con el comienzo de una carta arqueológica de Andalucía, basada en la documentación ya existentes y en las propias indagaciones del centro que, desde entonces, ha ido incorporando nuevos resultados de estos trabajos. En estos años, el CAS ha podido registrar más de 2.000 naufragios en toda Andalucía. De esos 2.000, 559 se encuentran en el Golfo de Cádiz. La mayoría son de Edad Moderna, y fueron provocados por condiciones meteorológicas o combates. Se ha podido constatar que la mayoría fue consecuencia de los temporales de otoño e invierno. Así que la importancia arqueológica de esta zona es enorme. Eran, además, barcos que, durante años viajaron desde América, en travesías muy largas, y con grandes cargamentos de dinero, productos... que pueden dar muchas pistas sobre nuestro pasado. De ahí su relevancia.

La labor del CAS ha sido fundamental para que los restos de aquellos naufragios no se perdieran y pudieran documentarse. También para protegerles de expolios y de obras públicas o privadas. La labor de sus responsables dio pie a una reforma de la ley de patrimonio andaluz que incluyó zonas de protección que antes no existían. Hoy hay 102 yacimientos arqueológicos subacuáticos y 128 áreas potencialmente arqueológicas, en las costas y en aguas continentales. Hay naves hundidas, fondeaderos, edificaciones, torres vigías, restos de civilizaciones...

Dos de los proyectos fundamentales impulsados por el CAS en los últimos años no se han terminado. El proyecto Trafalgar trató de identificar restos de barcos hundidos en aquella batalla ocurrida frente a Barbate en 1805. Gracias a esa labor, se pudieron identificar los restos de dos navíos franceses: el Fogueaux y el Bucentaure. Pero esa labor continúa. "Estamos estudiando nuevos indicios documentales que pueden llevarnos a identificar unos barcos que tenemos localizados y que pudieron participar en esa batalla", ha revelado Alzaga.

El proyecto Delta sirvió para identificar tres pecios encontrados en las obras de la nueva terminal de contenedores de Cádiz: un navío militar español del siglo XVII, un navío genovés el San Jorge y San Telmo Buenaventura hundido por el pirata Drake; y un navío holandés también del siglo XVII.

Ni el proyecto Delta ni el Trafalgar se dan por finalizados. De hecho, el Delta continúa con la estabilización de material orgánico (maderas, aceitunas...) y, además, se ha unido al proyecto Arqueomemes, encabezado por la investigadora Eloisa Bernáldez, que podrá analizar genéticamente esos restos de animales y vegetales.

Hay muchos proyectos en marcha bajo un convenio marco con la Universidad de Cádiz. También ha colaborado con la Universidad Politécnica de Valencia (proyecto Carabela) para que una inteligencia artificial lea mejor los legajos antiguos; o con la Universidad de Málaga, para un proyecto que permitía analizar los restos sin sacarlos del agua. Además, el CAS prosigue la carta arqueológica de Andalucía, piensa en nuevas prospecciones, planifica más sondeos en aguas continentales y costas, avanza en nuevas estancias y formación...  Su batalla por preservar el patrimonio sumergido no se detiene.

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