, 20 de de 2021

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No había que ser un lince para aventurar que el periodo navideño nos iba a pasar factura en relación con la pandemia. Simplemente, haciendo un poco de memoria, podemos recordar cómo, desde el mes de noviembre, la comunidad científica venía avisando de que el puente de la Constitución y, sobre todo, las navidades, iban a suponer un incremento notable de contagios, si no se tomaban medidas drásticas.

La Junta de Castilla y León está asesorada, desde el 2 de marzo del año pasado, por un comité de expertos que es conocido con nombres y apellidos y que no son sólo funcionarios, sino presidentes de asociaciones científicas, jefes de servicio de hospitales, coordinadores de atención primaria, enfermeros, veterinarios, farmacéuticos, etc. Un elenco variado y notable que, al menos, se les puede conceder el favor de saber del tema.

Pues bien, este comité de expertos siempre ha mantenido que la precaución y la anticipación son claves en la gestión de la pandemia, para cortar la cadena de transmisión y disminuir la incidencia del virus. Algo lógico, pero que, en mi opinión, no siempre se cumple en relación con la COVID-19, pues pocas veces hemos visto decisiones de nuestros gobernantes que se hayan anticipado a los hechos.

Si analizamos las propuestas de esta comisión de expertos, podemos comprobar cómo siempre han propuesto, entre otras medidas, el confinamiento domiciliario cuando se observaba cómo se aproximaba un ascenso grande del número de infectados. También es verdad que no es competencia de esta comunidad tomar esta decisión, salvo que, en el decreto estatal que regula el estado de alarma en vigor, se hubiese contemplado esta posibilidad.

A mediados del mes de diciembre, el secretario de esta comisión de expertos, Ignacio Rosell Aguilar, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, ya avisaba de un rebote importante en nuestra región. Lo curioso del caso es que no se tomó ninguna medida preventiva a mayores, ni siquiera se reunió el comité para poder escuchar a sus integrantes.

En el caso de Palencia esta situación es, a mi entender, más grave aún. Desde el mes de septiembre sólo hemos tenido una semana, parte de la última de 2020 y parte de la primera de 2021, con una incidencia por debajo de los 400 casos por cada 100.000 habitantes en 14 días, lo que supone estar en el nivel de alerta 4, el más grave de todos. En estos últimos días hemos pasado del valor más bajo de este indicador, 309 casos, a estar por encima de los 660, con unas expectativas de superar ampliamente los 800 antes de finalizar esta semana.

Esto va a suponer que nuestro complejo hospitalario se encuentre cada vez más colapsado, que nuestros centros de salud no puedan funcionar con cierta normalidad, que no dispongamos de más recursos sanitarios para poder realizar el proceso de vacunación y, lo más importante, que el número de fallecidos por causas imputables directamente a la enfermedad y los que lo sean por causas indirectas va a crecer de manera significativa.

Todo por intentar, según dicen los políticos, salvar las navidades. Para mí, lo más importante es salvar vidas y poder alcanzar, más pronto que tarde, nuestra normalidad y eso se logra anticipándose a la evolución de la pandemia. Aunque aún no sabemos todo lo relacionado con este virus, ya hemos acumulado suficiente experiencia para poder prever su comportamiento en determinadas situaciones.

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