Jueves, 22 de Abril de 2021

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TSJ Aragón

Tres años de cárcel para el jefe de la Policía Local de Zaragoza que grababa a mujeres por debajo de la falda

El Tribunal Supremo reduce de 4 a 3 los años de prisión. Usaba dispositivos espía colocados estratégicamente. Hubo 14 víctimas, a quienes deberá indemnizar con un total de 17.340 euros

Fachada del edificio del Tribunal Supremo

Fachada del edificio del Tribunal Supremo / Europa Press (Jesús Hellín - Europa Press - Archivo)

La Sala II del Tribunal Supremo ha condenado a tres años de cárcel y a una multa de 3.600 euros a un exjefe de la Policía Local de Zaragoza por grabar con dispositivos ocultos de cintura para abajo a funcionarias que estaban a su cargo, todas ellas auxiliares administrativas, cuando acudían a su despacho, a quienes deberá indemnizar con un total de 17.340 euros.

La sentencia del Supremo reduce de cuatro a tres años la pena que le impuso a Jesús Javier Valenzuela Recio (en el momento de los hechos instructor de denuncias por infracciones de tráfico en la Policía Local de Zaragoza) la Audiencia Provincial de Zaragoza y posteriormente el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.

La sentencia original fue recurrida por el acusado y el Supremo ahora la rebaja a tres años de cárcel, al considerar que no es aplicable al caso el tipo agravado de los delitos contra la intimidad previsto para la autoridad o funcionario público que actúe prevaliéndose de su cargo.

Es decir, que si el acusado hubiera requerido la presencia en su despacho de particulares estaría abusando de su condición de cargo público para la comisión del delito, pero no sucede eso en este caso, cuando los requerimientos se dirigían a otras funcionarias públicas, "no sobre la base de la autoridad sino en el marco de una relación de dependencia laboral, en este caso funcionarial".

Según los hechos probados de la sentencia, desde febrero a septiembre del 2016, el acusado utilizó en el interior de su despacho dispositivos-espía ocultos "con la clara intención de grabar distintas partes del cuerpo, de cintura para abajo, de las funcionarias a su cargo, todas ellas auxiliares administrativas, con evidente propósito libidinoso, asaltando la intimidad de las mismas".

Así, a primera hora de la mañana el acusado requería la presencia en su despacho de las funcionarias que llevaban falda, con cualquier excusa relacionada con el trabajo, y utilizaba para grabarlas con dispositivos que había colocado estratégicamente en una papelera delante de su mesa y en un bolso colgado de una silla.

Les grababa desde abajo hasta la cintura y después veía las grabaciones en el ordenador, donde lo guardaba para visualizaciones posteriores, según considera probado la sentencia.

El acusado recurrió la sentencia inicial con el argumento de que las víctimas conocían la existencia de las cámaras y sus emplazamientos y que iban a su despacho con el propósito de acopiar pruebas contra él para luego denunciarle, "ya que actuaron con resentimiento, enemistad, venganza o enfrentamiento frente a él".

El alto tribunal tiene en cuenta, para rechazar este argumento, el contenido de las declaraciones prestadas en el juicio por las perjudicadas, hasta diez, todas ellas subordinadas profesionalmente al acusado.

El Supremo estima que aunque hipotéticamente se pudiera aceptar la presencia en alguna de las víctimas de "alguna clase de malquerencia o animadversión" hacia su jefe, de lo que además no hay pruebas, "resulta en extremo improbable que ese mismo sentimiento anidara en un número tan significativo de testigos".

Según los magistrados, el alegato del acusado para justificar la presencia de las cámaras disimuladas en su despacho en motivos de seguridad carecía de consistencia, en tanto en cuanto su despacho estaba en el interior de unas dependencias policiales ya dotadas de los indispensables sistemas de seguridad y, además, no existían antecedentes de agresiones por parte de ciudadanos descontentos con una sección ni de incidentes con cualquiera de sus subordinados.

Pero además, la sentencia pone de relieve que el acusado no se limitaba a captar las imágenes, sino que después las archivaba, "vulnerando abiertamente la intimidad de sus subordinadas".

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