Martes, 20 de Abril de 2021

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Británicos alertan de la fuga de turistas y residentes si la Costa Blanca no toma medidas tras el Brexit

Desde el 6 de julio 13.000 británicos han regularizado en la provincia su situación, a raíz del Brexit, pero muchos están aprovechando la moratoria de este primer trimestre

El personal de supermercado de una cadena británica lamenta el desabastecimiento de productos como el bacon o las judías inglesas tras el Brexit.

El personal de supermercado de una cadena británica lamenta el desabastecimiento de productos como el bacon o las judías inglesas tras el Brexit. / Cadena Ser

Un total de 13.000 británicos han regularizado en la provincia su situación, desde el 6 de julio, fecha en que se abrió el período para pedir su documento de residencia a raíz del Brexit, pero muchos se han tomado las cosas a la ligera -lo reconocen ellos mismos- y están aprovechando la moratoria de tres meses concedida para hacer sus trámites contra reloj antes de que llegue el mes de abril.

Los británicos vienen nutriendo el padrón de la provincia desde hace años. Llegan a la Costa Blanca a veranear y muchos se acaban afincando en el sol de las playas alicantinas. Ahora mismo hay 69.728 empadronados, aunque se calcula que viven en la provincia más de 85.000. El Brexit se lo está poniendo difícil a los que no pueden demostrar que eran ya residentes, a quienes no acreditan suficientes ingresos o a los estudiantes que venían a sacarse un dinero en verano.

Cumplir los requisitos ya no es tan fácil como hasta el 31 de diciembre de 2020. No basta con tener un seguro privado, 9.000 euros a su nombre en una cuenta e ingresos fijos. Ahora han de acreditar unos elevados ingresos mensuales y también en su cuenta, que garanticen que no serán un lastre para la economía española y eso a veces es complicado.

Para Robin Grant, director comercial en varios hoteles, ya jubilado, "la vida sigue" porque las pensiones llegan igual, pero está claro que "es ahora cuando muchos ven sus consecuencias".

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Jo Hollingworth corrobora que los jubilados, -el grueso de los británicos que residen en la Costa Blanca- lo tienen fácil para demostrar esos ingresos, pero no es así para las familias medias que, además, con la pandemia, han perdido sus trabajos, o están en ERTE o no pueden demostrar esos ingresos fijos. Ella es vicepresidenta de la Asociación de Comerciantes de Benidorm y asesora a muchos compatriotras en estos papeleos.

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Además, los ayuntamientos, se quejan, están colapsados a consecuencia de la crisis sanitaria y no están dando citas y para colmo, las comisarías de toda la provincia derivan a los británicos a la de Alicante para tomarles la huella que les facilite el ansiado TIE, la Tarjeta de Residente Extranjero.

Tienen que entender, insiste Hollingworth, que a todos los efectos son como un país tercero y que deben solicitar su residencia. Pero "lo peor vendrá para los que lleguen a partir de ahora", dice esta asesora. Se acabó eso de venirse a España para trabajar cuatro meses en un restaurante o como relaciones públicas en un pub.

Algo parecido piensa Michelle Baker: "lo peor para la Costa Blanca va a llegar cuando se pueda retomar el flujo de turistas". Hace unos meses, con la COVID y sin anunciantes, quebró su pequeño períodico local que dirigía desde 1998 y decidió hacerse cargo en El Albir de un camping, visto que durante seis meses al año los diez que hay en las afueras de Benidorm están a rebosar de ingleses. Eso también cambiará. "No les compensará el gasto para permanecer solo tres meses en la Costa Blanca, cuando pueden irse a Turquía o a Croacia" sin cortapisas, asevera.

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Pero hay otro punto no menos baladí para los ingleses afincados que está acarreando el brexit: la falta de bacon nacional, imprescindible para un consistente desayuno inglés, y su carne, su queso. Como con las cartas del correo, la comida fresca, perecedera, no está llegando a los supermercados de forma regular, aunque confían en que en menos de dos semanas el problema de la importación esté resuelto, señala Karen, encargada en Benidorm en los supermercados Iceland, muy apreciados por los británicos de diversos municipios de la Costa Blanca.

Este problema más mundano puede tener solución en breve, pero el otro, la repercusión de la fuga de residentes que supone el Brexit para las arcas municipales, dice Baker, es más arduo: "Si yo fuera el Ayuntamiento, estaría buscando ya fórmulas, como visados rápidos, para evitar y para que traigan su alegría. Y su pasta".

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