Jueves, 13 de Mayo de 2021

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José Manuel Allegue: "No hay que salvar ninguna Semana Santa, hay que salvar a la sociedad"

El jefe de la UCI del hospital Santa Lucía de Cartagena asegura que esta semana está descendiendo la presión hospitalaria

La UCI del hospital Santa Lucía cuenta con 45 pacientes ingresados

La UCI del hospital Santa Lucía cuenta con 45 pacientes ingresados / Foto: Getty Images

La presión hospitalaria está descendiendo esta semana en la que hay menos ingresos en Urgencias de pacientes covid y la gravedad de los que quedan en planta progresivamente es menor, según ha dicho a EFE en una entrevista el jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital 'Santa Lucía' de Cartagena, José Manuel Allegue, cuyo centro sanitario atiende este sábado 45 pacientes covid en UCI cuando su capacidad es para 27 camas de esa especialidad.

De esos 45 pacientes, 16 se encuentran en la UCI del otro hospital cartagenero, el 'Rosell', y el resto en zonas habilitadas para este tipo de atención en el 'Santa Lucía' como unidades de críticos, departamentos de anestesia y de reanimación, gracias a que este moderno hospital cuenta con la posibilidad de renovación de equipamiento y de mantenimiento constante fruto de una colaboración público-privada.

Además de esos enfermos UCI hay cuatro que han salido de cuidados intensivos y se encuentran en una zona "limpia" donde todavía necesitan algún soporte externo para respirar antes de pasar a planta, mientras que hay diez pacientes no covid que también se encuentran en UCI en este centro sanitario.

"Esta semana hemos sido testigos de plantas que se iban destinando para covid que ya no lo son", si bien el enfermo que debe ingresar en UCI tarda una media de 15 días en irse, e incluso han tenido el caso, en la primera ola, de un paciente al que se le dio el alta a los 5 meses, y lo hizo en la Arrixaca, al que se le envió desde el 'Santa Lucía' al mes de estar ingresado.

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Una de las peticiones mas frecuentes de los profesionales de primera línea es la de mas personal y en este sentido Allegue comenta que los que vienen de otras áreas no están familiarizados con lo que hacen de forma habitual, "y si viene un enfermero de quirófano a ayudarnos por mucho que sea especial su trabajo en su zona, aquí es diferente, lo que pone de manifiesto que de alguna forma el ministerio de Sanidad debe plantearse de una vez la especialización de la enfermería, porque no se aprende rápidamente, se tarda".

"El ponerse y quitarse el EPI es fácil; te entrenas, pero el entrar a la unidad y manejar bombas, respiradores o hemofiltros y las técnicas asociadas al cuidado de la vía aérea, traqueotomía, pronos o supinos tardan un poco mas "y si encima las UCIs están informatizadas, pues el trabajo con el programa informático que recoge todo lo que ocurre sobre el paciente las 24 horas un día tras otro requiere de un cierto entrenamiento".

Coincide con este médico la enfermera de la UCI de ese hospital Flora Vera. Según relata, les llegaron enfermeros recién terminada la carrera que tuvieron que formarlos en las propias UCI, lo que supuso una sobrecarga al asumir los enfermeros y médicos de esas unidades una función que ellos piensan que a partir de ahora sería mejor llevarla a cabo en centros formativos porque de lo contrario les dificulta mucho el trabajo.

De lo ocurrido todo este tiempo de pandemia, el jefe de la UCI del 'Santa Lucía' tiene en mente el caso de una mujer mayor que le pusieron delante de una tablet después de haber estado 27 días intubada le salió una sonrisa y se le llenaron los ojos de lágrimas al hablar con los suyos. "Eso a nosotros evidentemente nos toca, y sobre todo a la enfermería que está mucho mas cerca del paciente siempre".

En este hospital redactaron una carta de despedida en caso de fallecimiento en la que se decía que los seres queridos no habían podido estar pero que ellos habían tomado ese empeño y habían acompañado por ellos al familiar durante todo este tiempo. La misiva recibió contestaciones de agradecimiento y de apoyo o algún detalle simbólico que permanece en la unidad.

"Eso nos ha hecho mas llevadero este sufrimiento diario de trabajar, trabajar y trabajar sin poder tomar vacaciones, porque muchos de mis compañeros y yo mismo no hemos podido tomar vacaciones ninguna, ni días libres; por eso cuando oímos a alguien decir 'Salvemos la Semana Santa', nosotros decimos 'No, por Dios, no salvemos nada', pongámonos la mascarilla, no nos la bajemos, tengamos conciencia social porque las fuerzas faltan y nos da cierta preocupación", añadió.

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Tampoco los enfermeros han podido disfrutar de libranzas desde las vacaciones de verano que les respetaron para darles un respiro tras la primera ola para que desconectaran de aquella dura situación. Actualmente hacen refuerzos al abrirse mas unidades UCI de las habituales en las libranzas que les debieran corresponder entre turno y turno y que no pueden coger.

Reconoce que la situación ha desbordado a todo el mundo, incluso a los que se encuentran en sus despachos organizando el trabajo y que también lo pasa mal. "Nos han dado todo lo que les hemos pedido y nos han mandado personal, pero no especializado", reiteró.

Según Allegue, "vivimos en una comunidad donde los 28 grados se alcanzan fácilmente y creo que en cuento se vea la posibilidad de utilizar terrazas y poder salir pues vamos a salir porque el carácter mediterráneo lo llevamos ahí dentro".

Para la enfermera de UCI Vera, policías nacionales, locales y guardias civiles también están en primera línea y ellos, al igual que los sanitarios, debieran haber recibido ya las vacunas antes que algunas personas a las que se les ha administrado cuando su labor está en un despacho, cuyo trabajo pueden hacerlo por videoconferencia y sin estar en contacto con la gente, cuando las fuerzas y cuerpos de seguridad han estado desde el primer día con la gente, en medio a veces de una pelea, llevando en sus vehículos a personas.

Vera recuerda que en la primera ola hacían el pasillo con aplausos a los pacientes que se les daba el alta tras pasar la enfermedad en un momento en el que "no veían al fondo la luz al túnel", pero en la segunda y tercera ola la cosa se ha complicado "y se está repitiendo con mucha mas frecuencia" ese momento en el que el paciente es intubado y pregunta si despertará, y nunca puedes asegurarlo pero les intentas consolar diciéndoles que se les hará todo lo posible por salvarles la vida. "Te da mucha fuerza", comenta, cuando ves a familiares hablar con los pacientes por videoconferencia; "te ayuda a continuar trabajando".

En el caso de enfermos con alguna dependencia como Alzheimer no son conscientes de la realidad y son sus familiares los que nos autorizan a aplicarles el tratamiento y son ellos quienes lo pasan mal. El médico les llama a diario para contar la evolución "y a veces nos encontramos con familiares en la calle llorando y el paciente lleva una o dos semanas e incluso hasta uno o dos meses en los que están sin verse y están destrozados".

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