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Contagia solidaridad para acabar con el hambre

La Firma de Pedro Brouilhet

Contagia solidaridad para acabar con el hambre, La Firma de Pedro Brouilhet

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Palencia

La situación de pandemia está resultando larga, además de trágica, tanto por las personas que fallecen y las que quedan afectadas, como porque nos ha alterado la vida a todos y nos ha cambiado el sentido. Confinamiento en casa, preocupación extrema, distancia, cierre de lugares de encuentro, tema permanente de conversación, impacto psicológico, miedo... Cuidarse uno/a sí mismo/a se ha convertido en la obligación primera y en la forma de cuidar también a los demás. Lo llevamos con resignación y con esperanza. Resistimos. Es lo que toca, decimos; es lo que hay.

Pero ¡ojo!, por el camino ha podido suceder algo grave: la solidaridad ahora ha cambiado de dirección, se centra en uno mismo y en los próximos. La pregunta, entonces, salta sola: ¿Y los otros, los de lejos, qué? ¿Dónde están? ¿Dónde llegan? ¿Quién sabe lo que pasa en África, por ejemplo, o en otros lugares? Nadie lo dice, pero no es difícil imaginarlo.

Si nosotros estamos así, ellos, con casi ningún medio, mucho peor. ¿Quién les hará test? ¿Qué hospital los va a acoger y curar? ¿Cuándo podrán disponer de vacuna? ¿Cómo afectará a su ya mísera economía? ¿Cuántas de estas personas no han tenido que plantearse durante estos meses la disyuntiva de morir de hambre o de Covid?”. ¿Sobrevivirán al virus, y a sus consecuencias, en forma de olvido, descarte, desigualdad?" Son preguntas necesarias y obligadas para que no se nos seque el corazón y se nos nuble el alma.

Muchos millones de personas no van a vacunarse. Y cuando los habitantes de los países ricos estemos inmunizados, nos olvidaremos de los más pobres, igual que nos olvidamos de los millones de personas que pasan hambre y sufren pobreza.

Contagio es la palabra temida desde hace un año; otras son coronavirus, cuarentena, test, UCI... Pero todo comienza en el contagio, término fatídico lleno de connotación negativa.

Sin embargo, no todo contagio es peligroso; los hay también buenos, saludables, deseables: contagiar alegría, ánimo, esperanza, paz, solidaridad, ganas de vivir. Por aquí va la llamada de Manos Unidas en la Campaña de 2021: “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”.

Porque el hambre, consecuencia de la pobreza severa o extrema en amplias zonas del mundo, no es una fatalidad, sino una injusticia y un escándalo; si lo pensamos bien, no tener qué comer, nacer y no poder vivir, es la más grande de las injusticias y el mayor de los escándalos.

Esta solidaridad no está en la línea de lo que a veces entendemos como caridad, aunque esta la puede motivar, sino en la línea de la justicia, pues toca los derechos primarios de las personas: alimento, salud, educación, etc. Viene, pues, exigida por la dignidad humana que todos tenemos y por el deber de responsabilidad también sobre la vida de los demás.

Cuando muchos en el mundo rico apuesten por una “globalización de la solidaridad” y presionen a sus gobiernos, en el mundo empobrecido comenzarán a sentir liberación. Manos Unidas lo hace concienciando y realizando proyectos de desarrollo, que son piedras en el edificio de la casa común y de la ecología integral que profetiza el Papa Francisco.

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