Martes, 20 de Abril de 2021

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"Tenía miedo al contagio si le dejaba un boli a un compañero de clase"

Hemos conocido las vivencias de un grupo de alumnos un año después del cierre de centros educativos

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Es Maia Ledesma. Una alumna de primero de la ESO del instituto público Guillem Sagrera en Palma. Un año tras el cierre de todos los centros educativos por la pandemia hemos querido conocer qué ha cambiado durante estos meses. Esta joven de 12 años relata que al principio cuando regresó a las aulas tuvo miedo al contagio.

Estudiantes del instituto Guillem Sagrera. / Cadena SER

Hemos conocido las vivencias de un grupo de alumnos que después de venir de un confinamiento tuvieron también que cambiar de centro al pasar del colegio al instituto. En este centro de Son Cotoner estudian 530 alumnos, la mitad de ellos realiza clases presenciales, y el resto de forma telemática. Sin embargo, el primer curso de la ESO todas las materias son presenciales para facilitar su adaptación.

Margalida Ferriol es una compañera de Maia. Asegura que estudiar en clase con la mascarilla puesta es bastante estresante. Hay que hablar más fuerte y los profesores no saben quién habla y quién no. 

Y no solo eso, las gafas también se empañan, algo que dificulta para ver bien la pizarra. Marina Beltrán reconoce que en clase de educación física le resulta bastante complicado ver incluso cuando viene la pelota.

Fachada del edificio del Guillem Sagrera. / Cadena SER

Estas alumnas admiten que a veces han pasado frío al tener que estudiar con las ventanas abiertas. Sin embargo, no todos tienen que acudir diariamente a las aulas. Jaume Bisbal, de cuarto de la ESO, es uno de los muchos estudiantes que tiene clases semipresenciales. Admite que prefiere ir al instituto porque dice que es muy fácil distraerse en casa

Los trabajos en grupo es lo que más echan de menos los profesores. Nadya El Jouhri es docente recién incorporada al instituto Guillem Sagrera. 

Libro realizado por los alumnos para explicar el vacío generado por la pandemia. / Cadena SER

Se han suprimido actividades en las que era importante el contacto. Tampoco hay servicio de bar o cafetería, las fuentes están precintadas y hay pasillos cerrados para evitar aglomeraciones. Una de las profesoras, Xesca Cabot, defiende que la falta de contacto se ha tenido que suplir con la mirada o la imaginación.

Durante los pocos minutos que dura el recreo a media mañana es el único momento en el que los alumnos se pueden quitar la mascarilla para merendar. Aun así, los profesores vigilan que mantengan las distancias.

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