Miércoles, 14 de Abril de 2021

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'Compañía de Automóviles de Álava': la historia de la primera empresa alavesa de transporte de viajeros

En 1917 se creó la Compañía de Automóviles de Álava, destinada al transporte de viajeros

Los primeros ómnibus de la compañía

Los primeros ómnibus de la compañía / Archivo Municipal / E. Guinea

La palabra autobús, hoy utilizada habitualmente para referirnos al vehículo que transporta pasajeros por carretera, no era la usada en los años veinte del pasado siglo. A lo largo de este artículo, aparecerán las palabras, carruaje, ómnibus, auto, coche y coche de línea, que eran las más utilizadas entonces.

En octubre de 1917 varios comerciantes y empresarios de Vitoria-Gasteiz, tuvieron la idea de fundar una empresa, que se dedicará al transporte de viajeros entre la ciudad y otras localidades alavesas, que no contaban con ese servicio. Se hicieron charlas informativas en Izarra, Murgia y pueblos de la Rioja Alavesa, localidades hasta donde se pretendía que llegaran las líneas.

Además, se hizo una campaña destinada a conseguir accionistas de la nueva entidad, ofreciendo acciones de tres clases: tipo A, de 500 pesetas; tipo B, de 100 pesetas; finalmente, la más, económica era tipo C, de 50 pesetas.

El 4 de noviembre. en el palacio de la Diputación, se celebró la primera asamblea de accionistas en la que Ricardo Buesa, principal promotor de la empresa, dirigió unas palabras a los congregados y anunció que ya se había alcanzado un capital de 170.900 pesetas con la suscripción de acciones.

Asistieron a la reunión representantes de varias localidades a las que se pretendía llegaran las futuras líneas de transporte de viajeros. Fueron elegidos los integrantes del primer consejo de administración (1), y tras la asamblea se celebró un banquete en el Hotel Pallarés de Vitoria (2)

Ricardo Buesa cuando fue alcalde / El Pájaro Azul

El 11 de noviembre de 1917, ante el notario Francisco de Ayala y Mendoza, quedó constituida legalmente la sociedad con el nombre de Compañía de Automóviles de Álava (en adelante CAA) que contaba con un capital de 250.000 pesetas.

Ese mismo mes, la Diputación accedió a la petición de la compañía que había solicitado que los automóviles y carruajes pudieran usar el escudo de la provincia.

Los trámites para conseguir los coches se aceleraron de manera que en noviembre ya se habían adquirido dos chasis para ser carrozados. Se tenía el propósito de haber comenzado a prestar servicio el 1 de abril de 1918, pero se anunció “no poder, contra sus deseos vehementes hacerlo así, por causas bien ajenas a su voluntad, al no disponerse aun de los coches”.

Por fin, el diario La Libertad anunciaba el 6 de abril, la llegada del primer vehículo: “Esta tarde a las cuatro, ha sido desembarcado y ya se encuentra en el garaje de la calle Florida el coche automóvil para viajeros número 1, que la CAA encargó a la “Hispano Suiza”. Hemos tenido el gusto de admirar el hermoso carruaje, capaz para 22 asientos en el interior y 8 arriba, además del espacio destinado a equipajes. Tiene en las portezuelas el escudo de Álava, y en plateado el nombre de la compañía”. Posteriormente llegarían dos más, para completar la flota.

Detalle de los asientos de la parte superior / Archivo Municipal

PRUEBAS 

El 6 de julio de 1918 se verificó la primera prueba en carretera con los tres coches. Uno de ellos hizo el recorrido de ida y vuelta Vitoria-Ventas de Armentia (Treviño), y los otros dos se dirigieron hasta Gardelegi, resultando positivo el ensayo. Como verán “largas distancias”: 38 kilómetros y 7, respectivamente. La compañía no disponía de gasolina, por lo que hubo de utilizarse un sustitutivo a base de éter y alcohol.

El día siguiente -7 de julio-, se realizó ya un examen más serio, realizando el recorrido Vitoria-Izarra y regreso, trayecto de una de las líneas que se pondría en marcha. Estaba destinada a empalmar con el ferrocarril Miranda-Bilbao, facilitando el traslado a ambas ciudades. El recorrido, tenía entonces una dificultad montañosa, el puerto de Aiurdin, peligroso cuando nevaba y helaba, y hoy considerado una pequeña “tachuela”, y sustituido por una autovía.

Este viaje de prueba fue recibido calurosamente por la gente en Murgia e Izarra. Así lo contó el diario local La Libertad, en una amplia crónica: “Con asistencia de la mayoría del Consejo de Administración y de los iniciadores de esta Empresa, y en vista de las pruebas hechas el día anterior, salió ayer a las cuatro y tres cuartos un auto-ómnibus, empleando el siguiente tiempo en el recorrido: Con 33 plazas y un peso vivo de 2.400 kilogramos, alcanzó, en 30 minutos, el kilómetro 16, que está en el comienzo de la cuesta de Aiurdin, marchando en cuarta, excepto en las rampas de Apodaca, Letona y Zaítegui. que subió fácilmente en tercera. Atacó la cuesta famosa en segunda, aunque cambiando a primera en dos tramos cortos que presentan una inclinación de 11,50 por 100. De todos modos, sólo empleó para remontar este accidente de la línea 6 minutos. Descendió suavemente el valle de Zuya, y a los 42 minutos desde la salida de Vitoria, llegaba a Murguia.

Previos los saludos de rigor, la improvisación de un refresco y cohetes, etc., se pasaron en Murguia 30 minutos, mientras todo el pueblo y colonia veraniega desfiló para contemplar el magnifico coche-salón, según lo calificaron. Cedieron el puesto algunos excursionistas a varias señoritas y al alcalde de Murguia y otros señores, y con 35 asientos siguió el automóvil hasta Izarra, en 15 minutos. En Izarra se repitieron las muestras de regocijo.

Pasamos una hora hasta la llegada del expreso de Bilbao y comenzó el regreso de forma análoga a como deberá hacerse en servicio ordinario. Hasta bajaron del tren algunos viajeros que iban a Vitoria.

Colocados para las 7,20 los 35 ocupantes, se hizo el regreso a Murguia en los mismos 15 minutos. La parada de aquí fue de 14 minutos (ordinariamente será de 4), y montaron en el carruaje para probar la pendiente de Aiurdin hasta 41 viajeros.

Pues sin emplear más que 8 minutos desde Murguia al alto, y con marcha en segunda, se alcanzó dicho punto con gallardía. Descendieron los de Murguia y continuamos desde Aiurdin a Vitoria”.

El 12 de julio de 1918 la compañía anunció la puesta en servicio de las primeras líneas: Vitoria-Laguardia-Vitoria, tres días a la semana, con paradas en Elciego, Leza, Haro y otras poblaciones; Laguardia-Logroño-Laguardia, con parada en Oyón; Vitoria-Izarra-Vitoria, diario en combinación con los trenes a Bilbao y Miranda de Ebro. Posteriormente se inauguraría otra línea, la Vitoria-Santa Cruz de Campezo-Vitoria.

BENDICIÓN DE LOS CARRUAJES

El 14 de julio de 1918, los tres primeros auto-ómnibuses, que cubrían las líneas de viajeros citadas anteriormente, se trasladaron al Santuario de Estíbaliz con el objeto de proceder a la bendición de los mismos y pedir la protección de la Patrona de Álava.

A las nueve y cuarto de la mañana, totalmente ocupados por ochenta y un personas “de la distinguida sociedad vitoriana”, salieron para Estíbaliz por la carretera de Estella-Lizarra los tres ómnibuses. Primero el auto de color rojo, luego el de color verde y posteriormente el de color aplomado. Los tres, como único distintivo, llevaban pintado el escudo de la provincia.

Bendición de los autobuses / E. Guinea/Archivo Municipal

A las diez, tras el repique de campanas, dio comienzo la misa que fue celebrada por el presbítero de Vitoria Sebastián Montoya, ayudado por los viajeros Alzaga e Izarra.

Seguidamente los tres vehículos, que estaban aparcados en la plazoleta junto a la fachada norte del monasterio, fueron bendecidos por el capellán Pío Fernández, auxiliado por los viajeros mencionados anteriormente.

Bendición de autobuses / E. Guinea/Archivo Municipal

El fotógrafo aficionado Enrique Guinea, que no se perdía ningún acontecimiento, dejó para la posterioridad imágenes de este acto.

En agosto de 1918 la compañía organizó un viaje extra durante dos días consecutivos para que los vitorianos que lo desearan pudieran disfrutar de las fiestas de Bilbao, utilizando la carretera por Murgia y Orozko, cuyo billete de ida y vuelta costaba 17 pesetas, con recargo de 3 pesetas para los asientos delanteros.

La salida de Vitoria fue a las siete y media de la mañana para llegar a Bilbao a las diez, iniciándose el regreso desde El Arenal bilbaíno a las nueve y media de la noche para llegar a Vitoria a las doce. Dos horas y media para cubrir los 65 kilómetros que separan ambas poblaciones, es decir, la velocidad media era de 26 kilómetros / hora.

ASAMBLEA DE ACCIONISTAS

En febrero de 1919 la compañía celebró su primera asamblea de accionistas tras la puesta en marcha del servicio. El consejo de administración estaba presidido por Juan José Rivacoba Larrazabal, quien fue vicepresidente de la Diputación y presidente del Circulo Vitoriano, siendo el secretario Ricardo Buesa, comerciante destacado en el área de droguería y perfumería, y ocupando el cargo de gerente Andrés Alday.

Se dieron a conocer los datos obtenidos que correspondían a los casi seis meses de funcionamiento durante el año 1918. Los gastos alcanzaron un total de 106.523,39 pesetas, quedaron desglosados de esta forma: la compra y acondicionamiento de los ómnibuses, 94.500 pesetas; compra de un garaje en Campezo, 2203,52; compra de un garaje en Vitoria, 1444,75; oficina de Vitoria, 754,73; constitución de la sociedad 6.517,35; vestuario para el personal 132,50; mobiliario 52,50.

El ejercicio acarreó un déficit de 5019,73 pesetas, señalándose que una de las causas lo fue la epidemia de gripe, que causó en Álava casi 900 muertos en 1918. El miedo al contagio de la gente por cercanía supuso una notable disminución de viajeros, sobre todo en los meses de septiembre, octubre y noviembre. El servicio a la zona de la Rioja tuvo que suspenderse por falta de personal y se tuvieron que usar combustibles sustitutivos de la gasolina, más caros, por imposibilidad de adquirirla en el mercado. Se facilitó el dato de que los vehículos habían recorrido un total de 34.713 kilómetros.

NUEVAS LÍNEAS

En diciembre de 1922, se inauguró una extensión de la línea Vitoria-Izarra-Vitoria, hasta Laudio-Llodio, con servicio diario y que partía de esta localidad a las siete de la mañana y volvía desde Vitoria por la tarde, con diferente horario en invierno y en verano.

La prensa destacaba el “poco tiempo” que duraba el viaje, con sus correspondientes paradas en diversas localidades: “de Llodio a Vitoria se tarda nada más que tres horas, resultando un viaje, corto, agradable y barato”. El billete de ida y vuelta costaba seis pesetas.

Con el alargamiento de la línea, el ómnibus pasaba por Oiardo, Gujuli, Unzá, Orduña, Amurrio y Luxaondo, finalizando como hemos indicado en Llodio, teniendo una dificultad montañosa añadida, el puerto de La Barrerilla, para bajar a Orduña, con un impresionante barranco en uno de los lados de la carretera, que aun hoy día causa respeto. Si un vehículo se sale de la carretera y se despeña, no hay muchas posibilidades de resultar ileso. Por ello, la compañía destinó como chófer al experto conductor que venía realizando su trabajo en los autos de la línea de La Rioja.

Plano Vitoria-Llodio / Iñaki Armentia

En un principio se destinó a este recorrido uno de los vehículos que realizaban otro trayecto, que el primer día llegó a Vitoria completamente lleno. Posteriormente se utilizó un magnifico vehículo adquirido de la marca Fiat, que disponía de 32 asientos. 

En diciembre de 1922, el estellés Silvestre Llorente, llegó a un acuerdo con la CAA para implantar una nueva línea servida por él y que cubría el recorrido desde Estella-Lizarra hasta Santa Cruz de Campezo. Esta línea combinaba con la ya existente de la CAA desde la capital alavesa hasta Campezo. De esta forma se garantizaba a los viajeros la realización del viaje, entre las dos poblaciones.

La Diputación Foral de Álava, competente en la materia, autorizó a la compañía la implantación de otras nuevas líneas: Vitoria-Gordoa (agosto de 1922); Vitoria-Eibar (mayo de 1924); Vitoria-Bilbao (mayo 1924).

El Heraldo Alavés indicaba que la línea de Eibar pasaba por las localidades guipuzcoanas de Leintz Gatzaga, Arrasate y Bergara, destacando que “los autos son grandes, nuevos, magníficos y cómodos, con berlina amplia y elegante.”

El mismo periódico informaba respecto a la línea de Bilbao por Barambio que la salida de Vitoria se efectuaba a las 4 de la tarde y de Bilbao a las 8 de la mañana, vendiéndose los billetes en la capital vizcaina en el café “La Concordia”. El café era un histórico establecimiento situado tras la Estación del Norte y cercano a la Bolsa de Bilbao con una clientela habitual de bolsistas que analizaban sus inversiones en el local tomando un refrigerio, donde también se celebraban animadas tertulias, y una de cuyas especialidades gastronómicas eran las ostras.

NUEVO AUTOBÚS

El diario local Heraldo Alavés publicó el 3 de agosto de 1923 una extensa información referida a la llegada a Vitoria de un nuevo autobús adquirido por la compañía que causó sensación, invitándose al público a acceder al mismo y en especial a los “notables” de la ciudad. La crónica no tiene desperdicio, por los detalles que facilita:

“Anoche entró en Vitoria, y estuvo recorriendo triunfalmente las calles de la ciudad, a las once, un magnifico autobús, que la Compañía de Automóviles de Álava ha adquirido recientemente. La gente, al verlo tan soberbio, tan imponente, deteníase a admirarlo, Su paso por las calles constituyó el suceso nocturno. El público bautizó enseguida el auto-omnibus con el nombre sano y fuerte de Titanic, que es el mejor que sintetiza su presencia, velocidad, cabida y poderío.

Se trata de un Dion Bouton enorme, de 50 HP., admirablemente carrozado por la casa Maguregui de Bilbao. Tiene 44 asientos interiores y 20 en la imperial. Lleva tres faros: uno de mil bujías y los dos restantes de menos intensidad, produciéndose la luz mediante una dinamo acoplada al motor. La velocidad que puede desarrollar es de mas de 40 kilómetros por hora y en las pendientes puede llevar una media de 28, 30.

Autobús de Dios Bouton / Archivo Municipal

Al ser recibido el autobús por el comité ejecutivo de la compañía, prodújose entre dichos señores un entusiasmo grande. Varios de ellos montaron en el Titanic e invitaron a los operarios y luego, ante los cafés, al publico a que montasen, recorriendo así muchas calles de la población; nosotros también fuimos invitados y quedamos agradecidos a las deferencias que con nosotros tuvieron los señores Rabanera, presidente del comité ejecutivo; Hernández, Del Campo y Fernández. Vimos también allí al señor Viana, director del Hospital Provincial; a Saturnino Blanco, administrador de Correos; diputado provincial señor Hermosa; a los señores Abarrategui, Urizarana y al joven sportmen Miguelito Retana.

El autobús que llego anoche a prestar servicio en Vitoria es una muestra mas de la pujanza que va alcanzando la población, cada ves mas moderna en todos los ordenes. Gracias a la compañía el servicio de autos va cubriendo todas las lineas en un perfeccionamiento cada vez mas suntuoso y admirable. Y no solo eso, dicha compañía tiene el propósito de traer muchos mas auto-ómnibus, de abrir otras lineas, de complacer al publico, ya bastante agradecido de tanta atención, como viene prestando la compañía, digan de Vitoria y Álava.

Felicitámosla, como la felicitan los vitorianos, por el nuevo éxito que representa la adquisición del De Dion Bouton que anoche trepidó en Vitoria.”

LOS PRIMEROS ACCIDENTES

El jueves 5 de septiembre de 1918 el ómnibus que realizaba el trayecto Vitoria-Haro-Laguardia sufrió, por la tarde, un accidente importante.

Era día de mercado en Vitoria y por esa causa el coche de línea iba completo: todos los billetes se habían vendido, incluso las ocho plazas que se encontraban en la parte superior al aire libre.

El accidente ocurrió tras pasar por el cruce de Salinillas de Buradón, en el que entonces había una cuesta en la carretera en sentido descendente hasta las llamadas “Conchas de Haro”; un paso estrecho en el que la vía discurría lindando con el Rio Ebro. El automóvil marchaba normalmente hasta que en la cuesta mencionada, parece ser que por efecto del barrillo que había en la carretera a causa de la lluvia caída poco antes, el vehículo comenzó a patinar aumentando la velocidad. El chófer, Francisco Irazu, que iba acompañado de otro conductor en calidad de cobrador, advirtió el peligro que corrían de despeñarse y caer la Ebro y comenzó a frenar para tratar de parar, pero sólo consiguió disminuir algo la velocidad. Finalmente pisó el freno a tope y, ante el peligro de caer al río, pegó un volantazo y chocó deliberadamente contra una pared con la intención de detenerlo. El ómnibus, por efecto del topetazo, volcó y los viajeros que ocupaban los asientos del techo salieron despedidos.

Los pasajeros que resultaron ilesos o con heridas leves procedieron a atender a los que parecían encontrase más afectados. Hubo un total de veinte heridos.

Al tenerse noticias del accidente, desde Haro salió un automóvil con Enrique Tirado, representante de la compañía en dicha localidad, acompañado de un médico con un botiquín. Por su parte algunos automóviles de particulares que pasaban por la carretera pararon al ver lo ocurrido y trasladaron a algunos de los heridos a pueblos y localidades cercanas y al balneario de Salinillas de Buradón.

Los heridos de más importancia resultaron ser un sacerdote al que se trasladó al balneario citado; el notario de Laguardia Ángel de Ayala González de Junguitu, al que se trasladó a su domicilio en un coche particular y finalmente el practicante de esta última localidad. Los tres se recuperaron sin dificultad.

Una vez atendidos los viajeros, el coche, que sufrió daños de poca importancia, fue levantado y continuó viaje hasta Haro como si no hubiera pasado nada, e incluso, al día siguiente efectuó el viaje programado de regreso a Vitoria. Lo que pudo ser una tragedia se quedó solamente en un tremendo susto.

En diciembre de 1924 otro autobús tuvo un accidente a la altura del barrio de Alturriaga de Amurrio. El vehículo sufrió la rotura de la dirección y fue a estrellarse contra una pared del borde de la carretera sufriendo varios desperfectos notables: quiebra de las ballestas, rotura de un eje, ruedas delanteras reventadas, y barra de dirección inutilizada.

Gracias a la pericia del conductor, Javier Estrada, se evitó que el accidente tuviera consecuencias para los viajeros. Únicamente resultó herido leve por la rotura de cristales el vecino de Amurrio José Bergoiza.

En enero de 1926 en el puerto de Aiurdin, situado entre Zaitegi y Murgia, chocaron un ómnibus de la compañía y otro vehículo destinado al servicio público perteneciente a Elías del Rey, y que conducía Gregorio Leturiaga. Afortunadamente no hubo ningún herido, sufriendo importantes desperfectos el vehículo de la CAA.

AUTOBUSES URBANOS

En 1924 Vitoria tenía alrededor de 40.000 habitantes, una pequeña población en la que la zona urbana concentrada ocupaba una extensión de 1,2 kilómetros cuadrados (1,5 x 0,8 kilómetros). Hoy la gente, en su gran mayoría, haría ese recorrido a pie pero entonces se consideró interesante dotar a la ciudad de un servicio de transporte urbano para viajeros.

El Ayuntamiento de Vitoria concedió, en exclusiva, la licencia a la CAA y el servicio fue inaugurado el día 23 de Julio de 1925, con dos magníficos ómnibuses “Dion Bouton”, reservando otro de la marca “Fiat”, para sustituciones en caso de averías.

Se establecieron en su inició dos líneas de ida y vuelta, que partían de la estación del ferrocarril de la calle Dato, finalizando una en el inicio de Portal de Urbina, hoy Portal de Legutio, y la otra en el comienzo de Portal de Arriaga, junto al fielato.

Plano de líneas de autobuses urbanos / Iñaki Armentia

El primer viajero fue un muchacho que, con tres cuartos de hora de anticipación a la salida del primer autobús, se ha plantó en la puerta del garaje para que nadie le disputase ese puesto de honor.

Un diario local describía los viajes del primer día, así: “Durante todo el día han hecho su itinerario los dos coches con buena afluencia de viajeros, que mostraron su complacencia por esta importantísima mejora puesta al servicio público para su comunicación urbana. Se ha demostrado con ello, además, la excelente calidad del material puesto al servicio y la pericia de los empleados de esa empresa.”

El servicio tuvo una buena aceptación por parte de la gente, siendo el movimiento de viajeros, desde su inauguración hasta final del año 1925, de 112.971 usuarios en servicios ordinarios y 7.674 en servicios especiales. En el mismo periodo fueron adquiridos 7.189 abonos válidos para 10 viajes. Por su parte, durante ese año, los urbanos recorrieron un total de 293.484 kilómetros.

A pesar del prometedor comienzo, la compañía anunció en febrero de 1926 que en los 7 meses que se llevaba de funcionamiento se habían registrado unas pérdidas de más de 13.000 pesetas, añadiendo que sería necesaria una subvención por parte del municipio para poder continuar prestando el servicio.

Esta ayuda no se produjo y el déficit continuó registrándose y, ante la posible desaparición del transporte urbano de viajeros, en julio de 1926 el diario La Libertad abrió una suscripción popular para su sostenimiento, que fue suscrita por más de cien personas. Esto no fue suficiente y finalmente el servicio desapareció en octubre de 1926.

En ese año la compañía ya disponía de una importante flota para prestar sus servicios: 8 ómnibus de 50 HP, Dion Bouton; 2 más de 35 HP de la misma marca; 4 ómnibus Hispano Suiza de 40 HP; 2 ómnibus Fiat 35 HP; 1 autobús de la misma marca y potencia; una camioneta Ford para el servicio de Correos y 2 coches de turismo.

RECOMPENSADO POR LA COMPAÑIA

La Diputación Foral de Álava, con competencia exclusiva por sus fueros en materia de carreteras, disponía de una plantilla de camineros distribuidos a lo largo del territorio, a los que se facilitaba “una caseta” para su domicilio y el de su familia. Eran los responsables de mantener en buenas condiciones la vía del “trozo” que les correspondía y facilitar ayuda, dentro de sus posibilidades, a los viajeros y vehículos que transitaban, entre ellos a los coches de línea.

Juan Arrieta Ugalde fue uno de esos camineros. Nació en Azazeta (Araba-Álava) el 26 de junio de 1879. Cuando tenía 26 años de edad consta que tenía plaza de caminero, ya que aparece en un expediente de 1905 en el que solicita su incorporación al montepio de empleados provinciales”, una especie de fondo de pensiones. En 1908 se casó con una vecina de Gujuli, Juana Oiarzabal, a quien conoció cuando trabajaba en un puesto de caminero en las proximidades.

El caminero Juan Arrieta / Archivo familia Arrieta

Según uno de sus familiares que aún vive, Juan era una persona muy responsable en su trabajo y siempre dispuesto a prestar ayuda. Esta afirmación se constata en un expediente del año 1924 que obra en el Archivo del Territorio Histórico de Álava referido a él, en el consta que se le recompensa por la ayuda prestada en la carretera Vitoria-Bilbao, a la Compañía de Automóviles de Álava.

Dice el documento resumidamente lo siguiente: “El Ingeniero Director de Carreteras comunica que el gerente de la Compañía de Automóviles de Álava le ha entregado 25 ptas., para dárselas al capataz de camineros Juan Arrieta, como gratificación por su asiduidad en el trabajo de la carretera, cuando fue caminero de Gujuli, y solicita la aprobación de esta corporación (la Diputación Foral) para entregarle esa cantidad. Se acuerda dar conformidad a lo propuesto por la Dirección de Carreteras.”

Los descendientes de Juan nos ha facilitado dos fotografías de su archivo particular en las que aparece este caminero cuando ya era capataz, vestido con el uniforme que correspondía a su puesto.

SAN CRISTOBAL

En 1920 en rey Alfonso XIII concedió a Mariano de Foronda y Gonzalez-Bravo el título nobiliario de Conde de Torre Nueva de Foronda, posteriormente Marqués de Foronda.

En 1921, la persona citada, comenzó la construcción de un palacio en la aldea alavesa de Foronda, con el añadido de otras instalaciones y jardines, para utilizarlo como su residencia principalmente en verano. Para julio de ese año ya tenía terminado el frontón descubierto anejo al palacio, instalación moderna para entonces con cancha de hormigón, con unas medidas adecuadas para disputar partidos en la modalidad de mano (35 x 10 metros), y con la adecuada orientación para que la luz solar no molestase a los pelotaris.

La finca del Marqués / D.F.A

El 10 de julio de aquel año se celebraron en la localidad las fiestas patronales en honor de San Cristóbal, a su vez patrono de los chóferes. Con tal motivo, Mariano, con el título recién estrenado, aflojó la cartera y organizó un programa de actos que pagó él mismo.

El plato fuerte de los festejos fue un partido de pelota con entrada gratuita, en la modalidad de mano por parejas, a disputar por cuatro pelotaris profesionales, que eran los fenómenos del momento.

Dada la expectación para presenciarlo, la CAA, con el fin de obtener un ingreso extra, estableció un servicio para poder asistir al partido con salida desde la calle Dato. Dos ómnibus, con el fin de que la gente llegara a Foronda con tiempo suficiente, realizaron repetidos viajes, y otros dos automóviles transportaron a los aficionados, tras finalizar los partidos disputados en el Frontón Vitoriano. El importe de ida y vuelta era de 2,50 pesetas.

Se transportó un importante número de pelotazales y tuvieron que colocarse en la contracancha unas 500 sillas para los espectadores, que resultaron ser insuficientes, para la gran masa de aficionados. En la tribuna principal se encontraban, además del anfitrión, el alcalde de Vitoria, Herminio Madinabetia. y el presidente de la Diputación, el señor Unda.

Después de repetidos ruegos por parte de los espectadores, se permitieron las apuestas, con la condición de que el seis por ciento de aquellas se destinara a la junta local de caridad.

A las seis y cuarto de la tarde dio comienzo el partido entre Fernández I-Mondragones y Txortena-Etxabe II. Txortena había jugado una hora antes otro partido en el Frontón Vitoriano, y a pesar de ello resultó ser el má destacado del choque. El periodista del diario Heraldo Alavés, encargado de cubrir el acto escribió sobre el: “Este hombre debe estar formado de roca viva, con flejes de acero.”

los pelotaris profesionales Mondragones y Txortena / guregipuzkoa.eus

El partido fue disputadísimo y entusiasmó a la gente, con nueve igualadas en el tanteador, la última a 20, y ya no pasaron de ahí Txortena y su zaguero, ganado los contrarios por 22-20. Se aplaudió estrepitosamente a los cuatro, por el juego enorme que desarrollaron.

La banda militar del regimiento de Cuenca, contratada para el evento, interpretó algunos bailables al terminar el partido. Los automóviles de la CAA, se encargaron de que los aficionados vitorianos regresaran a la ciudad, estableciendo lo que hoy se denomina una lanzadera.

FESTEJOS REALES 

La Diputación contrató con la CAA un carruaje para efectuar el viaje de ida a Madrid y regreso, conduciendo a los maceros, atabaleros y una sección de miñones -policía foral de Álava que hoy pervive- que habían de asistir a las fiestas reales celebradas el 23 y 24 de enero de 1925.

Los miñones de Álava / ATHA-DAF-MIÑ-100037

El día 22 uno de los magníficos “Dion Bouton” que hacían el servicio a Bilbao por Barambio, completado por 30 hombres y carga, salió de Vitoria a las 5,30 de la madrugada e hizo una parada para el desayuno en Burgos y otra para la comida en Aranda de Duero, presentándose a las seis de la tarde en la villa y corte.

El día 25 regresó con la “misma rapidez y facilidad”, haciendo el largo recorrido de 355 kilómetros en once horas de marcha efectiva.

Los expedicionarios elogiaron la comodidad con que habían hecho el viaje de ida y regreso, asegurando que “las condiciones del mismo son tan excelentes que no dudarían en elegir este medio, entre el y el tren. Eso de parar cuando se quiere y conviene, para comer o estirar las piernas, siendo el amo el viajero, es mucho”.

Podríamos continuar ofreciendo más detalles sobre otros viajes, como los organizados para ver partidos del Deportivo Alavés, cuando jugaba fuera, los destinados a asistir a las corridas de toros de las fiestas patronales de ciudades cercanas, etc., pero creo que este artículo ya es demasiado extenso y no quiero aburrirles. Finalizamos con una imagen de un autobús “moderno” de CAA, obtenida en un viaje a Cantabria.

Archivo del Territorio Histórico de Álava / Guereñu

(1) En la asamblea se aprobó por aclamación la lista de personas que formarían el Consejo de Administración, que era esta: Paulino Fernández de Retana, Juan José Rivacoba, José Muñoz, Sebastián Ricardo Aranegui, Manuel González Moreno, Juan Guinea, Luis Rabanera, Simón Hernández, Luis López, Lino de Sautu, Ricardo Buesa y un vocal de la Caja de Ahorros.

 

(2) En el banquete estuvieron presentes: Eduardo Artiaga, de Labastida; Inocencio Apilanez, de San Vicente de la Sonsierra; Carlos Laorden, de Elciego; Luis López Ruiz, de Leza; Vicente Enciso y Serviliano Etcheberry, de Laguardia; Faustino y Salustiano Ruiz, de Ábalos; Antonio Garrigosa, de Logroño; Domingo de Benito, de Oyón; Pablo Preciado, de Murguia; Iñigo Ruiz de Zárate, de Izarra; Félix Lera, Guillermo Elio, Policarpo González Herrero, Ricardo Buesa, Victoriano Laza, José Muñoz, Felipe Larrinoa, Ricardo y Victoriano Aranegui, todos estos de Vitoria.

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