Jueves, 22 de Abril de 2021

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Oportunidades de futuro

El economista, Ángel Tejada, recuerda que "nos estamos jugando el futuro de nuestros jóvenes y no tan jóvenes"

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Hay una sensación de pesimismo generalizado, o de resignación, que hace que muchos jóvenes tengan la sensación de que van a vivir peor que sus padres. No acabábamos de superar la crisis económica de 2008 y nos vemos inmersos en otra crisis incluso más profunda que la anterior. Y toda esta transición temporal agravada por una clase política que no está sabiendo ver las necesidades de la sociedad, inmersa en populismos absurdos que hacen mucho daño y no están demostrando el nivel deseado para liderar el proceso de desarrollo que nos hace falta.

Eso hace que la incertidumbre y la inestabilidad se instale de forma permanente en la sociedad. Situación que se agrava en aquellos que están intentando construir sus opciones de desarrollo para el futuro. Incluso hay mucha gente que no es que no vea opciones de futuro, sino que tampoco ve opciones de presente.

Los que están en edad de acceder al mercado de trabajo se encuentran con un mercado con tasas de desempleo para los jóvenes de hasta 24 años de más de un 40%. Los que están estudiando tienen que hacerlo inmersos en unos procesos educativos muy lejos de lo que debería ser óptimo y, además, ven cómo sus espacios de socialización se han reducido enormemente.

Es normal que se revelen. Es normal que estén indignados. Es normal que exijan su cuota de participación en la toma de decisiones que les afectan directamente. Pero no pueden permitir que se erijan en sus representantes todos aquellos que están aprovechando esta situación simplemente para generar más inestabilidad social como está ocurriendo desde hace días en Barcelona.

Yo también estoy indignado, asqueado de lo que veo, pero a mi no me representan los energúmenos que aprovechan las manifestaciones para destrozar establecimientos, entrar a robar o cualquiera de la barbaridades que vemos estos días en las imágenes que nos llegan de las protestas. Estas no son las formas, ni de lejos, de resolver el problema de fondo que tenemos. Y además, es vergonzoso que algunos que viven del dinero público de todos, que tienen la responsabilidad de resolver los problemas, justifiquen lo que está pasando.

Las preocupaciones por el cambio climático, las desigualdades sociales, la inestabilidad del mercado de trabajo o la igualdad de género son factores claves sobre los que hay que abanderar la necesidad de una nueva sociedad. Hay que exigir a nuestros representantes soluciones inmediatas sobre estos temas. Pero en un sistema democrático como el que tenemos hay cauces para poder hacerlo. No se puede luchar por mejorar el sistema que tenemos destruyéndolo. Algunos todavía no se han enterado de lo que son opciones alternativas a una democracia.

Efectivamente todo va a costar mucho. La indignación debe articularse para que la sociedad luche y no permita el comportamiento de nuestros políticos. Pero tenemos otros cauces para poder hacerlo. Hagámoslo entonces.

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