Lunes, 10 de Mayo de 2021

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Un trozo de la fachada de la Casa de la Camorra aparece en una obra en Cádiz

Los restos del edificio permanecen tras las paredes del Centro Municipal de Artes Escénicas de la calle Arbolí

Agujero en el pasillo del centro de Arbolí, en el que ha quedado a la vista parte de la fachada de la Casa de la Camorra

Agujero en el pasillo del centro de Arbolí, en el que ha quedado a la vista parte de la fachada de la Casa de la Camorra / Cedida

Es habitual que el pasado de Cádiz emerja en cualquier obra que se haga en el subsuelo. Más inusual es que el poderío histórico de la capital gaditana se asome al abrirse un agujero en un muro. Es lo que ha ocurrido en el centro cultural ubicado en la calle Arbolí, donde una obra menor ha permitido constatar que, tras una pared, se esconde la fachada de lo que fue la Casa de la Camorra, un edificio levantado a finales del siglo XVIII y que guarda señalados episodios de la Historia de Cádiz.

"Sobre la estructura demolida de una ópera, en 1783 se levantó allí un inmueble con un salón teatro en la planta baja y con cinco dependencias en la parte alta. Fue, desde el principio, un edificio con mucha vida social. Acogió un casino, reuniones de comerciantes internacionales, muchos músicos. Formaban mucho ruido y los vecinos la llamaron la Casa de la Camorra por ese motivo", explica el historiador Juan Antonio Vila, uno de los mayores expertos en este lugar.

Vila lleva defendiendo desde hace cinco años la necesidad de un proyecto que permita restaurar lo que queda en pie de esa Casa de la Camorra. Siempre ha defendido que tras los muros del centro de Arbolí sigue existiendo parte de la fachada de lo que fue aquel imponente inmueble. Y el tiempo, junto a una obra menor que se estaba realizando allí, le ha dado la razón. Un agujero en uno de los pasillos ha dejado al descubierto parte de esa fachada.

"Sabíamos que la fachada podía estar embutida dentro del muro del colegio Arbolí porque en los respiradores de los baños de abajo se podía ver parte de la fachada y en la azotea quedaron a la vista algunos de los capiteles", explica Vila. El hallazgo realizado esta semana ha demostrado su teoría y abre la puerta a que su deseado proyecto de restauración pueda hacerse realidad. "Encargamos un estudio que ha determinado que con 60.000 euros se podría dejar a la vista la fachada, restaurarla y poder promover sus visitas, hasta convertirla en un lugar de atractivo turístico", detalla el historiador. Defiende, además, que este proyecto es compatible con los actuales usos: un centro cultural para las artes escénicas, un centro de adultos, lugar de ensayos...

Hasta ahora el actual equipo de gobierno no había respondido a los requerimientos de Vila. Este lunes ya ha anunciado que un arqueólogo municipal acudirá al centro de Arbolí para documentar el hallazgo. Su informe determinará si el agujero se vuelve a tapar, o si se toma la decisión de promover, desde aquí, el proyecto de restauración.

Vila vive con esperanza este descubrimiento. Porque avala su teoría. Y porque permite volver a divulgar la enorme trascendencia que tuvo el edificio. "La fachada puede tener ocho metros de alto y de ancho. Contaba con cinco arcos de punta. Se pueden ver parte de los sillares de piedra que había entre los arcos, al carecer ya de las puertas de madera", amplía el historiador, quien lleva realizando visitas guiadas a este lugar desde hace tiempo.

"Fue salón-teatro, fue casino, acogió una tertulia internacional de comerciantes, reunió a cónsules de países como Suecia, Dinamarca, Holanda o Prusia. Fue sede del Ateneo y del Conservatorio. Creemos que Manuel de Falla estuvo allí. Aquí se escucharon, por primera vez, Los Duros Antiguos", recuerda Vila, al explicar que también fue sede del Círculo Modernista, presidido por el Antonio Rodríguez, el Tío de la Tiza, con lo que acogió los ensayos de su coro de carnaval Los anticuarios y, antes, de Los Espejos.

Durante la República fue Casa del Pueblo y, sin duda, por eso, el régimen franquista sentenció la Casa de la Camorra en los años 60 del siglo XX. "En 1961 se hundió un techo y se decidió derribarlo todo para construir el colegio Arbolí. Era un edificio con muchas connotaciones políticas. Aquí se hicieron barricadas y de aquí salió gente que después fue fusilada". Sin embargo, el arquitecto Antonio Sánchez Esteve prefirió conservar la fachada, aunque, por eso, se hiciera el recreo más pequeño. "La fachada está embutida en los ladrillos del colegio Arbolí", insiste Vila. Lo viene diciendo desde hace años. Y ahora un agujero por unas obras en un pasillo le ha dado la razón.

 

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