Los inhumanos
Javier Llopis, periodista

La Columna (11/03/2021) Javier Llopis, periodista
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Alcoi
Entre las escenas más tristes que nos ha dejado este primer año de pandemia figuran, por derecho propio, esas colas de ancianos a la puerta de una sucursal bancaria, soportando fríos y lluvias para poder cobrar sus pensiones en el limitado horario que les ha dejado un banco esquilmado de personal. Es la cara vergonzante de una presunta modernidad, que ha decidido ignorar la existencia de millones de ciudadanos que por edad o por falta de preparación no pueden acceder al milagro colectivo de internet.
Este trato inhumano hacia uno de los sectores más débiles de la población es una gigantesca demostración de prepotencia por parte de unas entidades, que no han tenido ningún empacho en dejar decenas de pueblos pequeños sin oficinas y sin cajeros automáticos. Todo el mundo ha hecho un esfuerzo suplementario para atenuar en lo posible los dramáticos efectos de esta crisis: desde los sanitarios a los profesores, pasando por los supermercados y por los pequeños empresarios que tienen tiendas o bares. Todo el mundo ha dado la talla en esta guerra, menos los bancos, conscientes de su infinito poder y sabedores de que al final de la película, todos tendremos que pasar por su aro.
Resulta especialmente indignante que unas instituciones que ganan cada año miles de millones con nuestra pasta no reserven ni un mínimo hueco para el factor humano. Los mismos bancos que se gastan millones en empalagosos spots publicitarios para enseñarnos su cara más humana, son capaces de enviar a un abuelete de 80 años a la calle sin dinero por que han pasado cinco minutos de las once.
Hace diez años que reventó la CAM, hija de nuestro Monte de Piedad. Es inevitable sentir nostalgia de aquellos tiempos en los que los tipos que tenían nuestro dinero nos trataban como a personas. Si la revolución tecnológica era esto, se la pueden meter por dónde les quepa.




