El espejo de la pandemia
La firma de María José Aguilar Idáñez, Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales

Cadena SER

Albacete
Se dice que hace un año cambiaron nuestras vidas. No se si será cierto.
También se decía hace un año que de esta íbamos a salir mejores. Eso estoy segura de que no es cierto.
Lo que sí es cierto es que hace un año pudimos ver de golpe y comprobar sin palitativos, el daño trágico que ocasionó recortar a lo bestia la sanidad pública, a mayor gloria de los mercaderes.
Pudimos ver el sufrimiento injusto de tantas personas que murieron, que se enfermaron por ser esenciales y que tuvieron que trabajar sin protección porque aquí, en lugar de fábricas para mascarillas, respiradores y EPIs lo que teníamos eran bares.
Seguimos sin fábricas y con bares.
Aplaudimos a los sanitarios, más para consolarnos a nosotros mismos que para reconocer su labor. Unos aplausos que pronto se vieron ahogados por las caceroladas ultras y su ira reaccionaria, que vino a polarizar y encrespar aún más todos los ánimos.
Fuimos el único país del mundo donde la oposición política y mediática aprovechó la pandemia para desestabilizar, porque nunca les importó que la ciudadanía sufriera aún más, si con eso lograban su objetivo.
Hace un año también nos dimos cuenta de que los ancianos importan una mierda en esta sociedad hipócrita que somos. Se entregaron los geriátricos a los mercaderes, se les negó a los ancianos la asistencia sanitaria, condenándoles a una muerte con dolor y en espantosa soledad.
Pero seguimos sin cambiar el modelo de atención. Tampoco hemos cambiado el modelo de gestión de las residencias.
Funcionó el confinamiento hasta el 21 de junio, día en que la incidencia era de 8 casos cada 100mil y solo hubo una muerte por COVID. Pero como entre la bolsa y la vida, decidimos "salvar el verano, la navidad y ahora la semana santa", resulta que por querer conservar la bolsa entregamos la vida, y ahora no tenemos ni la una ni la otra.
Hoy, un año después, tenemos vacunas eficaces creadas en un tiempo record. Un hito científico en la historia de la humanidad.
Pero también tenemos más cerca la tentación totalitaria.
Nos dijimos que saldríamos mejores, pero hemos salido más desiguales.
En las distancias cortas espero que hayamos aprendido a valorar los afectos, la amistad, la familia, nuestra comunidad. Sólo observo esos atisbos de esperanza.
Hace casi dos siglos Rudolf Virchow (uno de los padres de la Medicina
Social), escribió que "las epidemias son fenómenos sociales que tienen algunos aspectos médicos" y que, por tanto, "los defectos de la sociedad forman una condición necesaria para su aparición".
No creo que la pandemia nos haya hecho peores personas, solo ha sido el espejo que nos ha mostrado de golpe lo que somos.




