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Una Semana Santa diferente

La Firma de Pedro Brouilhet

"Una Semana Santa diferente", la Firma de Pedro Brouilhet

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Palencia

Este año tendremos una Semana Santa diferente. La pandemia no permite que tengamos procesiones que desfilen por nuestra ciudad y por la mayoría de los pueblos de nuestra provincia. No podremos expresar nuestras tradiciones por nuestras calles, como es lógico y recomendable, pero lo haremos con más fuerza en nuestras celebraciones y en el interior de nuestro corazón.

Seguimos apostando por nuestras raíces, por nuestras tradiciones, por recordar de dónde venimos y hacía donde vamos.

Pero no nos podemos olvidar lo que celebramos verdaderamente estos días.

A nosotros hoy, la muerte de Jesús en la cruz nos obliga a plantear la verdadera hondura de toda vida humana.

La cruz de Jesús, el dolor, la injusticia y el sufrimiento que representa, sigue hoy presente en nuestro mundo.

La vemos en tantos millones de seres humanos que padecen o mueren de hambre, de enfermedades fácilmente curables, que carecen de educación, sanidad.

En los niños que son explotados sexualmente, esclavos del trabajo o que sufren la violencia familiar, social o la guerra.

Es el dolor de las víctimas inocentes de la guerra, el terrorismo o el afán de poder y dominio.

Es la cruz de los enfermos del Coronavirus y sus familias, es la de las mujeres maltratadas o marginadas socialmente, la de tantos jóvenes sin futuro, sin ilusión y sin motivación para el estudio o el trabajo, la de los que buscan un trabajo y no lo encuentran, la de los emigrante, la de los refugiados a los que nuestros dirigentes europeos tratan con tanto desprecio.

Algunas cruces las tenemos muy cerca, en nuestro pueblo, barrio o familia. Otras más lejos. Pero es la misma cruz de Jesús que sigue siendo atravesado hoy por la injusticia y el dolor de tantos y tantos hermanos, hijos de Dios.

¿Cómo celebrar y exaltar la cruz, el dolor, el sufrimiento...?

Y es que lo que celebramos es otra cosa. Celebramos no la inmolación y la muerte, sino el amor, la cercanía y la solidaridad de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el fondo. No es el sufrimiento el que salva, sino el amor de Dios que se solidariza con los crucificados de la historia.

Por esto, seguir a Jesús crucificado, no es buscar el sufrimiento, sino saber acercarse a los que sufren, solidarizándose con ellos hasta las últimas consecuencias.

Por eso, una esperanza debe alentar nuestros corazones. A una vida crucificada, vivida con el mismo espíritu de amor, fraternidad y solidaridad con que vivió Jesús, solo le espera la resurrección.

Al lado de los crucificados hoy, debemos ser como el buen samaritano que se acerca, acoge, cura y salva. O como Simón de Cirene, que ayudó a Cristo a llevar su Cruz. ¡Cuántos buenos Cireneos ha habido en este último año en nuestra sociedad!

Hoy faltan amigos de los pobres, que luchen a su lado, reclamen la justicia y practiquen la misericordia. Y esos debemos ser los cristianos, como lo fue Jesús. Eso es celebrar la verdadera Semana Santa

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