Miércoles, 14 de Abril de 2021

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Vecinos de Lakuabizkarra ayudan a un bar del barrio a hacer frente a sus gastos en plena pandemia

Los dueños del 'Urko Taberna': "Es un acto puro de bondad, caridad y empatía"

La pareja propietaria del bar, en el barrio vitoriano de Lakua: a la izquierda, Lito; a la derecha, Zuriñe

La pareja propietaria del bar, en el barrio vitoriano de Lakua: a la izquierda, Lito; a la derecha, Zuriñe / Cadena Ser

'Urko Taberna', en realidad 'adonde Lito' es un bar de barrio, en Lakuabizkarra, que pasaba por momentos dificiles como muchos locales de hosteleria a pesar de los esfuerzos de Lito y Zuriñe, sus propietarios. La situación de pandemia, como los sucesivos cierres, el toque de queda o el límite de aforo les abocaron a una situación muy complicada.

A Lito y a Zuriñe se le caían las lágrimas cuando la comunidad de vecinos les comunicó que le eximirían de pagar los gastos fijos de la comunidad durante seis meses —desde abril hasta septiembre—, porque ellos serían quienes lo hiciesen. El motivo: poder seguir compartiendo todo lo que comparten en el bar, como la amistad, e incluso lazos familiares. Los propietarios dicen que cualquier agradecimiento se queda corto: “Es un acto puro de bondad, caridad y empatía”.

Lito dice que la comunidad de vecinos les transmitió el mensaje de “hay que ayudar, y cuando hay que arrimar el hombro, toca hacerlo —y continúa—, porque os lo merecéis”. Y es por este, y otros muchos actos, por el que Lito y Zuriñe opinan que “merece la pena levantarse de la cama cada día”.

“Tenemos que luchar por la gente del barrio, para que la gente se despierte cada la mañana con ganas de levantarse de la cama y poder disfrutar de su barrio”, aseguran los propietarios. Y, tal vez, haya sido por ese pensamiento, convertido en realidad, el que ha hecho que los vecinos de la comunidad hayan tomado la decisión de ayudar a Lito y Zuriñe por su empeño de sobrevivir a esta situación.

Zuriñe y Lito aseguran que, en el bar, todo el mundo se conoce hasta el punto de compartir alegrías e inquietudes con los demás: “Esto es como una familia. Sales de tu casa, que estás con la familia, vienes al bar, y sigues estando con la familia”. Es por esto por lo que nunca han pensado en cerrar, “sino en seguir aportando lo que pueden, por la gente del barrio”.

Los propietarios entran en el bar, a persiana bajada, a las 7 de la mañana. Sin embargo, no es hasta las 11 hasta la hora que “arranca todo”. A las 11 la gente ya va al bar a comer orejas de cerdo, torreznos, piparras o carrilleras, tentenpiés que prepara Zuriñe y sin la cual “el bar no se sostendría —y añade Lito—, ella es el pilar principal”. Por algo reza un cartel en el bar donde se lee “productos de MiZuri”

Sin ir más lejos, en veinte minutos que ha durado la entrevista, Zuriñe y Lito han saludado a más de una decena de vecinos que pasaban de largo frente al bar. Esto demuestra la cercanía con los vecinos y a los que sus clientes, autores del “Voy a donde Lito”, y que reconocen el lugar como ‘asociación’, ‘peña’ o ‘club social’, donde poder compartir lo bueno y lo malo con la gente que se relaciona en el bar.

Los clientes

Begoña dice que, cuando ella no está en la ciudad, y sus hijos tienen algún problema, siempre acuden —y podrán acudir—, 'adonde Lito y Zuriñe', porque siempre le recibirán con los brazos abiertos y "siempre les ayudan”, ha asegurado. “Y es que, si el bar está cerrado, te falta algo”, ha asegurado Begoña.

“El bar no entiende de clases, y eso es lo bonito", celebra 'el Herrero'. Dice que hay gente “de pasta”, y gente que no. Que una tarde, en el bar, puedes encontrarte con el abogado, el pintor o la música del barrio, “y todos nosotros, sin prejuicios”, dice. Begoña bromea: “Solo nos falta el cura”.

Por su parte, Chema, ha asegurado que ‘adonde Lito’ es el punto de encuentro: “Un sitio donde poder compartir, un lugar del que somos totalmente dependientes”, ha asegurado mientras se fumaba un puro.

En esta línea Herrero afirma que “la unión de la gente es elegancia”. Consolida que en el bar hay gente que no se conoce pero que “no pasa nada, porque hacemos por conocernos”. “Es la unión, como una iglesia para los cristianos”, ha afirmado.

Y es que “adonde Lito” es un bar de familia. Donde los nombres se apartan para dar paso a los apodos. Donde Begoña pasa a llamarse Itziar. Donde José María es Chema. Donde José Luis es 'el Herrero'. O donde Zuriñe es Zuri. Porque lo único realmente importante es “compartir —y añaden—, este bar es la vida”.

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