Lunes, 19 de Abril de 2021

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Juan Manuel Iranzo: "La dignidad humana es inviolable"

Desde hace 22 años este sociólogo sufre, por culpa de un accidente, una tetraplejia que le inmoviliza el cuerpo, pero no la cabeza. En su vida encarna muchos de los debates de actualidad, desde la ley de la eutanasia hasta el modelo de residencias cuestionado por la pandemia. Y en todos ellos reclama el valor de los sin valor

El sociólogo aragonés Juan Manuel Iranzo

El sociólogo aragonés Juan Manuel Iranzo / Eva Pérez Sorribes

Las sociedades, dice Juan Manuel Iranzo, se legitiman por los derechos que reconocen y estos se basan en sus principios. Los suyos quedan claros tras hablar con él.

"La dignidad humana es inviolable", asegura rotundo -- a pesar del hilo de voz que le permite la parálisis -- Juan Manuel Iranzo. Este sociólogo aragonés lleva más de dos décadas supliendo su falta de movilidad con una silla de ruedas y su necesidad de ayuda para todo, viviendo en una residencia.

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No son circunstancias fáciles, pero él reclama su igualdad pidiendo que nos sacudamos los prejuicios. "Con la silla -dice con humor- voy bastante rápido, tengo sitio preferente en los espectáculos y hasta es más fácil aparcar. Para lo demás, señala, necesito ayuda, pero nada más, esta es la única diferencia", apunta.

Iranzo lee, escribe artículos y traduce trabajos de investigación. Antes del accidente fue profesor de la Universidad Complutense en Madrid y de la Universidad pública de Navarra, pero volvió a Zaragoza tras este suceso que le cambió la vida.

El sociólogo aragonés Juan Manuel Iranzo / Eva Pérez Sorribes

Desde una residencia en el barrio del Actur de Zaragoza, pide esfuerzo para cambiar las cosas, incluido el modelo de residencias como almacén y casi cárcel. "Un lugar -describe- donde los ansióliticos son normales no es un buen lugar donde vivir" y aboga por permanecer en casa el máximo tiempo posible, con ayuda, y dejar el modelo asistencial de las residencias como último recurso.

También ve la ley de la eutanasia como un recurso para los casos más graves y más claros. Pero él pide ampliar el debate a la sociedad entera: ¿Qué modelo de sociedad tenemos -reflexiona- que nos hace sistemáticamente infelices? Y como respuesta apuesta por las relaciones sociales y recuperar la participación civil que, según él, "hemos abandonado y delegado a los partidos políticos y sindicatos".

Su apuesta personal pasa por vivir y morir consciente y poner límite al sufrimiento innecesario que resta dignidad. "Yo me siento defraudado si la única salida es la morfina".

La cabeza es su refugio y su cuerpo entero, la reserva de dignidad que reclama para todos.

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