Martes, 11 de Mayo de 2021

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El hito del municipalismo democrático

La firma de Manuel Ortiz Heras, Catedrático de Historia Contemporánea

El hito del municipalismo democrático

Cadena SER

Los Ayuntamientos democráticos son hoy instituciones consolidadas. Después de 11 elecciones municipales, ahora se cumplen 42 años de las primeras tras la dictadura. Vivimos entonces un tiempo de frenesí electoral: ya se habían celebrado dos generales y dos referéndums -Ley Para la Reforma Política en 1976 y la Constitución en 1978-. Las autonómicas llegaron más tarde, a partir de 1980. Suarez convocó las segundas elecciones generales para el 1 de marzo y relegó las municipales al 3 de abril de 1979, en una maniobra muy calculada. Por tanto, en el camino a la democracia los últimos en llegar fueron los alcaldes.

Había miedo a las municipales. Había planeado la fecha de noviembre del 77. Pero, para el poderoso sector conservador, que vivía atormentado ante la posibilidad de otro "14 de abril", finales del 77 era "muy pronto". En la memoria estaban las elecciones municipales que cambiaron el rumbo de todo un Estado en 1931. Con el riesgo real de una victoria de izquierdas en los comicios locales, a la UCD le pesaba demasiado el pasado. Aunque durante la dictadura se celebraron ocho convocatorias municipales, votar no fue sinónimo de democracia: la escasa capacidad de elección y de electores, amén de la falta de garantías y libertades básicas, por no hablar de la ilegalización de los partidos políticos, lo demuestran. Se dejaba atrás una forma de elección totalmente arbitraria. Ahora se trataba de algo revolucionario. Fue un martes, día laborable. El trabajador disfrutaba de unas horas libres para ir al colegio electoral. La Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General estableció que las municipales habrían de ser "el cuarto domingo de mayo".

La convocatoria abarcó a 26 millones y medio de españoles para elegir a 8.131 alcaldes y alcaldesas - solo habría 104, entre ellas Amparo Roldán en La Roda y Mª Carmen Nohales en Casas de Ves-, y más de 70.000 concejales. Un 62′51% votó, pero la abstención fue importante: casi diez millones no acudieron a las urnas. En las zonas rurales el miedo era todavía enorme: la gente aún pensaba que la iban a encarcelar si acudía a un mitin. También pesó la fatiga electoral acumulada.

Fue un tiempo de esperanzas e ilusiones. Las elecciones locales contribuyeron a difundir la cultura democrática ciudadana impulsada por los movimientos sociales, entre los cuales destacó el vecinal. Los resultados produjeron un notable vuelco político. Aunque la UCD siguió siendo el partido más votado, con un 30,6% en toda España, el PSOE obtuvo un 28,2%. El 13% de los comunistas posibilitó que, tras el pacto de progreso con los socialistas, las principales ciudades españolas - Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza o Málaga- fueran gobernadas por la izquierda. En Albacete la suma PSOE y PCE darían la vara de mando al joven abogado socialista Salvador Jimenez. Un gran afán de cambio era lo que pedían los ciudadanos. Y es que la estampa común que ofrecían aquellos pueblos y ciudades era la imperiosa necesidad de actuación en todos los frentes. Los ayuntamientos eran un páramo sin apenas recursos propios en los que el franquismo daba sus últimos coletazos.

No está de más recordarlo ahora.

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