Martes, 11 de Mayo de 2021

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Animales políticos y la COVID-19

La firma de Jorge Laborda Fernández, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular

Animales políticos y la COVID-19

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Al principio de la pasada Semana Santa, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, rehusó mostrar cualquier signo de arrepentimiento por no haber confinado su país a partir de finales de enero. Según él, la explosión de contagios que se temía no se produjo, porque "no lo sabemos todo" y no confinar fue la decisión correcta. Esta decisión tan correcta ha costado centenares o miles de vidas. Es cierto, no se produjo la temida explosión, pero el incendio seguía, y sigue. El país vecino ha sobrepasado el pico de ingresados en UCI de la segunda ola, ha debido cerrar la actividad docente en escuelas e institutos por un mínimo de tres semanas y ha impuesto un toque de queda a las 7:00 de la tarde, entre otras duras medidas. Es cierto que no lo sabemos todo, pero sabemos más que suficiente para comprender que ciertas decisiones salvan vidas, y ciertas otras causan muerte.

En contraste, la actual ministra de sanidad del gobierno español, Carolina Darias, reconoció también durante la Semana Santa pasada que la campaña "salvar la Navidad" fue un error. Me alegra que lo reconozca, pero hay errores que tienen consecuencias más graves que otras. Si yo cometiera un error que condujera a la muerte de miles de mis congéneres, no sé si podría vivir conmigo mismo, sinceramente, y creo que a muchas personas de bien les sucedería igual. Claro que peor aún es no cometer errores, y cometer tropelías a sabiendas de que causarán muertes para ganar un puñado de votos.

La comisión de la Organización Mundial de la Salud enviada a China a finales de enero para intentar identificar el origen del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, también publicó su informe en Semana Santa. Este no concluye nada y apunta a cuatro posibles hipótesis como origen del virus. La hipótesis que creen más probable es que sea el llamado tejón-turón chino el animal intermediario transmisor del coronavirus entre el murciélago y la especie humana. Este animal tiene un aspecto entre un tejón y una comadreja. No obstante, el informe de la OMS no deja esto nada claro, porque menciona a numerosos otros animales como potenciales intermediarios. Otras hipótesis contemplan la transmisión del virus por los alimentos que se comen por aquellas latitudes de Asia, o la transmisión a partir de animales exóticos criados en granjas. La única conclusión fiable del informe de las OMS, que tampoco descarta del todo la idea de que el virus haya podido escapar de algún laboratorio, es que será necesario seguir investigando para averiguar lo que finalmente sucedió. Qué sorpresa.

Sea como sea, tengo pocas dudas de que los mayores vectores de transmisión de la COVID-19 en la actualidad son los animales, en este caso los animales políticos. Existen numerosas especies de animales políticos que son muy beneficiosas para la Humanidad, pero hay otras muy perjudiciales. Entre estas últimas podemos mencionar especies de rapaces y de zorros, que no suelen disculparse, y también especies de asnos, burros y algún besugo, que pueden tal vez arrepentirse de sus errores. Es importante procurar identificar la buena especie de animal político antes de votar por ella. 

Una hipótesis que no he visto contemplada en ninguna parte, y que me atrevo a mencionar aquí, es que nosotros mismos seamos el animal intermediario. ¿Cómo? No me refiero a que el virus haya sido producido en un laboratorio. Resulta que años antes de que surgiera la pandemia ya se sabía que habitantes de pueblos y aldeas de China y del Sudeste Asiático, en donde abundan los murciélagos y las granjas de animales exóticos, poseen anticuerpos contra diversos coronavirus. Ester hecho es mencionado en el informe de la OMS, pero no parecen considerarlo para extraer posibles conclusiones. Sin embargo, esto indica que las infecciones de coronavirus a seres humanos ya se producían antes de la explosión pandémica y no causaban síntomas graves, al menos en esas restringidas poblaciones. Esto habría permitido al coronavirus adaptarse durante años a reproducirse bien en los humanos, una de las más sorprendentes características que este virus ya poseía cuando brotó la pandemia. Quizá un visitante a esa región que resultó contagiado, o alguien que viajó desde esa región a otra parte de China, obviamente asintomático, desencadenó la ola de contagios que finalmente causó la pandemia, al encontrarse de pronto el virus en un entorno con mucha más densidad de población y de mayor diversidad genética. Esto conduciría a que no todos los infectados fueran asintomáticos, como sucedía entre los escasos y genéticamente relacionados habitantes de las remotas aldeas, y muchos cayeran gravemente enfermos, desencadenando la pandemia. Es solo una idea.

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