Viernes, 14 de Mayo de 2021

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Enrique Domínguez Millán, periodista, poeta y difusor de la cultura de Cuenca

Este creador de programas emblemáticos de radio y televisión ha fallecido a los 94 años de edad

Enrique Domínguez Millán en 2009.

Enrique Domínguez Millán en 2009. / Paco Auñón

Enrique Domínguez Millán (Cuenca, 1927 – Madrid, 2021) falleció el 29 de abril a los 94 años de edad. Locutor, periodista, creador de programas emblemáticos en la historia de la radiodifusión española, guionista de televisión, escritor, poeta, articulista, crítico literario, pregonero, conferenciante, difusor de la cultura conquense, navegante de los siete mares, vivía en Madrid sin olvidar Cuenca ni las sensaciones que le producían la que fue siempre su ciudad. Le hemos recordado en este repotaje emitido en Hoy por Hoy Cuenca.

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Enrique Domínguez Millán comenzó su “vida pública”, dice él, “en un estudio de aquella radio pionera de Cuenca, en Radio Nacional cuando apenas tenía 15 años y estudiaba entonces Bachillerato en el viejo instituto del puente de la Trinidad”. Estudió Magisterio en Cuenca y después Derecho y Periodismo en Madrid desarrollando su gran labor profesional en la emisora pública creando programas como España en la memoria o uno de los pioneros en la radio de misterio, Enigmas. También trabajó en Televisión Española siendo el coordinador y guionista del más popular concurso juvenil en los 60 y 70, Cesta y punto. Ha conseguido prestigiosos premios como el Nacional de Radiodifusión y Televisión, en dos ocasiones, el Premio Ondas en cuatro ocasiones, la Antena de Oro o el de Popularidad del diario Pueblo. Escritor de variados registros, prosista, pregonero de actos culturales (en dos ocasiones lo fue de la Semana Santa de Cuenca), conferenciante, articulista, participó en multitud de actos relacionados con la poesía y destaca entre sus publicaciones 70 años de poesía en Cuenca, elaborado junto a Carlos de la Rica.

Estuvo casado con Acacia Uceta, también poetisa, “era una enamorada apasionada de Cuenca”, decía Domínguez Millán. “Ella no era conquense y vino aquí tras nuestro matrimonio y con el tiempo esta ciudad determinó la mayor parte de su obra, tan es así que en el resto de España se la considera conquense”. Uceta publicó dos libros dedicados a la ciudad Cuenca, roca viva y Calendario de Cuenca. Su prole continúa la labor literaria y radiofónica con su hijo Enrique, y su hija Acacia ha recibido ya sus primeros premios literarios como escritora de poemas. Pertenecía a la Real Academia de Artes y Letras Conquenses (RACAL), entidad de la que fue uno de los fundadores y primer director.

En 2009 mantuvimos una entrevista con él en Hoy por Hoy Cuenca que pueden escuchar a continuación:

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¿Recuerda cómo llegó por primera vez a un estudio de radio?

Era yo un adolescente y los estudios de Radio Nacional en Cuenca ocupaban apenas un par de habitaciones en la planta baja del palacio provincial de la Diputación. El locutor que había dejó de serlo y necesitaban encontrar a otro a toda prisa. A mí me conocían porque para entonces ya había dado varios recitales y sabían que tenía buena voz. Me propusieron incorporarme a la plantilla como locutor y así empecé. Era estudiante y tuve que compaginar la vida profesional con la académica. Las emisiones empezaban a las siete de la tarde hasta la una de la madrugada. De esta forma, estaba hasta las cuatro de la tarde en clase, después me iba a la radio y salía a la una para cenar, hacer mis deberes y así al día siguiente estar a las nueve de la mañana en el instituto. Pero recuerdo aquellos años con nostalgia porque fue la proyección mía en la sociedad conquense y donde realmente me di a conocer.

Después siguió desarrollando su labor radiofónica en Madrid, también en Radio Nacional donde ha realizado un variado abanico de programas. ¿Los recuerda todos?

Sí te diré una cosa, la primera vez que mi nombre saltó a las ondas en Madrid, como guionista fue en la SER, en Radio Madrid. Desde Cuenca aún, envié un guion, una biografía de Goya y a Antonio Calderón [creador del cuadro de actores de Radio Madrid y de los Servicios Informativos de la Cadena SER] le gustó mucho y lo puso en antena. Para mí fue una gran satisfacción.

¿Cómo se hace la buena radio?

La buena radio se hace cuando se sabe recoger el pálpito de una sociedad y devolvérselo de una manera objetiva y optimista de tal forma que se impulsen los valores que deben primar en esa sociedad. Creo que ese es el valor más trascendental que puede tener la radio, no ya en el terreno informativo, sino en el formativo, que es también una de las funciones de este medio de comunicación.

¿Cómo se ha contado desde las ondas la evolución de la sociedad española desde aquella dictadura hasta esta democracia asentada?

Creo que la radio ha tenido una importancia tremenda en la evolución de la sociedad española. En el momento tan difícil de la transición asistimos a una puesta al día de las emisoras españolas y a una eclosión de las potencialidades que existían en la sociedad y que se pusieron de manifiesto en el momento que la radio pública dejó de ser la más potente para dar cabida a los distintos grupos de opinión existentes en la sociedad española. Esto produjo una evolución en la manera de hacer radio, tanto estética como ideológica y que fue muy útil para asentar la democracia.

Quizá el programa más popular de los muchos en los que ha trabajado sea Cesta y punto (TVE). ¿Cómo lo recuerda?

Fue una experiencia muy interesante porque daba a conocer y ponía de manifiesto la existencia de una juventud estudiosa, llena de ideales y que se proyectaba sobre el futuro con una fuerza incontenible. Para muchos fue una sorpresa porque de la juventud siempre se ha pensado que aspiraba a la diversión y al goce inmediato y con aquel programa se descubrió que había unos jóvenes capaces para depositar en ellos el futuro del país.

Usted ha sido dos veces pregonero de la Semana Santa de Cuenca. También lo fue su esposa y su hijo Enrique. ¿Se han ayudado unos a otros a la hora de preparar el pregón?

No. Nos respetábamos y no nos influenciábamos unos de otros. En mi poesía y en la de Acacia hay muy poca concomitancia, ella tenía su estilo y yo tenía el mío. Y en mis hijos ocurre igual. Hemos tenido muy presente aquella frase del Conde de Buffon de que el estilo es el hombre. En el terreno artístico, aquel que no tiene un estilo propio prácticamente no es nada, será un simple imitador. Y esto creo que nos ha mantenido unidos porque no ha habido ni roces ni envidias. Todos hemos participado de alguna manera del hacer de todos pero no influyéndoles sino animándoles y creo que es lo mejor que hemos podido hacer.

¿Cómo vive usted la Semana Santa?

En Cuenca la Semana Santa es inevitable. No puede uno escabullirse de ella, domina de tal manera la ciudad que, no es que ella nos invada, sino que nosotros también la invadimos. Es una simbiosis entre la exposición pública de un fervor y la introspección de ese mismo fervor en aquellos que lo contemplan. En mi caso no he sido miembro de ninguna hermandad porque no he vivido aquí de forma permanente y porque tampoco es propio de mi forma de ser el pertenecer a organismos de este tipo, pero sí he admirado muchísimo a todas las cofradías de Cuenca la labor extraordinaria que han llevado a lo largo del tiempo, y todas ellas tienen para mí el mayor respeto y cariño.

Hablemos de las dos últimas publicaciones. Barrio Alto (editado por la RACAL) es un libro de poesía inspirado en Cuenca. ¿Qué recoge en sus páginas?

Recopilo toda la poesía mía escrita en Cuenca o sobre Cuenca y que, en cierto modo, recoge mi historial en la poesía. En él están desde mis poemas de juventud hasta los más recientes. He estado implicado en la vida de Cuenca desde que nací, aquí se inició mi carrera profesional, mi carrera literaria y aquí recibí mis primeros premios literarios, y he estado ligado a esta ciudad en la medida de lo posible. He sido muy poco amigo de publicar. Siempre he difundido mi poesía en recitales, en revistas literarias o publicaciones de distinta índole, pero faltaba recogerlas en un libro que pudiera ser mi testamento literario, mi entrega a Cuenca de todo aquello que Cuenca me había inspirado.

¿Tuvo que revolver muchos cajones de su vida para elaborar esa recopilación de poemas?

Prácticamente sí porque si no estaban en un cajón sí estaban difundidos en multitud de publicaciones y tuve que repasarlas todas.

¿Se sorprendió al releer esos poemas para hacer la selección?

Sí porque algunos pertenecen a una estética que ya uno mismo ha ido dejando atrás pero que tenía sus valores. Me di cuenta, por ejemplo, de que la poesía es algo intemporal. Creo que puede cambiar mucho la forma expresiva pero además es que interesa el contenido. Para mí la poesía no es un juego de palabras, no es una experiencia de lenguaje, no es una habilidad técnica, para mí la poesía es una emoción que nace dentro de ti o que penetra en ti desde el exterior y que tú tienes el deber de comunicar a los demás. La poesía tiene que ser comunicación. Una poesía triunfa cuando logra comunicar la emoción que el poeta ha sentido, si no es prácticamente un fracaso.

¿Se ha avergonzado de algún poema escrito tantos años atrás?

Perdona la vanidad, pero no. Encontré en todos ellos valores, porque siempre han respondido a un impulso auténtico. Es más, me sentí más joven cuando volví a leerlos.

Su último libro publicado es Sinfonía marítima (Alfonsípolis). ¿Por qué escribe un libro sobre el mar una persona que ha vivido entre Madrid y Cuenca?

El libro plasma mi admiración por el mar desde que lo descubrí allá por mi adolescencia. El mar es fascinante. Muchos escritores, y no escritores también, de tierra adentro sentimos esa fascinación, algo que los que viven en el litoral no sienten porque para ellos es algo habitual. Sin embargo para nosotros ejerce esa fascinación como todo lo que es cambiante, como las llamas de una hoguera que son capaces de absorberte, de adormecer todas las potencias del alma a excepción de la imaginación. El mar es realmente un espolique de la imaginación. Y este libro es el tributo que yo debía al mar. Raro es el año que no me acerco al mar, bien para sumergirme en él, bien para navegarlo.

¿Tiene alguna tarea pendiente?

El camino que tengo por delante no es ya muy largo y tengo muchas más tareas de las que me va a dar tiempo a realizar. A lo largo de toda mi vida profesional, el periodismo es tan absorbente que te deja poco espacio para otras manifestaciones. Esto me ha ocurrido a mí y hasta que no me he jubilado no he tenido conciencia de lo importante que es dejar alguna obra detrás, algo escrito y publicado. Cuando nosotros desaparezcamos lo único que quedará de nosotros será lo que esté impreso. Y ahora tengo tantas cosas que recopilar, un arsenal tan amplio de posibilidades que estoy seguro que no voy a poder realizarlo todo.

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