Martes, 15 de Junio de 2021

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Las canciones que vacunan de Javier Ruibal

El cantautor portuense brilla en su regreso al Teatro Falla tras la pandemia

De izquierda a derecha: Diego Villegas, Javi Ruibal, Javier Ruibal, Lucía Ruibal y José Recacha, en el Teatro Falla de Cádiz

De izquierda a derecha: Diego Villegas, Javi Ruibal, Javier Ruibal, Lucía Ruibal y José Recacha, en el Teatro Falla de Cádiz / Cadena SER

El concierto de Javier Ruibal en el Falla, el primero que ofrecía en el teatro de Cádiz desde que comenzó la pandemia de coronavirus, comenzó con una última hora. "El lunes me ponen la primera dosis de la vacuna", reveló el cantautor portuense a modo de primicia. Una buena noticia. La ciencia quiso hacer este guiño al músico, darle un empujón de esperanza, antes de desgranar ante el público gaditano las canciones de un disco, Ruibal, que es hijo de esta pandemia. Se concibió en pleno confinamiento y le ha permitido parir 13 canciones que son alegres, divertidas, emocionantes y comprometidas. Son las llaves de una reja, las ventanas que se abren en una casa cerrada, los abrazos cerrados que un virus arrebató.

El músico, ganador del Premio Nacional de las Músicas Actuales y un reciente Goya, ha explicado que su disco Ruibal, aunque nacido en pleno encierro, estaba precisamente pensado para el día después. Para cuando todo esto hubiera pasado. El concierto en el Falla ha llegado a pocas horas de que se levante el estado de alarma, "en vísperas de la libertad". 

Arrancó solo en el escenario con el vibrante homenaje que le ha dedicado a esas musas que no siempre están cuando se las llama. "Musa deme cuartelillo y yo pongo el estribillo". Después siguieron temas, aparentemente más banales, pero fruto de esas reflexiones que dio el confinamiento. "¿Qué hubiese sido de nosotros sin Internet?". A eso le canta en Amor en la red, un alegato en favor de la tecnología, una oración a favor de Internet. O también hubo sus reflexiones sobre la ciencia, en Astronomía o Física Cuántica. Sobre esta última dijo. "He estudiado más para esta canción que en todo el instituto".

Y hubo tiempo también para ponerse serios, para llamar a la conciencia con su Yo soy africano, un himno contra el racismo; para reivindicar a los que no están o hacer parábola de la cordura como en Sala de ausentes, o clamar al amor en un mundo con las bocas tapadas, como en Baile de máscaras. "Hay un embrutecimiento político que me recuerda al siglo XIV", lamentó. Por eso él canta a favor de los "ríos grandes y fraternales" y a las "olas de empatía" frente al "miedo y el dolor universal".

Ruibal se rodeó en este concierto de gente excepcional. José Recacha dominó la guitarra y Diego Villegas desplegó su virtuosismo en los instrumentos de viento, que le valieron el último Giraldillo de la Bienal de Flamenco. El poderío de ambos es incombustible. Y el Ruibal padre se rodeó de sus hijos. Javi Ruibal, a la percusión. Lucía Ruibal, al baile. Para ellos tenía, además, reservadas dos de las canciones de este disco. Dos homenajes a sus herederos que han cogido el legado de su progenitor y lo han elevado al convertirse en dos excepcionales profesionales de lo suyo. La bailaora dejó alguno de los recuerdos más intensos del concierto, con un momento culminante en el abrazo que padre e hija se dieron al terminar la bellísima composición Baila Lucía. Como si esa canción se hubiese compuesto para concluir en ese abrazo ante el público del Falla.

Ruibal también interpretó la canción Intemperie, que le hizo merecedor del Goya por la película de Benito Zambrano, y toda la banda cerró el concierto con la potente Música en Vena, una de las mejores reivindicaciones que se pueden hacer del poder de la música en estos tiempos. Las canciones, como medicina. Las melodías, como bálsamos.

El Falla pidió más y Ruibal se lo dio. Cuatro canciones más, entre ellas, Ave del paraíso o Rosa de Alejandría, que el público, en el que estaba un entusiasta alcalde de Cádiz, entonó y agradeció con una sentida ovación. El concierto finalizó y cuando las puertas del Falla se abrieron todavía era de día. El virus ha traído también estos conciertos madrugadores, que cuando terminan "todavía hay tiempo para merendar". Aquella iba a ser la última noche en estado de alarma. La víspera de la libertad. 

A la espera de que cada uno reciba sus correspondientes dosis contra el coronavirus, el público del Falla salió de allí vacunado con canciones contra otros males. Claro que la música cura. Claro que las vacunas funcionan.

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