Sábado, 25 de Septiembre de 2021

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"Mentiroso y ladrón": una asturiana pagó 3.000 euros en reformar una casa parroquial que nunca pudo alquilar

Mar Martino relata que el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, nunca la recibió para darle una explicación sobre el cambio de postura para vivir en el inmueble y asegura que la amenazaron con denunciarla por okupa

La polémica llegó hasta el Vaticano aunque el Papa Francisco evitó pronunciarse sobre el asunto

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¿Se imagina pagar por las reformas de una casa que va a alquilar y posteriormente quedarse sin vivienda y sin dinero? Es lo que le sucedió a Mar Martino en Coya. Los hechos se remontan a 2019 cuando la asturiana estaba buscando un lugar para vivir y no tener que irse de la pequeña parroquia del concejo de Piloña donde habitan 300 vecinos. El tiempo transcurrido entre la aprobación para el alquiler y el rechazo fue de cuatro meses.

Estado de los baños / M.M.

El párroco autorizó que le dieran una llave de la casa para que fuera haciendo reformas ya que según cuenta "se caía". El primer precio para entrar a vivir era de 450 euros al mes, luego 300 a lo que se sumaba que, inicialmente, las obras corrían de su bolsillo aunque "luego me lo descontaban de la renta con 100 euros al mes". Lo cierto es que notaba cosas raras ya que "llamaba al arzobispado y al preguntar por la firma del contrato siempre me decían que había mucho trabajo: primero eran las comuniones, luego el Corpus... siempre había una excusa". 

Las obras las realizó con la ayuda de su yerno que tampoco estaba muy convencido. "Me decía que estábamos gastando el poco dinero que tenía y si me fiaba del cura. ¡Cómo no me iba a fiar! Sé que son pedigüeños, pero son gente seria. Nunca pensé que me harían esto. Me siento estafada", ha reconocido. "Se confía poco en la gente porque estamos en una época en la que hay mucha envidia y con los curas sabemos que hay cosas en las grandes ciudades, pero fue un jarro de agua fría. ¿En qué mundo vivimos que ya ni de un cura te puedes fiar? Te quedas con el corazón partío, como dice la canción", ha explicado.

Estado de los techos de una de las habitaciones. / M.M.

En ese periodo de cuatro meses no solo llamó para tratar de localizar al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes. También hizo guardias en el arzobispado "durante horas, el día entero y no había manera. La junta vecinal de la parroquia recogió firmas e intentaron reunirse con él para que explicaran por qué no me alquilaban. A día de hoy, no sabemos la razón y la casa sigue en las mismas condiciones: cerrada", ha apuntado. Incluso llegaron a escribir una carta al Papa Francisco, pero la respuesta fue que era un asunto del obispo. Con todo, su pensamiento es claro: "Eso está vendido porque si hubiera un motivo lo dirían. Dan siempre la callada por respuesta porque algo malo están haciendo. Están esperando a que pase esta marabunta y ya está".

Final de obra y denuncias

Mar no ahorra calificativos para definir la actitud del arzobispado. "Son personas usureras, mentirosas y manipuladoras" mientras que, sobre el arzobispo, cree que se trata de "un ladrón de guante blanco. No tiene otro nombre". La afectada ha recordado que "sabía muy bien que yo estaba arreglando la casa parroquial porque los que viven cerca vieron que venían de vez en cuando, el ecónomo estuvo tres veces allí. ¿Por qué no me paró? Esperaron a que lo primordial estuviera acabado: solo faltaba pintar una habitación, arreglar un poco los suelos y una avería en el plato de ducha que habíamos descubierto porque calaba abajo y al ser madera había riesgo de que el baño se fuera abajo".

Detalle de las grietas en la fachada exterior de la casa. / M.M.

Sin embargo, no solo fue el amargo final, también fue amenazada. "Me dijeron que quién me mandó entrar y dije que el párroco me había dado la llave. Ahí me comunicaron que estaba denunciada y que si me ponía tonta, me iban a denunciar por okupa. Cuando fui a sacar algunas cosas de la obra ya habían cambiado la cerradura por si me había quedado con alguna llave. Tuve que pedirle el favor al párroco del momento para que viniera conmigo a sacar las cosas", ha recordado.

6.000 euros

Sin casa y con 3.000 euros que no ha vuelto a ver, hubo más problemas. Mar es la presidenta de la asociación vecinal, una mujer querida en el pueblo que vio como los vecinos se revelaban ante lo sucedido. Dicho y hecho. Solicitaron las cuentas al nuevo párroco y "vino todo chulo diciendo que debíamos dinero y los 6.000 euros que dimos para pintar la iglesia y arreglar el portón que está para caer habían desparecido". Además también han visto como les han prohibido utilizar los bajos del templo donde guardan objetos para el teatro, el catecismo o la fiesta del pueblo. "Nos mandaron una carta diciendo que teníamos 15 días para desalojarlo todo", ha concluido.

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