Emiliano, la leyenda de los Escolapios de Bilbao
El mítico jugador aprendió a jugar a baloncesto en el patio del colegio bilbaíno

Te acuerdas de...Emiliano Rodríguez
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Bilbao
Emiliano Rodríguez comenzó a practicar baloncesto en el patio del colegio de los Escolapios de Bilbao. Ahí empezó a destacar como uno de los grandes jugadores de aquella época. Emiliano se divertía como uno más de los alumnos que practicaban ese deporte a mediados de los años 50 del pasado siglo.
Nació en León pero solo vivió allí ocho meses. Cuando aún no había cumplido un año, su familia se trasladó a Bilbao. Su padre trabajaba en los ferrocarriles de vía estrecha, concretamente el que unía la capital vizcaína con la leonesa, y fue trasladado a Bilbao.
A los 19 años ya marcaba diferencias entre sus compañeros y rivales. Tanto que el equipo de referencia en Bizkaia, el Águilas, lo fichó. Fue una de las piezas claves para que el equipo bilbaíno se proclamase campeón de España de Segunda División en 1958.
Sin embargo, su proyección era tal, que ese mismo año dio un paso más. Se fue a Barcelona a jugar con el Aismalibar de Montcada i Reixac, en el que estuvo dos temporadas. No tardó mucho más en dar el salto definitivo.
Su carrera deportiva dio un salto cualitativo en 1960, cuando fichó por el Real Madrid. Por entonces, triunfaba en ese Real Madrid de las Copas de Europa de fútbol Alfredo Di Stéfano, apodado "la saeta rubia". Fue el símbolo de toda una época. Emiliano fue durante trece años un alero imprescindible. Con el Real Madrid conquistó trece veces el campeonato de liga, nueve veces el de copa y cuatro el de Europa.
En 1963 recibió el título de mejor jugador europeo del año. Así que el sobrenombre de "la saeta del baloncesto" le acompañó entre la afición madridista durante aquellos años dorados.
Paralelamente, durante cerca de veinte años, fue un jugador habitual de la selección española, con la que disputó 175 partidos y consiguió 2.834 puntos. Incluso llego a vestir en seis ocasiones la camiseta de la selección europea. Considerado un adelantado a su tiempo, por su inmejorable técnica y su velocidad, se retiró de la práctica activa del baloncesto en 1974. Veía el deporte de la canasta como si viniese de formarse en alguna universidad norteamericana. No era así. Llegaba de los Escolapios de Bilbao. Lo que aprendió para desarrollar su talento lo aprendió de la mano de Paco Díaz, su mentor.
Tras dedicarse algún tiempo a la política -fue concejal de Unión de Centro democrático (UCD) en Pozuelo de Alarcón (Madrid), y ejerció como portavoz de UCD en la Diputación Provincial de Madrid en 1981-, inició una carrera como entrenador que le llevó a dirigir el Fórum Filatélico de Valladolid en la temporada 1983-1984, pero que no tuvo continuidad.
Sí la ha tenido como embajador del Real Madrid. Emiliano ha acompañado al club en muchos de los actos que tenían que ver con la sección de baloncesto del club blanco. De hecho, sigue siendo asesor de la presidencia y de la junta directiva. Sin embargo, sigue contando, orgulloso, que fue en el Calasancio de Bilbao, donde se forjó esa estrella del baloncesto europeo.




